Pullaro lidera las encuestas, pero los números piden una lectura menos triunfalista
Las encuestas son fotografías del momento. No sentencias definitivas. Y el último relevamiento de GYC Comunicaciones, que ubica al gobernador Maximiliano Pullaro al tope del ranking de imagen en Santa Fe, confirma una tendencia evidente, pero también deja al descubierto zonas grises que el oficialismo haría bien en no ignorar.
Que Pullaro tenga un 56% de imagen positiva y apenas un 23% negativa es, sin dudas, un dato fuerte. Más aún si se lo compara con el resto de los dirigentes evaluados. Incluso el presidente Javier Milei, con un liderazgo nacional indiscutido, aparece algunos puntos por detrás en aprobación dentro de la provincia. Eso habla de un gobernador que logró consolidar autoridad política, ordenar el Estado provincial y construir una narrativa de gestión clara.
Ahora bien, liderar la imagen no equivale automáticamente a liderar la satisfacción social. Y ahí es donde los mismos números del estudio obligan a frenar cualquier lectura complaciente.
Gestión aprobada, pero con reservas
El 53% de aprobación de la gestión provincial es consistente con la imagen personal del gobernador, pero el 39% de desaprobación no es menor. Es casi cuatro de cada diez santafesinos que no avalan el rumbo del gobierno, un porcentaje demasiado alto como para ser desestimado, sobre todo en un contexto económico y social complejo.
Más revelador aún es el dato sobre la situación económica y social de la provincia: apenas un 31% la considera buena o muy buena, mientras que un 36% la califica como mala o muy mala. El resto la ubica en un terreno de tibieza, indefinición o resignación. Es decir, la imagen política supera largamente a la percepción material de la realidad.
Eso suele ser una ventaja en el corto plazo, pero un riesgo en el mediano.
Seguridad: el ancla del apoyo
No sorprende que la seguridad aparezca como la política pública más valorada del gobierno, con el 31% de las menciones. Pullaro construyó su capital político sobre ese eje y, hasta ahora, la sociedad reconoce avances, especialmente en orden carcelario, control territorial y presencia del Estado.
Sin embargo, el resto de las políticas aparece bastante más diluido: obra pública (13%), educación (10%), digitalización, reducción del ausentismo. Ninguna logra aún convertirse en un segundo pilar tan sólido como la seguridad. El desafío es evidente: diversificar los logros percibidos para que el proyecto no quede atado a un solo tema.
¿Reelección? El deseo existe, pero no es cheque en blanco
El dato que entusiasma al oficialismo es claro: 53% votaría por la continuidad de la gestión frente a un 41% que optaría por un cambio. Es una base importante, sí, pero no es una mayoría aplastante. Y menos aún en un escenario donde la reforma constitucional habilita la reelección y, por lo tanto, eleva las expectativas sociales.
La reelección no se gana por imagen, se gana por resultados sostenidos en el bolsillo, en el empleo, en la calidad de vida. Y ahí aparece un dato inquietante: el 63% de los hogares dice que los ingresos alcanzan apenas, mientras que un 37% directamente no llega a fin de mes. Ese número es una advertencia política de primer orden.
El contraste con la Nación
A nivel nacional, el pesimismo es mayor: más de la mitad de los encuestados cree que la Argentina va en la dirección incorrecta. Ese contexto puede beneficiar a Pullaro en términos comparativos, pero también lo expone: gobernar bien una provincia no alcanza si el entorno nacional sigue golpeando fuerte.
Pullaro hoy lidera, sin dudas. Tiene imagen, respaldo y una oposición fragmentada. Pero los mismos números que lo favorecen también le marcan el límite: la luna de miel no es eterna y la paciencia social se mide en hechos concretos.
En síntesis, el gobernador aparece bien posicionado, pero no blindado. Las encuestas sonríen, la realidad aprieta. Y en política, tarde o temprano, siempre termina hablando la realidad.