Golpe al bolsillo: la gasolina supera los USD 4 en EE.UU. y la guerra con Irán sacude la economía global

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El impacto del conflicto en Medio Oriente ya se siente con fuerza en la vida cotidiana de millones de personas. El precio promedio de la gasolina en Estados Unidos superó este martes los 4 dólares por galón por primera vez en casi cuatro años, impulsado por la crisis energética derivada de la guerra con Irán y el bloqueo del estratégico Estrecho de Ormuz.

De acuerdo con datos de la Asociación Americana del Automóvil, el precio promedio nacional alcanzó los 4,01 dólares, un umbral que no se cruzaba desde 2022, cuando la inflación global y la guerra en Europa empujaron los valores por encima de los 5 dólares. Analistas advierten que el actual escenario podría repetir aquella escalada.

El aumento se produce en paralelo a una nueva escalada en la región. Un dron atribuido a Irán impactó un buque petrolero kuwaití en aguas de Dubái, provocando un incendio sin dejar víctimas, según informaron autoridades de Emiratos Árabes Unidos. El hecho se suma a una serie de ataques contra infraestructura energética desde el inicio del conflicto a fines de febrero.

El cierre de facto del Estrecho de Ormuz —por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo y gas mundial— desató una fuerte suba en los precios internacionales del crudo. El barril de referencia Brent cotiza en torno a los 106 dólares, con un incremento superior al 40% desde el inicio de la guerra, mientras que el WTI se mantiene por encima de los 100 dólares.

Desde Washington, el secretario de Estado Marco Rubio aseguró que el gobierno de Donald Trump evalúa distintas opciones frente a la amenaza de Teherán de controlar el paso marítimo, en lo que algunos analistas describen como una suerte de “peaje” estratégico.

El impacto no se limita a Estados Unidos. En Asia, donde la dependencia del crudo que atraviesa Ormuz es mayor, varios gobiernos comenzaron a implementar medidas de emergencia para contener el consumo energético. Según la Agencia Internacional de Energía, entre las iniciativas aparecen el impulso al trabajo remoto, subsidios y controles de precios.

Aunque Estados Unidos no enfrenta un desabastecimiento inmediato, la naturaleza global del mercado petrolero hace que cualquier interrupción se traduzca rápidamente en aumentos en los surtidores. Las subas, además, son desiguales: la Costa Oeste registra los valores más elevados del país.

El encarecimiento del combustible es solo la punta del iceberg. Economistas advierten que el aumento en los costos de transporte y producción impactará en cadena sobre los precios de alimentos y bienes de consumo, presionando aún más sobre la inflación.

El clima económico ya refleja esta tensión. Un indicador clave como el índice de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan cayó casi un 6% en marzo, alcanzando su nivel más bajo desde diciembre.

A esto se suma la dificultad para normalizar el suministro energético. Especialistas señalan que, incluso si el Estrecho de Ormuz reabre en el corto plazo, la recuperación de la cadena logística será lenta y compleja, con demoras que podrían extenderse varias semanas.

En paralelo, Donald Trump aseguró que existen avances en las negociaciones para poner fin al conflicto, aunque desde Irán desmintieron esas afirmaciones. Mientras tanto, los mercados financieros reflejan la incertidumbre: el índice S&P 500 acumula varias semanas en baja y el precio internacional del petróleo continúa en ascenso.

En un escenario atravesado por la volatilidad y la tensión geopolítica, la energía vuelve a posicionarse como el eje central de una crisis con impacto global inmediato.

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