Caputo sube el tono de la disputa con el sector textil y pone en debate el costo de vestirse en Argentina
- El ministro de Economía cuestionó el histórico proteccionismo del sector textil y celebró que empresarios admitan precios elevados.
- Los industriales atribuyen el alto costo de la indumentaria a tarifas, impuestos y gastos financieros.
- La rentabilidad del sector aparece presionada por aumentos de costos que no pueden trasladarse a precios.
- Entidades empresarias sostienen que la carga impositiva explica la mayor parte del valor final de la ropa.
- El tono y las comparaciones internacionales del Gobierno generaron malestar en la industria.
- El debate refleja una tensión más amplia sobre apertura económica, costos estructurales y modelo productivo.
Las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, volvieron a tensar la relación entre el Gobierno y la industria de la indumentaria. Con un discurso frontal, el funcionario celebró que empresarios del sector reconozcan públicamente que la ropa es cara en la Argentina y apuntó contra décadas de protección estatal que, según su visión, terminaron perjudicando a los consumidores sin generar un beneficio estructural para el país.
El pronunciamiento se dio a partir de una admisión realizada por dirigentes industriales, quienes aceptaron que los precios de la indumentaria se ubicaron históricamente por encima de los valores internacionales. Caputo consideró positivo ese reconocimiento y lo interpretó como una señal de cambio en un debate que, a su entender, estuvo durante años condicionado por argumentos defensivos vinculados al empleo y a la necesidad de cerrar la economía.
El ministro fue más allá al insistir en que el esquema proteccionista permitió que millones de argentinos pagaran prendas y calzado a valores muy superiores a los del resto del mundo. En ese marco, relativizó el impacto distributivo del modelo y sostuvo que los principales beneficiarios no fueron los trabajadores sino los propietarios de las empresas, mientras el consumo interno absorbía los costos de esa distorsión.
Desde el sector empresario, sin embargo, la respuesta fue inmediata. Industriales textiles advirtieron que la discusión sobre precios no puede escindirse de la estructura de costos que enfrenta la actividad. Subrayaron que los aumentos en tarifas de servicios públicos, transporte y logística afectan de lleno a la producción, en un contexto en el que la competencia con productos importados se intensifica y limita la posibilidad de trasladar esos incrementos al precio final.
La pérdida de rentabilidad aparece como uno de los ejes centrales del reclamo. Empresarios señalaron que, aun en un escenario de desaceleración inflacionaria, los márgenes se redujeron de forma significativa, lo que compromete la sostenibilidad de muchas firmas, en especial las pequeñas y medianas. A ese cuadro se suma la carga impositiva y financiera, que, según cálculos sectoriales, explica la mayor parte del precio que paga el consumidor en una prenda básica.
Desde las entidades que agrupan a la industria de la indumentaria detallaron que más de la mitad del valor final corresponde a impuestos nacionales, provinciales y municipales, además de costos comerciales como alquileres y financiamiento. La porción estrictamente industrial representa una fracción menor, lo que, a juicio de los empresarios, desarma la idea de que el problema radica exclusivamente en la producción local.
El tono de las declaraciones oficiales también fue motivo de crítica. Referentes del sector expresaron malestar por lo que consideraron un enfoque irónico y distante de la realidad productiva. Cuestionaron que desde el Gobierno se comparen precios locales con los de países asiáticos sin contemplar diferencias estructurales, laborales y tributarias, y reclamaron una discusión más profunda sobre las condiciones que encarecen la producción en la Argentina.
Caputo, por su parte, insistió en que la apertura y la competencia permitirán reasignar recursos hacia otras actividades, dinamizando el consumo y generando beneficios indirectos en distintos rubros. En su visión, la industria textil debería reorientarse hacia segmentos donde el país tiene ventajas, como el diseño y la producción de hilados, aprovechando la disponibilidad de materias primas y energía.
El cruce deja expuesto un debate de fondo sobre el modelo productivo y el rol del Estado. Mientras el Gobierno apuesta a disciplinar precios a través de la competencia externa, la industria reclama una agenda que ataque los costos estructurales antes de avanzar en una apertura plena. En el medio, el consumidor sigue enfrentando precios elevados, atrapado entre diagnósticos contrapuestos y una discusión que, por ahora, no encuentra síntesis.