La gran mentira de los Suramericanos que nadie quiso ver
RESUMEN
- Terminaron los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 y el esperado derrame económico sobre el comercio de Rafaela nunca llegó en la dimensión que se había anunciado.
- R24N lo advirtió desde el comienzo, cuando buena parte del discurso público hablaba de un supuesto boom comercial que nunca estuvo garantizado.
- Deportistas, delegaciones y acompañantes estuvieron en la ciudad, pero eso no significó automáticamente que recorrieran el centro ni que gastaran dinero en los comercios locales.
- La Municipalidad de Rafaela tuvo responsabilidad al no desarrollar una estrategia mucho más agresiva para llevar a los visitantes hacia el centro de la ciudad.
- También hubo responsabilidad del comercio, porque muchos esperaron que el cliente apareciera solo, sin promociones, horarios especiales ni propuestas concretas.
Terminados los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, llega el momento que inevitablemente tenía que llegar: el de bajar del escenario, apagar las luces, guardar las banderas y empezar a mirar la realidad. Y la realidad, muchas veces, tiene la desagradable costumbre de no coincidir con los discursos oficiales ni con el entusiasmo de quienes durante semanas se dedicaron a repetir que Rafaela estaba ante una oportunidad económica extraordinaria.
Desde R24N lo dijimos desde el comienzo. No porque quisiéramos que los Juegos salieran mal, ni porque tengamos algo contra el deporte o contra la posibilidad de que Rafaela sea sede de acontecimientos importantes. Todo lo contrario. Lo dijimos porque había una pregunta que parecía que nadie quería hacerse: ¿de qué manera concreta iba a llegar el supuesto derrame económico al comercio de la ciudad?
Porque una cosa es que Rafaela reciba deportistas, entrenadores, dirigentes y familiares. Otra muy distinta es que esas personas recorran nuestras calles, entren a nuestros comercios, compren productos, consuman en nuestros restaurantes y generen un movimiento económico extraordinario. La presencia de miles de personas no garantiza por sí sola que el dinero llegue a la caja de los comerciantes. Para que eso ocurra hay que trabajar, planificar y generar las condiciones necesarias.
Y eso es justamente lo que, a nuestro entender, faltó.
Durante meses se habló de hoteles, gastronomía, turismo y comercio. Se instaló la idea de que los Juegos iban a producir una especie de lluvia de dinero sobre Rafaela. Pero ahora que terminaron, cuando ya no hay inauguraciones ni discursos y los comerciantes pueden mirar sus números con mayor tranquilidad, aparece una realidad bastante diferente: el gran derrame económico que durante meses se anunció para el comercio de Rafaela, finalmente nunca llegó en la magnitud que se esperaba.
Y esto no significa que nadie haya vendido. Seguramente hubo sectores que se beneficiaron y comercios que aprovecharon la oportunidad. Pero una cosa es eso y otra muy diferente es hablar de un gran impacto generalizado sobre el comercio de la ciudad. Muchos comerciantes terminaron esperando un movimiento que nunca apareció.
Acá es donde tenemos que empezar a repartir responsabilidades.
La Municipalidad de Rafaela tiene una parte importante de la responsabilidad porque los Juegos fueron pensados fundamentalmente alrededor de los escenarios deportivos. Se trabajó sobre los estadios, las competencias, la logística y todo aquello que hacía falta para que los deportistas pudieran competir. Pero faltó algo esencial: pensar los Juegos desde la perspectiva de la ciudad y no solamente desde la perspectiva de los escenarios deportivos.
¿Qué hubiera pasado si durante esos días se hubiera organizado una verdadera estrategia para llevar a los visitantes al centro? ¿Qué hubiera pasado con recorridos turísticos, bicicleteadas, desfiles de las delegaciones, actividades culturales, promociones comerciales, espectáculos callejeros, horarios especiales y circuitos gastronómicos? ¿Qué hubiera pasado si cada delegación hubiera recibido una propuesta concreta para conocer Rafaela y consumir en sus comercios?
Probablemente el resultado habría sido diferente.
No hacía falta inventar nada extraordinario. Había que tener imaginación y, sobre todo, gestión. Si se sabía que iban a llegar delegaciones de distintos países, había que aprovechar esa oportunidad. Había que sacar a los visitantes de los estadios y llevarlos a la ciudad. Había que conseguir que el centro se transformara en una extensión de los Juegos.
Pero eso no ocurrió con la intensidad necesaria.
Los Juegos se organizaron alrededor de los estadios, pero no alrededor de Rafaela. Y esa diferencia es fundamental cuando después se pretende medir el impacto económico.
Ahora bien, tampoco sería justo descargar toda la responsabilidad sobre el intendente Leonardo Viotti y su equipo. Porque también hay que decir algo que quizás a algunos comerciantes no les guste escuchar: el cliente no aparece porque sí.
El comercio también tiene que salir a buscarlo.
Si un comerciante sabe que durante dos semanas tendrá en su ciudad a miles de personas de distintos lugares, tiene que preguntarse qué puede hacer para venderles. Tiene que pensar promociones, descuentos, horarios, vidrieras, productos especiales, publicidad y propuestas. Tiene que organizarse con otros comerciantes. Tiene que aprovechar la oportunidad.
No puede quedarse detrás del mostrador esperando que la delegación pase casualmente por la puerta.
Y mucho menos puede mantener exactamente los mismos horarios y las mismas estrategias de cualquier semana del año y después preguntarse por qué las ventas no aumentaron.
Porque seamos sinceros: si un deportista tenía una tarde libre y quería recorrer Rafaela, pero llegaba al centro cuando muchos comercios ya estaban cerrando, la oportunidad se perdía. Si una familia quería comprar algo y no encontraba promociones, probablemente compraba en otro lado. Y si nadie le explicaba a un visitante qué podía conocer o dónde podía consumir, era bastante probable que se quedara dentro del circuito de los Juegos.
Una oportunidad comercial no se aprovecha esperando. Se aprovecha trabajando.
Por eso hablamos de responsabilidades compartidas.
La Municipalidad debió hacer mucho más para llevar a los visitantes hacia el centro. Y los comerciantes también debieron prepararse mejor para recibirlos. Uno no puede mirar solamente al otro y decir “la culpa fue tuya”. Acá hubo una oportunidad que no fue aprovechada en toda su dimensión por ninguno de los dos sectores.
Y hay una tercera cuestión que tampoco podemos dejar afuera: el papel de buena parte del periodismo local.
Durante semanas hubo un clima de triunfalismo difícil de discutir. Todo parecía extraordinario. Todo era histórico. Todo iba a generar beneficios. Se hablaba del movimiento económico que llegaría, pero pocas veces se escuchaba la pregunta más sencilla de todas: ¿cómo se iba a transformar la llegada de deportistas en ventas concretas para los comerciantes?
Desde R24N preferimos hacer esa pregunta antes de que terminaran los Juegos.
Otros eligieron esperar.
Ahora, cuando las luces se apagaron y las delegaciones se fueron, empiezan a aparecer las voces de comerciantes que reconocen que el movimiento no fue el esperado. Y entonces uno se pregunta por qué no se habló de esto durante los Juegos. ¿Por qué no se recorrieron los comercios? ¿Por qué no se preguntó cuánto estaban vendiendo? ¿Por qué no se midió el supuesto derrame económico mientras estaba ocurriendo?
Porque el periodismo no debería limitarse a contar que hubo una ceremonia, una competencia o una inauguración. También debería preguntar qué quedó después de la fiesta.
Y ahora queda lo más difícil para Viotti.
Porque los Juegos terminaron, pero los problemas de Rafaela siguen ahí. Los comercios siguen teniendo que pagar impuestos. Los vecinos siguen reclamando servicios. La ciudad sigue necesitando obras. Y los nuevos escenarios deportivos necesitan mantenimiento, seguridad y recursos.
Ahí estará el verdadero examen.
Porque organizar una fiesta es una cosa. Mantener lo construido y convertirlo en una herramienta útil para la ciudad es otra completamente diferente.
Ahora habrá que ver qué pasa con esos estadios, cuánto cuesta mantenerlos, quién los va a utilizar y de qué manera se pueden transformar en actividad permanente. Y, sobre todo, habrá que evitar que todo esto termine convirtiéndose en otro gasto que finalmente recaiga sobre los contribuyentes y comerciantes de Rafaela.
Si la Municipalidad tiene funcionarios, secretarios y asesores, llegó el momento de pedirles que hagan lo que corresponde: pensar, planificar y generar oportunidades.
No alcanza con organizar acontecimientos.
Hay que conseguir que esos acontecimientos dejen algo.
No alcanza con llenar estadios.
Hay que conseguir que la ciudad se beneficie.
No alcanza con sacarse fotografías.
Hay que demostrar resultados.
Y esto también debería servirle al comercio como una lección. No podemos seguir esperando que el cliente llegue solo. El consumo cambió, los tiempos cambiaron y la competencia cambió. Hoy hay que salir a buscar al consumidor, ofrecerle algo diferente y aprovechar cada oportunidad que aparezca.
Los Suramericanos fueron una oportunidad extraordinaria. Pero una oportunidad no significa automáticamente un resultado.
Y ahí estuvo el error.
Se confundió la posibilidad con el resultado.
Se habló de un derrame económico antes de que existiera. Se festejó el supuesto impacto antes de medirlo. Y ahora, terminados los Juegos, la realidad obliga a poner los pies sobre la tierra.
No se trata de decir que todo fue un fracaso. Sería tan equivocado como decir que todo fue un éxito económico.
Se trata de decir algo mucho más simple: el gran impacto comercial que se anunció y que muchos esperaban, no se produjo en la magnitud prometida.
Y nosotros lo dijimos antes.
Ahora ya no sirve discutir quién tuvo razón.
Sirve aprender.
Porque Rafaela seguramente volverá a recibir acontecimientos importantes. Y cuando eso ocurra, habrá que hacer las cosas de otra manera. La Municipalidad deberá pensar en toda la ciudad y no solamente en el lugar donde se desarrolla la competencia. Los comerciantes deberán asumir un papel más activo. Y los medios deberemos seguir preguntando lo que otros prefieren no preguntar.
Porque una ciudad no vive de discursos.
Vive de trabajo, de actividad económica, de consumo, de inversión y de resultados.
Los Suramericanos ya son historia.
Las delegaciones se fueron.
Los estadios quedaron.
La fiesta terminó.
Ahora comienza la parte verdaderamente difícil: demostrar para qué sirvió todo esto.
Se apagaron las luces.
Ahora, Viotti y su equipo tendrán que encender las ideas.