El universo envejece: por qué cada vez nacen menos estrellas

CIENCIA Agencia de Noticias del Interior
5dd32870-ced9-11f0-9569-abed8c645734.jpg
  • El universo tiene 13.800 millones de años y ya superó su etapa de mayor actividad.
  • La formación de nuevas estrellas disminuye desde hace miles de millones de años.
  • Las galaxias van agotando el gas necesario para crear estrellas.
  • El telescopio James Webb identificó estrellas casi tan antiguas como el universo.
  • La expansión acelerada del cosmos reduce las condiciones para nuevos nacimientos estelares.
  • El futuro del universo apunta a un apagamiento lento y gradual.

Nada es eterno, ni siquiera el universo. Aunque la idea puede resultar difícil de asimilar, en las últimas dos décadas la astronomía comenzó a reunir indicios que apuntan en una misma dirección: el cosmos atraviesa una etapa de madurez avanzada y su capacidad para crear nuevas estrellas ya no es la que fue en sus primeros tiempos. No se trata de un colapso inminente ni de un final cercano, pero sí de un proceso lento y sostenido que marca el rumbo de la evolución cósmica.

El universo tiene, según el consenso científico, unos 13.800 millones de años. Poco después del Big Bang comenzaron a formarse las primeras estrellas, verdaderos motores químicos que dieron origen a los elementos necesarios para la aparición de planetas, galaxias y, eventualmente, de la vida. Durante miles de millones de años, el nacimiento estelar fue intenso y constante, impulsado por enormes reservas de gas y polvo que colapsaban bajo su propia gravedad.

Hoy, el panorama es distinto. Aunque el universo alberga una cantidad difícil de imaginar —al menos un septillón de estrellas, un número con 24 ceros—, los astrónomos coinciden en que la “tasa de formación estelar” está en declive. En términos simples, se siguen formando estrellas, pero a un ritmo cada vez menor.

Este fenómeno no implica que el universo se esté apagando de manera abrupta. Es, más bien, una transición natural. Las galaxias, que funcionan como verdaderas fábricas de estrellas, van agotando progresivamente el gas frío que necesitan para producir nuevas. Sin ese combustible esencial, la maquinaria cósmica comienza a desacelerarse.

La vida de una estrella, además, está marcada por un ciclo bien definido. Nace a partir del colapso de una nube de gas, brilla durante millones o miles de millones de años —según su tamaño— y finalmente muere. Las estrellas más pequeñas, como el Sol, se apagan lentamente, mientras que las más masivas terminan su vida en explosiones violentas conocidas como supernovas, que dispersan material al espacio y pueden dar origen a nuevas generaciones estelares. Sin embargo, incluso este proceso de reciclaje tiene límites.

Los datos recopilados por telescopios terrestres y espaciales muestran que el pico de formación de estrellas ocurrió hace unos 10.000 millones de años. Desde entonces, la curva descendió de manera constante. El universo ya no vive su juventud turbulenta y exuberante, sino una adultez en la que prima la estabilidad y la expansión acelerada.

El reciente hallazgo del telescopio espacial James Webb aporta una dimensión histórica a este debate. En 2025, el observatorio identificó un trío de estrellas en la Vía Láctea con una edad estimada cercana a los 13.000 millones de años. Se trata de verdaderos fósiles cósmicos, formados cuando el universo aún estaba dando sus primeros pasos. Su existencia confirma que la producción estelar fue intensa desde muy temprano y refuerza la idea de que ese período dorado quedó atrás.

A esto se suma otro factor clave: la expansión del universo. Desde hace miles de millones de años, el espacio se expande a un ritmo acelerado, empujando a las galaxias unas lejos de otras. Esta dinámica dificulta la interacción entre ellas, reduce las colisiones galácticas —que suelen disparar brotes de formación estelar— y contribuye al enfriamiento general del cosmos.

Los astrónomos estiman que, en un futuro extremadamente lejano, el universo podría entrar en una etapa conocida como “muerte térmica”, en la que la formación de nuevas estrellas será prácticamente inexistente. No habrá explosiones ni finales dramáticos, sino un apagamiento gradual, silencioso y prolongado.

Por ahora, ese destino está a una distancia inconcebible en el tiempo. Mientras tanto, el estudio del envejecimiento del universo no solo ayuda a entender su pasado y su futuro, sino también a comprender el delicado equilibrio que permitió que, durante una ventana cósmica limitada, surgieran las estrellas, los planetas y la vida misma.

ÚLTIMAS NOTICIAS
Te puede interesar
Lo más visto

PERIODISMO INDEPENDIENTE