Pullaro se quiere diferenciar de Milei en cada uno de sus actos

POLÍTICA Por Jorge Levin

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El gobernador de Maximiliano Pullaro decidió esta semana profundizar una estrategia que ya no disimula: marcar distancia política y conceptual con el modelo que impulsa Javier Milei. Y lo hace con un discurso que busca instalar una idea clara: en Santa Fe hay ajuste nacional, pero contención provincial.

Ahora bien, el problema no es el diagnóstico. El problema es el relato.

Pullaro plantea que hay un Estado nacional que se retira y una provincia que cubre ese vacío con recursos propios. Lo repite en educación, en salud, en obra pública. “Lo que Nación quita, la Provincia lo da”, sintetizan sus funcionarios. Suena bien. Cierra. Pero omite un detalle central: la Provincia no genera recursos mágicamente, los recauda de los mismos contribuyentes que también sostienen al Estado nacional.

Es decir, no hay épica, hay reasignación.

La creación del Fondo Provincial de Educación Técnica, con un piso de $3.500 millones, es un ejemplo claro. Se presenta como una respuesta a la caída de fondos nacionales. Pero en el fondo, es una decisión política de gastar más en un contexto donde los recursos son finitos y la presión fiscal ya es alta.

Y ahí aparece la verdadera discusión.

Pullaro intenta construir una identidad propia bajo una consigna atractiva: “cambios sin motosierra y con sensibilidad social”. Una frase diseñada para diferenciarse de Milei, pero también para capturar a un electorado que quiere orden sin ajuste brusco. El punto es que evitar la motosierra no significa evitar el costo. Significa, en todo caso, distribuirlo de otra manera.

Porque cuando el Estado provincial decide sostener todo lo que Nación deja de financiar, no elimina el ajuste: lo traslada.

Lo mismo ocurre en salud, donde la menor llegada de insumos desde Nación obliga a reforzar el sistema con fondos propios. O en la defensa de empresas públicas como ASSA o la EPE, donde el argumento de “cuidar el Estado” convive con la necesidad de que esas estructuras no sigan siendo un agujero fiscal.

En paralelo, el gobernador muestra resultados en seguridad, uno de sus principales activos. La postal de un evento masivo en Rosario sin delitos es potente, y funciona como símbolo de una gestión que busca exhibir orden en un área históricamente crítica.

También saca pecho con la educación —más días de clases— y con la Caja de Jubilaciones, donde destaca haberes muy por encima del promedio nacional. Pero otra vez, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿cuánto cuesta sostener ese modelo en el tiempo?

Porque gobernar no es solo administrar el presente, es garantizar viabilidad futura.

El acto interministerial, bajo el lema “decisiones que le cambian la vida a la gente”, fue más que una reunión de gestión: fue una puesta en escena política para consolidar un relato propio. Un relato que busca instalar que hay una tercera vía posible entre el ajuste drástico y el gasto sin control.

El problema es que esa tercera vía todavía no cierra del todo en los números.

Pullaro quiere demostrar que se puede ser eficiente, presente y sensible al mismo tiempo. Que se puede gastar sin desbordar, sostener sin quebrar, y crecer sin ajustar.

Es una ambición legítima. Pero también es un equilibrio extremadamente frágil.

Porque en economía, como en la vida, lo que no se paga hoy, se paga mañana.

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