La razón política por la que Milei no quiere devaluar

POLÍTICA 30/06/2024 Agencia 24 Noticias Agencia 24 Noticias
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Gabriel Bornoroni, jefe del bloque de La Libertad Avanza, estaba dando el discurso de cierre del debate de la ley Bases y el paquete fiscal en la Cámara de Diputados. Una música empezó a sonar desde el sector donde estaba el kirchnerismo. Tuvo que interceder Martín Menem para pedir “un poco de respeto”, pero la música siguió sonando unos minutos.

“No era música, era la Marcha Peronista”, explicaba un diputado de la oposición dialoguista. “Nunca le diré música”, aclaró, por las dudas de que no haya quedado clara su orientación política. Ese episodio terminó siendo una muestra cabal del espíritu derrotista que vive hoy el peronismo, buscando agarrarse de alguna mística ante un escenario que se adelantaba que iba a ser de triunfo liberario.

Un triunfo que fue contundente dentro del recinto, con 147 votos positivos, y también afuera, en la Plaza del Congreso, donde la movilización fue de limitada a pobre. Dirigencia y militancia peronista se muestran desorientados ante un Javier Milei que dice y hace todo lo contrario a lo que ellos piensan (por lo menos en materia económica) y sin embargo sigue manteniendo altos niveles de aceptación social. A esta altura de la gestión se imaginaban al libertario derrotado y una movilización social contundente en su contra. Salvo la masiva marcha universitaria, el resto de las que se hicieron fueron de parte del aparato sindical o piquetero.

La mística peronista, además, está ante un problema discursivo: las críticas a la gestión de Milei terminan siendo fácilmente rebatibles. El principal rechazo de la ley Bases estaba en el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), llegando al simplismo de Máximo Kirchner de hacer referencia a las minas de Potosí, cuando fue Cristina Kirchner la que firmó un acuerdo con beneficios impositivos con Chevron para desarrollar Vaca Muerta (y en ese caso fue confidencial). Hacen hincapié en la caída del 5,1% de la actividad económica en el primer trimestre, cuando con Sergio Massa como ministro de Economía la baja fue del 5,3% en el segundo trimestre de 2023, pero sin ajuste fiscal y perdiendo reservas constantemente. Apuntan a la pérdida de los salarios cuando solo basta ver los informes del Indec a noviembre para ver que perdían frente a la inflación, y sobre todo los informales. No por nada Cristina alertaba en la gestión que la tenía como vicepresidenta por la existencia de trabajadores pobres.

Para colmo, terminaron haciendo lo que siempre criticaron y amenazaron con judicializar la sanción de la ley. Germán Martínez llegó al punto de leer el artículo 29 de la Constitución Nacional que termina hablando de “traidores a la patria” a quienes avalen la concesión de facultades extraordinarias. Parecía el espíritu de Elisa Carrió en el cuerpo del jefe del bloque kirchnerista repasando un artículo que ella citaba cada dos por tres.

Es la política
En este marco es donde Javier Milei empieza a mirar la política para tomar decisiones económicas. La negativa a devaluar el dólar oficial y, sobre todo, a salir del cepo tiene un componente económico pero sobre todo político. Lo dejaron bien claro Luis “Toto” Caputo y Santiago Bausili en la conferencia de prensa que organizaron el viernes por la tarde para, una vez sancionada la ley Bases y el paquete fiscal, empezar a marcar un sendero de certidumbre con el nuevo programa monetario.

Este programa tiene dos ejes principales. El primero es que los pasivos remunerados del Banco Central van a pasar a la órbita del Tesoro, lo que obliga al Gobierno a ser más rígido todavía con el equilibrio fiscal. En un contexto donde se espera que suba la tasa de referencia, el Tesoro va a poder pagar estos pasivos remunerados siempre y cuando mantenga el superávit fiscal.

Por otro lado, quedó claro también en la conferencia de prensa que la decisión de levantar el cepo cambiario se va a tomar una vez que esté saneado el Banco Central y no corra riesgos de tener que enfrentar una corrida cambiaria.

El Gobierno y el equipo económico se están dando un baño de realidad. Más allá de las visiones económicas en las que coinciden Milei y Caputo con gran parte del universo de economistas, como que el cepo es una traba para el crecimiento económico, ahora entienden que levantarlo puede ser un problema en el corto o mediano plazo.

Ahí es donde empieza a jugar la política. Sabe el Gobierno que si levanta el cepo y una mayoría de los actores económicos decide dolarizar los pesos que tenga eso va a generar que el dólar se vaya para arriba y, consecuentemente, tenga impacto inflacionario.

Esa suba de precios no solo redundará en el impacto en los bolsillos de los argentinos, sobre todo de los sectores más vulnerables que son los que más sufren de inflación, sino que también rompe un contrato electoral. Ese contrato es el que hace que Javier Milei mantenga niveles altísimos de imagen pública a pesar del ajuste que está realizando. La última encuesta de Opinaia, difundida en las últimas horas, muestra que la imagen positiva de la gestión subió al 55%. A fines de mayo estaba en 52% y en abril, en 49%.

Inflación en la mira
Gran parte de los analistas coinciden en que si hay algo que sostiene la imagen de Javier Milei es que asumió prometiendo calmar la inflación y lo que se está viendo en estos primeros siete meses de gestión es que lo está logrando. No solo el Indec ya viene mostrando un sendero decreciente desde el 25% de diciembre al 4,2% de mayo, sino que incluso alguna consultora llegó a detectar deflación en la última semana de junio en bienes de la canasta básica. Es Econviews, de Miguel Kiguel, que registró un -0,1% en alimentos, perfumería y limpieza. 

Más allá de estas cifras, probablemente junio dará más que el 4,2% de mayo, impactado sobre todo por el aumento de las tarifas. Pero si se mira la inflación núcleo, que es lo que va a querer instalar el Gobierno, el proceso de desinflación estaría siguiendo un sendero decreciente.

Sin embargo, y aquí el eje de la cuestión para Javier Milei, si devalúa o si se sale del cepo y sube el dólar, el impacto inflacionario va a ser inevitable. Eso no solamente generará que después corra riesgos de espiralización, porque tendría que volver a subir tarifas o subsidios (complicando la cuestión fiscal), sino que empezaría a generar dudas en su propio electorado. La encuesta de Opinaia registró que en junio, por primera vez, la inflación dejó de ser la principal preocupación (58% la nombra entre respuestas múltiples) y fue superada por la pobreza (61%). El votante confió en las elecciones en que Milei podía bajar la inflación y ahora ve que lo está cumpliendo. Si eso se rompe lo que termina pasando es lo mismo que ya pasó con Mauricio Macri, quien había logrado bajar la inflación de 2016 a 2017 y sin embargo después el dólar se disparó y se volvió incontrolable.

El antecedente macrista
De hecho, Marcos Peña poco tiempo después de dejar el poder, en sus análisis respecto a lo que pasó en el período 2015-2019, era crítico de la decisión del gobierno de Cambiemos de haber salido del cepo de una manera tan acelerada. En ese caso, su visión también tiene que ver con una lógica política. Sostenía que uno de los errores fue que las primeras medidas fueron apuntadas a su núcleo duro de votantes, en donde se veía a la salida del cepo como algo virtuoso, y no a los votos prestados que recibieron en el balotaje que permitieron que Macri sea presidente.

Esos votos prestados fueron, justamente, los que más sufrieron después el impacto que significó la corrida cambiaria y la espiralización inflacionaria. Son los que no volvieron a acompañar a Macri en 2019, que se quedó con el 40% de núcleo duro de votante antikirchnerista. En el caso de La Libertad Avanza, los afectados por la decepción serían votantes propios, ya que la composición de su electorado atraviesa transversalmente a la sociedad. Parte de sus votantes celebrarían la salida del cepo y la devaluación, parte sufriría con mayor potencia sus efectos negativos.

La pregunta que no responde Caputo es cuándo va a dar el paso. Si la brecha se sigue estirando, la salida será también más difícil. Como así también postergar una eventual devaluación o la suba de tarifas será generar inflación futura. Esta semana, el Gobierno confirmó que no habrá quita de subsidios en julio. Según explican, es porque el equilibrio fiscal lo permite y para evitar el impacto que el frío tiene en los servicios en esta época del año. También ralentizó la suba del impuesto a los combustibles, que durante el gobierno anterior se postergó trimestre a trimestre y ahora el Ejecutivo prevé regularizarlo. Este mes, no obstante, será solo un 1%. Todavía resta actualizar un 18%, pero en Energía aclararon que “nunca se va a aumentar más que la inflación del mes”.

Esta nueva etapa de “emisión cero” seguirá teniendo como factor clave el equilibrio de las cuentas públicas. Ya no con la motosierra y licuadora con la que se empezó la gestión, sino con lo que algunos funcionarios llaman “el bisturí”. Lo planteó en estos días Felipe Núñez, asesor en Economía y director en el BICE. “El grueso del ajuste está hecho y ahora hay que pasar de la motosierra al bisturí”, describió en X (exTwitter).

La actitud de Milei y sus funcionarios, adaptando la economía a la política en un claro gesto de pragmatismo, típico del político argentino que él tanto de defenestra, se puede analizar desde una frase que el propio Presidente aplicó esta semana en una entrevista por LN+. Destacaba que la actividad económica ya había tocado fondo y ante la repregunta de que dependía de cada sector respondió: “La vida es así, la vida es heterogénea”. Curiosa frase para un ortodoxo como Javier Milei. 

con informacion de MDZOL.COM

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