La mora crece y golpea con fuerza al crédito de consumo
- La morosidad crece con fuerza en el financiamiento no bancario
- Casi la mitad de los créditos en casas de electrodomésticos presentan atrasos
- Las fintech y financieras concentran a los sectores más vulnerables
- Las tasas de interés superan ampliamente a las del sistema bancario
- Las familias muestran mayores dificultades para sostener pagos y cuotas
- Las pymes también comienzan a registrar un aumento sostenido de la mora
La expansión del crédito privado en la Argentina empieza a mostrar una contracara cada vez más visible: el fuerte crecimiento de la morosidad, especialmente entre los sectores de menores ingresos y en los financiamientos otorgados fuera del sistema bancario tradicional. Los datos más recientes revelan un deterioro sostenido en la capacidad de pago de familias y pequeñas empresas, en un contexto marcado por salarios debilitados, tasas de interés elevadas y un consumo que no logra recuperar dinamismo.
Las mayores señales de alarma aparecen en las entidades financieras no bancarias, un universo que en los últimos años ganó terreno de manera acelerada gracias al avance de las fintech, las tarjetas regionales, las cooperativas y los sistemas de financiación directa ofrecidos por comercios. Dentro de ese esquema, uno de los casos más preocupantes es el de las cadenas de electrodomésticos: casi la mitad de los préstamos otorgados por ese sector ya registra atrasos en los pagos.
Según datos oficiales del Banco Central, el índice de irregularidad en los créditos concedidos por empresas de venta de electrodomésticos alcanzó el 44,3% en febrero. Se trata de uno de los niveles más elevados dentro del sistema de financiamiento no financiero. En las fintech, en tanto, la mora se ubicó en torno al 26%, en línea con el promedio general del sector.
El crecimiento de estas entidades durante los últimos años fue exponencial. Actualmente representan cerca del 17% del crédito privado total y abarcan un universo de alrededor de 585 compañías, entre las que figuran mutuales, cooperativas, empresas de leasing, billeteras virtuales y cadenas comerciales con sistemas propios de financiación.
El fenómeno también refleja una transformación más profunda del mercado crediticio argentino. Millones de personas que quedaron fuera del sistema bancario tradicional encontraron en estas firmas una alternativa para acceder a préstamos, cuotas o tarjetas. En total, las entidades no financieras alcanzan a más de 12 millones de deudores, muchos de los cuales no poseen relación crediticia formal con bancos.
Sin embargo, esa inclusión financiera viene acompañada de mayores riesgos. Los informes privados muestran que los clientes exclusivos de estas compañías presentan niveles de mora significativamente más altos que aquellos que también operan con bancos. En otras palabras, el sistema no bancario terminó concentrando a los perfiles más vulnerables desde el punto de vista económico.
La situación se vuelve todavía más delicada por el peso de las tasas de interés. En numerosos casos, los préstamos personales ofrecidos por financieras superan el 140% nominal anual, muy por encima de las tasas promedio del sistema bancario. Aunque las tarjetas de crédito mantienen un límite regulado por el Banco Central, los costos financieros continúan siendo elevados para familias que ya llegan con dificultades al cierre de cada mes.
Las consultoras que siguen de cerca la evolución del crédito advierten que la morosidad siguió empeorando durante abril, incluso por encima de los últimos registros oficiales disponibles. Algunas estimaciones privadas indican que más del 30% de los préstamos otorgados por entidades no financieras ya presentan atrasos superiores a los 90 días.
En los bancos tradicionales, si bien el deterioro es menor, también comenzó a observarse una suba importante en los incumplimientos. La mora promedio del sistema financiero ronda el 7%, aunque entre las familias trepa al 12%, muy lejos de los niveles registrados hacia fines del año pasado. El salto es particularmente fuerte en préstamos personales y tarjetas de crédito, dos herramientas que durante meses funcionaron como sostén del consumo cotidiano.
Detrás de ese deterioro aparece un factor central: el retraso de los ingresos frente al costo del financiamiento. Aunque algunas variables macroeconómicas muestran señales de estabilización, gran parte de los hogares todavía enfrenta dificultades para recuperar capacidad de compra. Eso impacta directamente en la posibilidad de sostener cuotas, refinanciaciones y pagos mínimos.
El problema ya comenzó a extenderse también al sector productivo. Entre las empresas, la mora continúa siendo más baja que en los hogares, pero mantiene una tendencia ascendente. Las mayores complicaciones se concentran en pequeñas y medianas empresas vinculadas al comercio, la construcción y determinadas ramas industriales, especialmente aquellas más afectadas por la caída de la actividad y del consumo interno.
Incluso dentro de los segmentos considerados más sólidos financieramente empiezan a encenderse señales de preocupación. Las pymes asistidas mediante Sociedades de Garantía Recíproca, tradicionalmente asociadas a perfiles de mejor solvencia, incrementaron de manera considerable sus niveles de incumplimiento durante los últimos meses.
En ese escenario, economistas y analistas advierten sobre un círculo difícil de romper: la morosidad empuja las tasas hacia arriba y las tasas altas, a su vez, complican todavía más la capacidad de pago de familias y empresas. Mientras el crédito continúa expandiéndose, el sistema financiero empieza a convivir con un nivel de fragilidad creciente que ya se refleja en prácticamente todos los segmentos de la economía.