El Gobierno apuesta a la desaceleración de la inflación y ajusta sus expectativas para el segundo semestre
- El Gobierno proyecta una desaceleración de la inflación a partir de los próximos meses
- La estrategia se basa en el menor crecimiento de los agregados monetarios
- Los datos del Banco Central muestran una contracción real de la liquidez
- Factores externos como la suba de la energía generan incertidumbre
- La reducción de subsidios presionará sobre los precios en el corto plazo
- El Ejecutivo ajusta sus expectativas y descarta una baja inmediata a niveles cercanos a cero
En medio de un escenario económico todavía atravesado por tensiones inflacionarias, el equipo que conduce el ministro de Economía, Luis Caputo, sostiene una expectativa central: que a partir de los próximos meses comience a evidenciarse una desaceleración más marcada del ritmo de suba de precios. Sin embargo, a diferencia de proyecciones anteriores, las estimaciones oficiales muestran ahora un tono más prudente respecto a la velocidad de ese proceso.
Desde el Palacio de Hacienda explican que el fundamento de esta previsión se apoya en variables monetarias. El secretario de Finanzas, Federico Furiase, planteó que los distintos indicadores que miden la cantidad de dinero en la economía se encuentran creciendo a un ritmo significativamente inferior al de la inflación, lo que, según su interpretación, anticipa una corrección a la baja en el nivel general de precios.
El argumento oficial se basa en la evolución de los agregados monetarios, es decir, las distintas formas de cuantificar la liquidez en el sistema. Desde el Gobierno sostienen que, aunque la cantidad nominal de pesos pueda aumentar, si lo hace por debajo de la inflación, el resultado será una presión descendente sobre los precios en el mediano plazo. Este enfoque se consolidó tras el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que implicó un cambio en los parámetros utilizados para monitorear la política monetaria.
Los datos recientes parecen respaldar parcialmente esta visión. Según información del Banco Central de la República Argentina, los principales agregados monetarios mostraron caídas en términos reales durante los últimos meses. En febrero, la base monetaria registró una leve contracción, mientras que otras medidas de liquidez también se ubicaron por debajo de la inflación, que en ese período se mantuvo cercana al 3% mensual.
No obstante, el escenario presenta desafíos que complejizan la dinámica desinflacionaria. Uno de los factores señalados por el propio equipo económico es el impacto de variables externas, en particular la suba de los precios internacionales de la energía. Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente introducen un elemento de incertidumbre que puede trasladarse a los costos internos, especialmente en combustibles y tarifas.
A este componente se suma la continuidad del proceso de reducción de subsidios, que implica ajustes en los precios de los servicios públicos. Estas correcciones, previstas para los próximos meses, podrían generar presiones adicionales sobre el índice de precios al consumidor, al menos en el corto plazo.
Otro aspecto que sigue de cerca el Gobierno es el comportamiento de la demanda de dinero. La confianza en el programa económico aparece como un factor clave: si los agentes económicos reducen su preferencia por mantener pesos, el proceso de desaceleración inflacionaria podría encontrar obstáculos, incluso en un contexto de restricción monetaria.
En este marco, el Poder Ejecutivo busca sostener expectativas positivas a partir de la difusión de indicadores macroeconómicos favorables, en especial aquellos vinculados al cierre del año pasado. La estrategia apunta a evitar un deterioro en la percepción general sobre la economía que pueda impactar negativamente en la demanda de moneda local.
Pese a estos esfuerzos, desde el Gobierno reconocen que el proceso de desinflación no será inmediato. Si bien se mantiene la expectativa de una tendencia descendente hacia la segunda mitad del año, las proyecciones más recientes descartan la posibilidad de alcanzar en el corto plazo niveles mensuales cercanos a cero, una meta que había sido mencionada en etapas anteriores.
De este modo, la estrategia económica combina señales de disciplina monetaria con un manejo más cauteloso de las expectativas. El desafío central radica en consolidar una baja sostenida de la inflación sin afectar la incipiente recuperación de la actividad, en un contexto donde los factores externos y la confianza interna juegan un papel determinante.