RAFAELA Por Carlos Zimerman

La GUR necesita armas no letales y chalecos: la seguridad no puede esperar

RESUMEN

  • La Guardia Urbana de Rafaela es uno de los primeros recursos a los que recurren los vecinos ante una situación de inseguridad.
  • Sus agentes caminan diariamente las calles y están expuestos a situaciones cada vez más complejas.
  • Resulta imprescindible que cuenten con armas no letales y chalecos antibalas como elementos de protección.
  • El Concejo Municipal debe abrir el debate sin mezclarlo con internas ni mezquindades políticas.
  • Leonardo Viotti tiene que tomar una decisión y garantizar que quienes cuidan a los vecinos también estén cuidados.

Hay discusiones que pueden esperar. Esta no.

¿Debe la Guardia Urbana de Rafaela (GUR) contar con armas no letales y chalecos antibalas? La respuesta, para quien escribe estas líneas, es definitivamente sí.

Y no porque pretendamos transformar a la GUR en una fuerza policial. Tampoco porque creamos que sus agentes deban salir a buscar delincuentes. Todo lo contrario: precisamente porque sabemos cuál es su función, entendemos que hay que dotarlos de las herramientas necesarias para cumplirla con mayor seguridad.

La realidad es bastante sencilla: los agentes de la GUR están en la calle.

Caminan, recorren, observan, intervienen, asisten, contienen y muchas veces son los primeros en llegar cuando un vecino necesita ayuda. Y cuando se habla de seguridad en Rafaela, la GUR aparece inevitablemente como uno de los primeros recursos a los que recurren los ciudadanos.

Su presencia tranquiliza.

Y eso no es poca cosa.

En una ciudad donde la preocupación por la inseguridad forma parte de la conversación cotidiana, tener agentes identificables recorriendo los barrios, las calles y los espacios públicos genera una sensación de presencia del Estado que los vecinos valoran.

Pero hay una pregunta que alguien necesariamente tiene que hacerse: ¿quién protege a quienes están encargados de protegernos?

Porque una cosa es mandar a un agente a caminar por la ciudad con una radio y otra muy distinta es hacerlo en un contexto donde nunca se sabe con qué situación puede encontrarse.

El agente de la GUR no sabe si cuando se acerca a una persona está frente a un vecino que necesita ayuda, frente a alguien alcoholizado, frente a una persona violenta o frente a alguien que eventualmente puede estar armado.

Y el agente tampoco puede saber qué va a suceder cinco minutos después.

Por eso resulta absolutamente razonable discutir la incorporación de armas no letales, siempre dentro de protocolos claros, capacitación correspondiente y bajo la normativa que corresponda.

No estamos hablando de entregar armas de fuego.

Estamos hablando de herramientas disuasivas y defensivas que permitan a un agente actuar ante determinadas situaciones sin quedar completamente indefenso.

Y junto con eso aparece otra cuestión que parece todavía más elemental: los chalecos de protección.

¿De verdad alguien puede oponerse a que un trabajador que pasa buena parte de su jornada en la calle tenga protección balística?

¿En serio vamos a discutir si un agente municipal merece tener un chaleco antibalas cuando está expuesto a situaciones que pueden derivar en un hecho violento?

Parece absurdo.

Pero justamente por eso hay que discutirlo.

La seguridad no puede convertirse en una cuestión de banderías políticas. No puede haber un concejal que vote a favor porque pertenece a un espacio y otro que vote en contra porque pertenece a otro.

Acá no debería existir oficialismo contra oposición.

Debería existir una sola pregunta: ¿qué es lo mejor para proteger a los agentes de la GUR y, en consecuencia, a los vecinos de Rafaela?

El Concejo Municipal tiene la obligación de dar ese debate. Serio, profundo, técnico y sin chicanas.

Y el intendente Leonardo Viotti también tiene que decidirse.

Porque gobernar también significa tomar decisiones cuando las circunstancias lo exigen.

Si la GUR es una herramienta fundamental de prevención y presencia urbana, entonces hay que fortalecerla. Y fortalecerla no significa solamente comprar vehículos, radios o uniformes. También significa cuidar al que está arriba del vehículo, al que camina la calle y al que pone el cuerpo todos los días.

Podemos discutir protocolos, capacitación, responsabilidades, límites legales y todo lo que sea necesario.

Lo que no podemos discutir es la necesidad de proteger a quienes están expuestos.

Porque sería una verdadera contradicción pedirle a un agente de la GUR que intervenga ante una situación de riesgo y, al mismo tiempo, mandarlo a la calle prácticamente con las manos vacías.

Los vecinos necesitan sentirse protegidos. Pero los agentes que brindan esa protección también necesitan sentirse protegidos.

Y en este tema, más allá de las diferencias políticas, debería existir una coincidencia básica.

La seguridad no es de Viotti, ni del Concejo, ni de un partido político. La seguridad es de los rafaelinos.

Y cuidar a quienes están en la calle cuidando a los rafaelinos debería ser, sencillamente, una prioridad.