La morosidad vuelve a subir y golpea con fuerza a familias y fintech

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • La morosidad del crédito volvió a subir y alcanzó 6,7% en febrero
  • Los hogares registran el nivel más alto de incumplimiento en más de 20 años
  • Las fintech y billeteras virtuales concentran los mayores niveles de mora
  • Las altas tasas de interés presionan sobre la capacidad de pago
  • El deterioro es generalizado en todo el sistema financiero
  • El desafío es frenar la mora sin limitar el acceso al crédito

El deterioro en la capacidad de pago de los argentinos volvió a encender señales de alerta en el sistema financiero. Un informe reciente basado en datos de la Central de Deudores del Banco Central evidenció un nuevo aumento en los niveles de morosidad durante febrero, con un impacto particularmente marcado en los créditos destinados a hogares y, en especial, en el segmento de entidades no bancarias.

En términos generales, la irregularidad del crédito del sector privado pasó del 6,4% al 6,7% en apenas un mes, reflejando una tendencia ascendente que se consolida en lo que va del año. Sin embargo, el foco de preocupación se concentra en las familias, donde el deterioro es más profundo y sostenido. En ese segmento, la mora superó el 11%, alcanzando su nivel más alto en más de dos décadas tras encadenar dieciséis meses consecutivos de subas.

El fenómeno se desarrolla en un contexto económico que muestra contrastes. Mientras algunos sectores vinculados a la energía o la minería registran dinamismo, otros más intensivos en empleo, como el comercio o la construcción, continúan rezagados. Esta heterogeneidad impacta de manera directa en los ingresos de los hogares, que enfrentan crecientes dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras.

El escenario se vuelve aún más complejo al analizar el desempeño de las entidades no financieras, donde se concentran las fintech y las billeteras virtuales. En este segmento, la morosidad se acerca al 30%, un nivel significativamente superior al del sistema bancario tradicional. El salto registrado en febrero, con un incremento de más de dos puntos porcentuales, confirma una tendencia que preocupa por su velocidad y magnitud.

Aunque este tipo de entidades representa alrededor del 17% del total del crédito a familias, su participación ha crecido en los últimos años, amplificando el impacto del deterioro. La expansión del crédito digital permitió ampliar el acceso, pero también expuso a un segmento más vulnerable a las fluctuaciones económicas.

Uno de los factores que explica el aumento de la mora es el elevado costo del financiamiento. Las tasas de los préstamos personales se mantienen en niveles exigentes, con valores que rondan el 70% nominal anual y se acercan al 100% en términos efectivos. En el caso de las fintech, el costo financiero total suele ser aún mayor debido a la incorporación de cargos adicionales, lo que incrementa la presión sobre los ingresos de los usuarios.

A esta situación se suma el debilitamiento del poder adquisitivo y el impacto del desempleo registrado durante el último año, lo que reduce el margen de maniobra de los hogares. En muchos casos, el crédito aparece como una herramienta para sostener el consumo, pero se convierte rápidamente en una carga difícil de afrontar.

El informe también destaca que el problema no se limita a casos aislados, sino que presenta un carácter generalizado. El aumento de la morosidad se verificó en la gran mayoría de las principales entidades financieras del país, lo que confirma que se trata de un fenómeno sistémico más que de decisiones puntuales de gestión crediticia.

Dentro del ecosistema fintech, algunos casos particulares reflejan la magnitud del desafío. Determinadas plataformas registraron incrementos significativos en sus niveles de irregularidad, aunque desde las propias empresas relativizan los datos al señalar diferencias metodológicas en la contabilización de créditos incobrables. En ese sentido, advierten que la falta de aplicación de ciertos criterios contables puede sobredimensionar los indicadores de mora.

Más allá de estas aclaraciones, el consenso en el sector es que la calidad de la cartera crediticia se deterioró de manera generalizada desde mediados de 2025. Como consecuencia, las entidades comenzaron a endurecer sus políticas de otorgamiento, reduciendo la originación de nuevos préstamos y priorizando perfiles de menor riesgo.

Este ajuste genera un efecto adicional: al disminuir el ingreso de nuevos créditos en buen estado, aumenta el peso relativo de los préstamos en mora dentro del total. De este modo, el sistema entra en una dinámica que refuerza el deterioro de los indicadores.

Hacia adelante, el desafío será contener esta tendencia sin restringir completamente el acceso al crédito. La evolución de las tasas, la recuperación de los ingresos y la estabilidad del mercado laboral serán factores clave para determinar si el sistema logra revertir el escenario actual o si la morosidad continúa escalando.

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