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El peronismo, entre el sálvese quién pueda y las promesas de los gobernadores a Sergio Massa para entrar en el balotaje

POLÍTICA 10/09/2023 Federico Mayol*
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Javier Milei está confiado. En su entorno creen, igual que él, que en política, como en el fútbol, no hay que gritar los goles antes de que la pelota entre en el arco, pero que hay serias chances de ganar el partido en octubre o, en su defecto, liquidarlo en el balotaje de noviembre.

Dicen desde La Libertad Avanza que de los casi 11 millones de electores que no votaron en las PASO de agosto la mitad tampoco irá a participar de las generales porque ya se ausentó de las elecciones de los últimos años, y que de la otra mitad, unos 3 millones de votos podrían inclinarse por el candidato libertario, 1 millón para Sergio Massa y otro tanto para Patricia Bullrich.

Cerca del economista resaltan, además, que Milei trabaja casi a tiempo completo en su programa económico y en el paquete de reformas que prevé promover “el día 1″ si es que llega a la Casa Rosada; que, tal vez, la única preocupación, o la principal, son los movimientos sociales y “la calle” porque el ajuste que el candidato analiza propinarle a la implementación de los planes será drástico, y que hará falta una exhaustiva búsqueda de dirigentes y funcionarios para cubrir los 8.800 cargos jerárquicos que hoy se necesitan según el organigrama oficial, a pesar de que el jefe de LLA también planea un recorte brutal de la administración para bajar el gasto público.

Se trata, en definitiva, del plan de un candidato que se siente muy cerca de la Presidencia.

Para la oposición de Juntos por el Cambio, y la coalición peronista reagrupada debajo del paraguas de Unión por la Patria, el panorama es angustioso frente al fenómeno libertario que se expande y que se comió como un Pac-Man no solo a los votantes opositores, si no también a parte del peronismo, en el interior y en el Gran Buenos Aires, el corazón del electorado del PJ. “Nunca se puso acá tanta plata en obra pública, y aún así no se pudo parar la ola de Milei”, aseguró a este medio un intendente del conurbano.

El fin de semana anterior, después de la inauguración de un paso bajo nivel en San Vicente, Massa comió asado con un grupo de intendentes que, en su mayoría, propiciaron el corte de boleta. “Sé lo que es, y los entiendo, estuve donde están ustedes”, reflexionó, según trascendió, el ministro de Economía. Pero pidió “tres puntos más” a cada uno, una condición necesaria para tratar de llegar al balotaje. Massa es consciente de que su popularidad es significativamente inferior a la de los intendentes, y el temor de que la performance de las PASO se repita, o incluso empeore, en las elecciones generales está latente.

El caso San Vicente, un distrito con escasa incidencia electoral de la tercera sección electoral, es bien representativo de cómo funcionó en las primarias el corte de boleta. El intendente obtuvo el 63% de los votos; Massa, solo el 39%. La movida se replicó en todo el Gran Buenos Aires y el interior provincial. Hasta en Mercedes, el distrito de Eduardo “Wado” de Pedro, el jefe formal de la campaña, el jefe comunal buscó despegarse de la candidatura del ministro: cosechó 20 puntos más que el candidato presidencial.

Desde hace algunas semanas, en el búnker de campaña de la calle Bartolomé Mitre, Malena Galmarini tiene mucha más relevancia que el ministro del Interior. Un síntoma de estos tiempos desordenados.

Massa quiere evitar que ese “sálvese quién pueda” lo arrastre a una debacle electoral y sepulte, al menos por ahora, su intención de convertirse en uno de los jefes del peronismo, como le avisó a Cristina Kirchner en las reuniones que mantuvieron en el proceso de reconciliación, antes del 2019. “Sergio volvió y le dijo a Cristina: ‘Yo soy mi propio jefe’. Y Cristina lo entendió”, confirmó Galmarin en julio, en una entrevista con Infobae.

La ex Presidenta está desaparecida de la escena pública desde mucho antes de las PASO. Sus colaboradores insisten en que, a pesar de su silencio, está muy activa. “Aunque les duela y les moleste a muchos, Cristina Kirchner es la que hoy conduce al peronismo”, sentenció en la semana Axel Kicillof. Una señal de época, inédita para el PJ: nadie sabe quién lidera.

Que la vicepresidenta le haya sacado el cuerpo a la campaña dio lugar a innumerables interpretaciones: “Es para no opacarlo a Sergio, y darle toda la centralidad”, es la mejor intencionada. El vínculo entre el ministro-candidato y la vicepresidenta aún es bueno, y fluido. Fuentes del massismo confiaron en que Massa incluso le pidió a ella que grabara algunos videos orientados a los sectores más humildes que en las primarias optaron por Milei pero en los que la popularidad de la ex presidenta sigue intacta, y que podrían salir a la luz de un momento a otro. La información no pudo ser confirmada.

La inacción de los intendentes del conurbano bonaerense frente a la boleta de Massa tuvo su propio correlato en el interior del país, en provincias de insospechada predilección por el peronismo en las que el fenómeno libertario se esparció como una mancha de aceite una vez que la mayoría de los gobernadores se aseguraron sus territorios en elecciones desdobladas.

Frente a ese escenario, el ministro logró este fin de semana rodearse por primera vez de gobernadores, sindicalistas y hasta de Máximo Kirchner, el jefe de La Cámpora que, como su madre, le quitó el cuerpo a la campaña, a pesar de que siguió con especial interés Quilmes y Hurlingham, sus distritos preferidos del Gran Buenos Aires. Martín Insaurralde, su socio bonaerense, un actor de peso del conurbano, atravesado por desencuentros personales, también se alejó de la escena pública.

Según resaltaron, los gobernadores le prometieron a Massa trabajar lo que no trabajaron para las PASO. Trascendió, por ejemplo, que varios de ellos identificaron y fueron en busca de los empleados estatales que no fueron a votar en las primarias y que deberían inclinarse por el oficialismo por el comportamiento electoral de esos electores en las últimas elecciones, y por esa fascinación de los jefes provinciales por sentirse dueños de la voluntad de sus votantes.

“El aparato peronista evidentemente existe, pero se verá cuál es su incidencia real”, analizó ante este medio un cercano colaborador de Milei que estudia el humor social.

En ese sentido, Massa encabezó este sábado un multitudinario acto en Tucumán, la provincia en la que Osvaldo Jaldo y Juan Manzur arrasaron en junio con el 55% de los votos frente a un escuálido 32% del candidato presidencial de agosto, que cayó derrotado frente a Milei.

Manzur, que en su época de jefe de Gabinete se quejó sistemáticamente de las “operaciones” de Massa para -según él- desgastarlo, y cuyo fallido proyecto de postulante a vicepresidente junto a De Pedro duró tan solo 24 horas por el notable esfuerzo del ministro de Economía para quedarse con la candidatura presidencial, juró que ahora sí se abocaría personalmente a la campaña de UP para que el candidato se meta en el balotaje.

En un mes y medio se sabrá la verdad.

 

 

* Para www.infobae.com

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