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La actividad económica crece con impulso sectorial, pero persisten las desigualdades internas

  • La actividad económica creció en enero y acumula dos meses consecutivos de mejora
  • El agro, la energía y el sector financiero lideran la expansión
  • La industria y el comercio continúan mostrando caídas en su nivel de actividad
  • El crecimiento sectorial no logra compensar la pérdida de empleo en áreas clave
  • El PBI mejora en términos agregados pero sigue rezagado en términos per cápita
  • Las proyecciones anticipan una expansión moderada y con fuerte desigualdad interna

La economía argentina inició el año con una señal positiva en términos agregados, al registrar su segunda mejora consecutiva tanto en la comparación mensual como interanual. Sin embargo, detrás de estos datos aparece un rasgo persistente: la marcada heterogeneidad entre sectores, con algunos motores dinámicos que conviven con áreas aún en retroceso.

De acuerdo con el último informe del INDEC, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) mostró en enero un crecimiento del 0,4% respecto de diciembre y del 1,9% en comparación con el mismo mes del año anterior. La mejora, si bien moderada, consolida una tendencia de recuperación que comenzó a insinuarse en los últimos meses.

El desempeño interanual estuvo fuertemente influido por el sector agropecuario, que registró una expansión significativa impulsada por una destacada campaña de trigo. Este repunte del agro volvió a posicionarse como uno de los principales motores de la actividad, acompañado por avances en energía y minería, así como en el sector financiero, que también exhibieron resultados positivos.

No obstante, el panorama general dista de ser homogéneo. En el otro extremo, sectores clave para el entramado productivo, como la industria manufacturera y el comercio, mostraron caídas en su nivel de actividad. Estas contracciones reflejan dificultades estructurales que aún no logran revertirse, en un contexto donde el consumo interno continúa debilitado.

La dinámica observada pone en evidencia una característica central del actual proceso económico: el crecimiento se apoya en un número reducido de actividades, mientras otras continúan atravesando un ciclo contractivo. Este fenómeno no solo limita la expansión general, sino que también plantea desafíos en términos de generación de empleo.

En efecto, uno de los principales interrogantes radica en la capacidad de los sectores en expansión para compensar la pérdida de puestos de trabajo en las áreas en retroceso. Hasta el momento, los datos sugieren que este equilibrio no se está alcanzando. Mientras el agro muestra una recuperación acotada en términos laborales, otras actividades dinámicas, como la intermediación financiera y la energía, no logran absorber la mano de obra desplazada.

El análisis del producto en términos históricos también aporta matices a la lectura del crecimiento. Si bien el nivel de actividad alcanzó recientemente máximos en valores absolutos, al considerar el desempeño per cápita se observa que la economía aún se ubica por debajo de picos registrados en años anteriores. Este dato refleja que la recuperación no se traduce de manera uniforme en una mejora del bienestar promedio.

Las proyecciones privadas apuntan a un crecimiento moderado para el conjunto del año, con tasas que se ubicarían por debajo del 3% anual. En este escenario, el impulso seguiría concentrado en los sectores que actualmente lideran la expansión, sin que se vislumbren motores claros para el resto de la economía.

Entre los factores que condicionan una recuperación más amplia se destaca la debilidad de la demanda interna. El poder adquisitivo de los ingresos continúa afectado, mientras que el crédito aún no logra consolidar una expansión significativa. A esto se suma un contexto de mayor apertura comercial, que introduce competencia externa y favorece el desplazamiento del consumo hacia bienes importados.

En conjunto, estos elementos configuran un escenario de recuperación parcial, donde los indicadores agregados muestran mejoras, pero la estructura productiva revela tensiones persistentes. El desafío hacia adelante será lograr una expansión más equilibrada, capaz de integrar a los sectores rezagados y generar un impacto más amplio sobre el empleo y el consumo.