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La UCR atraviesa una crisis de identidad y poder tras el avance libertario

  • La llegada de La Libertad Avanza profundizó la crisis interna de la UCR
  • El radicalismo atraviesa divisiones entre sectores cercanos y críticos de Milei
  • Córdoba reflejó el deterioro electoral más fuerte del partido desde 1983
  • En varias provincias crecieron las tensiones por la conducción partidaria
  • La migración de dirigentes hacia La Libertad Avanza agravó la fragmentación interna
  • La UCR busca redefinir su identidad política frente al nuevo escenario nacional

La irrupción de La Libertad Avanza en el escenario político argentino no solo modificó el equilibrio entre oficialismo y oposición. También dejó profundas secuelas dentro de la Unión Cívica Radical, uno de los partidos históricos del sistema democrático argentino, que desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada atraviesa una crisis interna marcada por fugas de dirigentes, fracturas territoriales y fuertes disputas sobre su identidad política.

La tensión recorre prácticamente todo el país y expone dos visiones cada vez más difíciles de compatibilizar. Por un lado, sectores del radicalismo que promueven una relación pragmática con el oficialismo libertario, especialmente en provincias donde existen acuerdos legislativos o afinidades políticas. Por el otro, dirigentes que impulsan una posición de confrontación abierta con Milei y cuestionan cualquier acercamiento a La Libertad Avanza.

En el fondo de esa disputa aparece un problema más profundo: la dificultad de la UCR para reconstruir un perfil propio después de la disolución de Juntos por el Cambio y del avance libertario sobre parte de su electorado y de su dirigencia.

Uno de los casos más representativos de esa crisis se vive en Córdoba. Allí, el radicalismo sufrió en las últimas elecciones legislativas el peor resultado de su historia desde el retorno democrático de 1983. El partido quedó sin representación en el Congreso nacional por esa provincia tras obtener apenas poco más del 3% de los votos.

El resultado tuvo un fuerte impacto simbólico y político, especialmente porque Córdoba fue históricamente uno de los distritos más importantes para la UCR. La derrota dejó además expuestas las profundas divisiones internas entre sectores alineados con Rodrigo de Loredo y dirigentes críticos de la conducción partidaria provincial.

La fractura cordobesa refleja una discusión más amplia que atraviesa al radicalismo nacional: hasta qué punto acercarse al oficialismo libertario sin perder identidad política. Mientras algunos dirigentes sostienen que la sociedad reclama acuerdos y acompañamiento institucional, otros consideran que el acercamiento a Milei terminó diluyendo el perfil opositor del partido y favoreciendo el crecimiento libertario a costa del propio radicalismo.

La crisis también se expresa con fuerza en Entre Ríos. Allí, la suspensión del Congreso Provincial de la UCR profundizó las sospechas de sectores internos que denuncian maniobras para mantener alineada la conducción partidaria con la estrategia política del oficialismo provincial.

La postergación dejó en pausa una discusión clave sobre la renovación de autoridades partidarias y alimentó nuevas tensiones entre sectores que reclaman autonomía política y otros que priorizan la continuidad de acuerdos electorales y legislativos.

En Catamarca, en cambio, el radicalismo logró avanzar en un proceso interno de reorganización partidaria. La convención provincial aprobó la convocatoria a elecciones internas y emitió un documento crítico tanto hacia el gobierno provincial como hacia la administración nacional.

La conducción local busca reconstruir al partido después de las últimas derrotas electorales y recuperar presencia territorial de cara a 2027. Sin embargo, el proceso también estuvo atravesado por conflictos internos, especialmente luego de que varios dirigentes fueran expulsados o sometidos a procesos de desafiliación tras competir en listas vinculadas a La Libertad Avanza.

La decisión expuso otra de las discusiones centrales dentro de la UCR: cómo responder frente a dirigentes que migraron hacia el espacio libertario y si el partido debe endurecer o flexibilizar sus límites políticos para evitar nuevas fugas.

La situación más delicada probablemente se viva en Tucumán, donde el radicalismo permanece intervenido desde hace más de un año por decisión de la conducción nacional. La falta de autoridades electas y la fragmentación legislativa profundizaron la crisis interna y derivaron incluso en reclamos judiciales para exigir la normalización partidaria.

Actualmente, los sectores internos tucumanos buscan acelerar la convocatoria a elecciones para definir nuevas autoridades y ordenar una estructura que aparece completamente atomizada. La discusión no se limita únicamente al funcionamiento partidario: también involucra la estrategia electoral futura y el posicionamiento frente al peronismo provincial y al oficialismo nacional.

En distintos distritos, el radicalismo enfrenta hoy el mismo dilema: cómo recuperar competitividad política sin quedar absorbido por La Libertad Avanza ni diluido dentro de una oposición fragmentada y sin liderazgo claro.

Mientras tanto, las diferencias internas continúan profundizándose y revelan que la crisis de la UCR ya no se limita a una discusión electoral. Se trata, cada vez más, de una disputa sobre el sentido mismo del partido, su identidad histórica y el lugar que buscará ocupar en la nueva etapa política argentina.