Dellasanta aclaró todo en el Concejo, ahora los concejales deben abordar la problemática en serio y dejar la “caza de brujas”

RAFAELA R24N

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Lo que comenzó como un escándalo político montado sobre una interpretación forzada terminó desinflándose en el ámbito que corresponde: el Concejo. Allí, Fabricio Dellasanta hizo lo que debía hacer desde el primer momento: aclarar, contextualizar y poner blanco sobre negro respecto de sus dichos vinculados a la tragedia de San Cristóbal.

Y lo hizo dos veces. Primero en R24N, y luego frente a sus pares. Sin rodeos, sin especulaciones, sin aprovechar el dolor ajeno para sacar ventaja política.

“Quedó claro que no hubo intención de minimizar la tragedia ni de agraviar a nadie”, es la conclusión que sobrevuela tras su exposición. Sin embargo, el daño político ya estaba hecho, y no por casualidad.

Porque si algo dejó en evidencia este episodio es la velocidad con la que algunos concejales decidieron subirse a la ola de indignación, incluso antes de tomarse el tiempo de entender qué se había dicho realmente.

“Se montó un escándalo innecesario sobre una frase sacada de contexto”, podría resumir lo ocurrido en las últimas horas, en las que no faltaron comunicados grandilocuentes ni posicionamientos apresurados.

Pero lo verdaderamente preocupante no es el error —humano, político, comunicacional— sino lo que vino después: una suerte de reflejo automático de condena pública, más cercano a la caza de brujas que al ejercicio responsable de la función legislativa.

Y es ahí donde aparece el punto central.

Mientras se discutían interpretaciones, mientras se emitían comunicados, mientras se buscaban culpables, los problemas reales siguieron avanzando. La preocupación social en torno a hechos vinculados a lo ocurrido en San Cristóbal no es una abstracción: también tiene eco en la ciudad y genera una alarma creciente.

“La ciudad necesita respuestas concretas, no operaciones políticas de ocasión”, es la lectura que se impone frente a un escenario que exige seriedad.

El Concejo no puede convertirse en un tribunal de inquisición cada vez que aparece una polémica. Su rol es otro. Mucho más profundo, mucho más necesario.

Legislar. Prevenir. Anticiparse.

Lo de Dellasanta ya fue aclarado. Lo que no puede seguir esperando es el abordaje de una problemática que preocupa a los vecinos y que, si no se toma con la responsabilidad que merece, puede escalar.

Menos escándalo. Más política.

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