Caos en el aire: el conflicto en Oriente Medio deja varados a miles y sacude la aviación global

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La escalada de tensiones en Oriente Medio volvió a poner en evidencia el rol estratégico de la región, no solo como eje energético mundial, sino también como una pieza clave en la conectividad aérea internacional. En las últimas semanas, decenas de miles de pasajeros quedaron varados tras la interrupción de vuelos que conectan Europa, Asia y África.

Durante más de dos décadas, aerolíneas del Golfo como Emirates, Etihad Airways y Qatar Airways se consolidaron como el puente ideal para los vuelos de larga distancia. Sin embargo, el conflicto alteró de forma abrupta esa red. El 16 de marzo, un ataque con drones obligó a Emirates a cancelar operaciones y desviar aeronaves en pleno vuelo tras incidentes en el aeropuerto de Dubái, exponiendo la fragilidad del sistema.

Antes de esta crisis, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo proyectaba que la región aportaría el 17% de las ganancias globales del sector en 2026. El crecimiento parecía imparable: pedidos millonarios de aeronaves, expansión de rutas y hubs cada vez más sofisticados, impulsados en gran parte por el desarrollo de Dubái como centro turístico y financiero global.

Hoy, ese escenario enfrenta un freno inesperado. Si bien los pasajeros en tránsito podrían regresar cuando la situación se estabilice —posiblemente incentivados por tarifas más bajas—, la incertidumbre golpea de lleno al negocio.

El impacto no se limita a las aerolíneas del Golfo. Compañías europeas que ya evitaban el espacio aéreo ruso tras la guerra en Ucrania ahora deben rediseñar nuevamente sus rutas, lo que implica trayectos más largos, mayores costos operativos y complicaciones logísticas.

A esto se suma el encarecimiento del combustible. El precio del crudo escaló hasta los 100 dólares por barril, pero el golpe más duro lo recibe el combustible de aviación, cuyo valor se disparó por problemas en el suministro. Cerca del 20% de este recurso pasa por el estratégico estrecho de Ormuz, actualmente afectado por la crisis. Como consecuencia, los precios del jet fuel se duplicaron, presionando los costos de toda la industria.

El efecto es desigual: las aerolíneas low cost, donde el combustible representa una porción mayor de los gastos, enfrentan un escenario más delicado que las compañías tradicionales. Algunas empresas, como Ryanair, International Airlines Group y Qantas, cuentan con coberturas que amortiguan el impacto a corto plazo. En contraste, otras —especialmente en Estados Unidos— quedan más expuestas a la volatilidad.

Las consecuencias ya son visibles: cancelaciones masivas, como las anunciadas por Air New Zealand, que reducirá más de mil vuelos en las próximas semanas. Sin embargo, en medio del caos también surgen oportunidades. Aerolíneas como British Airways y Lufthansa comenzaron a captar la demanda insatisfecha, incrementando frecuencias y registrando un fuerte aumento en reservas hacia destinos asiáticos.

A corto plazo, el sector aéreo global enfrenta turbulencias severas. Pero la historia reciente muestra que la demanda suele recuperarse con rapidez tras las crisis. Mientras tanto, la competencia se reorganiza y los gigantes del Golfo, por ahora en pausa, corren el riesgo de perder parte del terreno que supieron conquistar en el cielo internacional.

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