La Selección goleó, pero abrió un debate: ¿hasta cuándo se va a regalar su imagen?
Argentina ganó 7-0 y, desde el resultado, hay poco para cuestionar. La Selección fue ampliamente superior, convirtió siete goles y volvió a demostrar la enorme diferencia que existe entre el equipo de Lionel Scaloni y un rival de menor jerarquía. Sin embargo, la goleada no alcanza para esconder todo lo que ocurrió alrededor del partido.
La Selección volvió a jugar en el Monumental, uno de los escenarios más importantes de su historia, pero enfrente tuvo a una Burkina Faso que llegó a Buenos Aires con un plantel de urgencia y mayoritariamente Sub-23. Los problemas con el viaje, la ausencia de varios futbolistas del seleccionado mayor y la llegada de la delegación apenas unas horas antes del encuentro terminaron condicionando por completo el amistoso.
El resultado fue previsible. Argentina enfrentó a un equipo que, en esas condiciones, difícilmente podía ofrecerle una verdadera oposición. El partido terminó pareciéndose más a un entrenamiento con público que a un encuentro internacional competitivo.
Una cuestión que excede a la cancha
La pregunta, entonces, aparece casi de manera inevitable: ¿cómo se llegó hasta este punto?
Una cosa es que Argentina sea muy superior a su rival. Eso forma parte del fútbol y es consecuencia de la jerarquía que tiene la Selección. Otra muy distinta es organizar un partido internacional y terminar enfrentando a un equipo que debió recurrir a juveniles por problemas logísticos y decisiones de sus propios futbolistas.
La goleada no debería tapar esa desprolijidad.
Tampoco alcanza con argumentar que Burkina Faso aceptó jugar. Argentina ocupa otro lugar dentro del fútbol mundial. La Selección campeona del mundo necesita que sus partidos internacionales estén a la altura de lo que representa su camiseta, su historia y su vínculo con el público.
Y ese vínculo también empieza a plantear otro interrogante.
Sin Messi, el escenario cambia
Los amistosos de Argentina ya no generan el mismo impacto cuando Lionel Messi no está en cancha. El equipo puede ganar, golear y mantener su enorme superioridad, pero el interés alrededor del partido cambia.
El Monumental no presentó el clima de otras noches y el encuentro tampoco tuvo la tensión propia de un verdadero acontecimiento. La diferencia futbolística fue tan marcada que, después de los primeros minutos, la sensación de competencia prácticamente desapareció.
Eso no significa que Argentina deba jugar contra las mejores selecciones del mundo en cada fecha FIFA. Hay momentos para probar jugadores, darle minutos a los jóvenes y ensayar variantes. Pero el rival también importa.
Y mucho más cuando se juega en el Monumental y cuando el objetivo debería ser mantener viva la conexión entre la Selección y su gente.
¿Hace cuánto Argentina no juega de visitante?
Después de conquistar el Mundial de Qatar 2022, Argentina construyó una relación extraordinaria con su público. Cada partido se transformó en un acontecimiento y cada presentación de la Selección se convirtió en una oportunidad para celebrar a los campeones del mundo.
Pero también aparece una pregunta que merece ser respondida: ¿hace cuánto Argentina no juega un amistoso como visitante?
La localía permanente, los rivales de menor jerarquía y los partidos con poco en juego pueden terminar generando un efecto contraproducente. La Selección necesita seguir compitiendo, pero también necesita salir de su zona de confort.
Porque el desafío no debería ser solamente ganar. También debería ser encontrar escenarios que permitan medir al equipo, probarse ante distintos contextos y sostener la exigencia competitiva.
El riesgo de quedarse festejando Qatar 2022
Argentina no puede acostumbrarse a disputar amistosos que parezcan partidos de entrenamiento. Tampoco debería normalizar problemas de organización que terminan afectando la calidad del espectáculo.
Y mucho menos convertir las fechas FIFA en encuentros cuyo principal objetivo sea simplemente administrar cargas, probar futbolistas o, como se viene mencionando, “limpiar tarjetas”.
El problema es que mientras otras potencias ya empiezan a proyectar el próximo ciclo mundialista, Argentina corre el riesgo de seguir viviendo del recuerdo de Qatar 2022.
España, Italia y Brasil ya empiezan a mirar hacia 2030. Argentina, en cambio, todavía parece disfrutar de una y otra manera de aquella consagración.
La goleada 7-0 puede festejarse. Los siete goles están ahí y la superioridad futbolística también. Pero una victoria contundente no debería servir para ocultar una discusión mucho más profunda: qué tipo de partidos necesita jugar la Selección para seguir creciendo y cuánto vale realmente su imagen.