RAFAELA Por Carlos Zimerman

Arreglá las calles Viotti, ya no sabemos cómo pedírtelo

Por Carlos Zimerman

RESUMEN

  • Las calles de Rafaela muestran un deterioro que ya resulta imposible ignorar.
  • Los pozos crecen, se multiplican y complican cada vez más la circulación.
  • El problema afecta a autos, motos y, sobre todo, a la seguridad de quienes transitan.
  • Los vecinos reclaman soluciones concretas mientras las explicaciones no alcanzan.
  • Y como parece que hablando no alcanza, habrá que empezar a pedírselo hasta con drones.

Hay momentos en los que uno ya no sabe cómo pedir las cosas.

Se puede reclamar. Se puede señalar el problema. Se puede mostrar el estado de las calles. Se puede hablar con funcionarios. Se pueden hacer notas periodísticas. Se puede insistir una y otra vez.

Pero cuando nada de eso parece alcanzar, habrá que buscar métodos más modernos de comunicación.

Por eso, quizás haya llegado el momento de recurrir a los drones.

No para filmar una obra terminada. No para mostrar una calle impecable. Mucho menos para hacer propaganda.

Para escribir en el cielo lo que los vecinos vienen diciendo desde hace tiempo: “Arreglá las calles, Viotti”.

Porque las calles de Rafaela están cada vez peor. Los pozos aparecen, crecen y se multiplican como si tuvieran presupuesto propio. Y mientras tanto, quienes tienen que circular todos los días deben desarrollar habilidades dignas de un piloto de rally.

Hay que esquivar uno, meterse en el otro carril, frenar, volver a esquivar y rezar para que el auto no termine haciendo un ruido extraño.

Para los motociclistas, la situación es todavía más delicada. Un pozo no es solamente una molestia: puede convertirse en una caída y una caída puede convertirse en un accidente serio.

Entonces la discusión ya no pasa solamente por cuánto cuesta reparar una cubierta, una llanta, una suspensión o un amortiguador.

La discusión es otra: ¿cuánto tiempo más puede una ciudad convivir con calles deterioradas sin que eso sea considerado un problema prioritario?

Y acá aparece la cuestión que más irrita al vecino: las explicaciones.

Siempre hay alguna explicación.

Que faltan recursos. Que hay otras prioridades. Que el deterioro viene de antes. Que se está trabajando. Que se está planificando. Que se está evaluando.

Todo muy interesante.

Pero mientras se evalúa, el pozo sigue ahí.

Y mientras se planifica, el auto sigue rompiéndose.

Y mientras se explica, la moto sigue teniendo que esquivar cráteres.

Quizás el problema sea que los funcionarios miran demasiado los expedientes y demasiado poco las calles.

Porque para saber cómo están las calles de Rafaela no hace falta contratar una consultora, hacer una encuesta ni organizar una reunión.

Alcanza con subirse a un auto y recorrer la ciudad.

Eso sí: conviene hacerlo con seguro contra todo riesgo.

La situación llegó a un punto en el que los vecinos ya no piden una ciudad de lujo. No están reclamando una autopista por cada barrio ni pavimento de mármol.

Están pidiendo algo bastante más sencillo: calles que puedan transitarse sin poner en riesgo el vehículo ni la integridad física.

Y eso, intendente Viotti, no debería ser una exigencia extraordinaria.

Por eso la imagen que acompaña esta nota quizás sea la forma más adecuada de resumir el reclamo.

Si no alcanzan las notas, los reclamos, las quejas y las fotografías de los pozos, habrá que hacer como en las grandes despedidas populares: llenar el cielo de drones.

Pero esta vez no para homenajear a nadie.

Para que desde arriba se pueda leer lo que abajo ya sabemos todos.

ARREGLÁ LAS CALLES, VIOTTI.

Porque los vecinos ya no sabemos cómo pedírtelo.

Y por las dudas, si tampoco funciona el mensaje de los drones, queda una última alternativa:

mandarle la dirección de los pozos.