


La interna libertaria se profundiza: Villarruel denuncia un intento de desplazarla y la Casa Rosada lo niega
POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior- La vicepresidenta denunció que el Gobierno busca su renuncia y aseguró que no dejará el cargo.
- La Casa Rosada negó cualquier plan de desplazamiento, pero cuestionó su desempeño en el Senado.
- El conflicto se remonta a los primeros meses de gestión y a la distribución de cargos.
- Las declaraciones de Luis Petri profundizaron la confrontación pública.
- En el oficialismo ya se mencionan posibles nombres para una futura fórmula presidencial.
- Ambas partes descartan una ruptura formal, aunque admiten diferencias irreconciliables.
La relación entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel volvió a tensarse en las últimas horas y dejó al descubierto una fractura que ya no se disimula. La titular del Senado aseguró públicamente que el Gobierno pretende forzar su renuncia, aunque advirtió que no abandonará el cargo. Desde la Casa Rosada desmintieron cualquier plan para desplazarla, pero endurecieron las críticas hacia su desempeño.
El detonante fue un mensaje publicado por Villarruel en la red social X, donde afirmó que “quieren mi renuncia, pero no se les va a dar” y remarcó que ejercerá su función “hasta el 10 de diciembre” con honestidad. La respuesta del entorno presidencial fue inmediata: negaron que exista una estrategia para removerla antes de 2027, pero cuestionaron que no impulse con suficiente convicción la agenda oficial en la Cámara Alta.
En Balcarce 50 sostienen que la vicepresidenta no cumple con el rol político que esperan de quien integra el binomio que ganó las elecciones. “Lo único que queremos es que haga su trabajo y defienda las políticas del Presidente en el Senado”, deslizan voces con acceso directo al despacho presidencial. Aunque aclaran que no la consideran parte del núcleo duro del Gobierno, descartan promover una salida anticipada.
El conflicto se arrastra desde los primeros días de gestión. Según sectores cercanos al Presidente, el quiebre comenzó en diciembre de 2023, cuando —afirman— Villarruel distribuyó cargos en áreas que le habían sido prometidas como parte del acuerdo interno. Desde entonces, el vínculo quedó marcado por la desconfianza y los recelos mutuos.
La tensión escaló tras el discurso de apertura del período legislativo, cuando Milei aludió a sectores “desde la oposición o el Gobierno” que, según dijo, se relamían por ocupar el sillón presidencial. Las interpretaciones no tardaron en apuntar a la vicepresidenta. Poco después, el exministro de Defensa Luis Petri fue más explícito al sugerir que Villarruel no había estado “a la altura de las circunstancias”. La titular del Senado recogió el guante y respondió públicamente, con críticas directas hacia el dirigente radical.
En el oficialismo admiten que preferirían un perfil más alineado con la conducción presidencial. Sin embargo, aseguran que la discusión no pasa por forzar su salida sino por marcar diferencias políticas. En paralelo, comienzan a circular nombres de eventuales acompañantes para una futura fórmula presidencial, entre ellos el jefe de Gabinete Manuel Adorni y la senadora Patricia Bullrich, actual titular del bloque libertario en la Cámara Alta.
Mientras tanto, las críticas se multiplican. En el entorno presidencial acusan a Villarruel de buscar protagonismo propio y de exhibir gestos de autonomía que interpretan como señales políticas. La reciente foto junto al gobernador riojano Ricardo Quintela, referente opositor, fue leída como una provocación. Desde el entorno de la vicepresidenta replican que se trata de una agenda institucional y que su función exige diálogo con todas las provincias.
La discusión también alcanzó el terreno parlamentario. Cuando se habilitaron sesiones para tratar proyectos vinculados a jubilaciones y discapacidad, sectores del oficialismo la acusaron de favorecer al kirchnerismo. Villarruel respondió que el vicepresidente no puede bloquear una sesión respaldada por mayoría sin vulnerar la división de poderes. En la Cámara Alta insisten en que su rol es institucional y no partidario.
El clima interno se enrarece con declaraciones cruzadas y desconfianza creciente. Aunque ambas partes descartan un quiebre formal, la convivencia política parece cada vez más distante. En el Gobierno reconocen que las diferencias son “irreconciliables”, pero aseguran que el mandato popular debe completarse sin sobresaltos institucionales.
Así, la interna libertaria expone un dilema: sostener la unidad formal mientras la disputa política se libra a cielo abierto. El desenlace, por ahora, permanece abierto.






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