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El dólar consolida su avance y el mercado proyecta una suba gradual para el segundo semestre

  • El dólar oficial mayorista alcanzó los $1.461 y registró su valor más alto desde comienzos de año.
  • La menor oferta de divisas y el aumento de la demanda privada impulsan la recuperación de la cotización.
  • El Banco Central redujo el ritmo de compras de reservas ante un mercado cambiario más exigente.
  • La finalización de la cosecha gruesa comienza a disminuir el ingreso de dólares del sector agroexportador.
  • Los analistas prevén que el tipo de cambio se mantendrá entre $1.420 y $1.500 en el corto plazo.
  • Para el segundo semestre se espera una suba gradual del dólar, sin escenarios de fuertes sobresaltos cambiarios.

El mercado cambiario atraviesa una etapa de transición marcada por una mayor presión sobre el dólar, producto de una combinación de factores que comienzan a modificar el escenario observado durante los primeros meses del año. La reducción de la oferta de divisas y el incremento de la demanda privada impulsaron una recuperación de la cotización, mientras el Banco Central modera su ritmo de compras de reservas para evitar una aceleración mayor del tipo de cambio.

En las últimas semanas, el dólar oficial mayorista mostró una tendencia alcista sostenida. La cotización alcanzó los $1.461, el nivel más alto desde comienzos de año, acumulando una suba cercana al 4% durante junio y de casi el 5% en los últimos treinta días. Desde los mínimos registrados a mediados de abril, el avance supera el 8%.

Pese a esta evolución, los analistas coinciden en que no existen señales de una situación de estrés cambiario. Por el contrario, consideran que el movimiento responde a una dinámica de mercado vinculada con factores estacionales y con una demanda privada que se mantiene firme ante la percepción de que el tipo de cambio continúa relativamente atrasado en términos reales.

Uno de los elementos más observados es la desaceleración en la oferta de dólares provenientes del sector agroexportador. Con el avance del calendario y el cierre progresivo de la cosecha gruesa, los ingresos de divisas comienzan a reducirse, un fenómeno habitual que suele impactar sobre la disponibilidad de dólares en el mercado.

Esta menor oferta también se refleja en la estrategia del Banco Central. Durante abril y mayo, la autoridad monetaria logró adquirir importantes volúmenes de reservas gracias al fuerte ingreso de dólares comerciales. Sin embargo, en junio las compras se moderaron significativamente. Los registros recientes muestran operaciones considerablemente menores a las observadas semanas atrás, una señal de que el organismo enfrenta un mercado más equilibrado entre oferta y demanda.

Los especialistas destacan que la menor capacidad de compra del Banco Central no responde a una decisión aislada, sino a una realidad de mercado donde la demanda privada gana protagonismo. Empresas, importadores, inversores y ahorristas continúan buscando cobertura en moneda extranjera, impulsando una presión adicional sobre la plaza cambiaria.

A este panorama se suma la proximidad de las vacaciones de invierno, un período que históricamente incrementa la demanda minorista de dólares para gastos turísticos y viajes al exterior. Si bien el impacto no suele ser determinante por sí solo, representa un factor adicional que contribuye a sostener la demanda de divisas durante las próximas semanas.

Frente a este contexto, distintas consultoras privadas elaboraron proyecciones relativamente coincidentes para el corto plazo. La mayoría estima que el dólar oficial continuará moviéndose dentro de una banda acotada, con valores mínimos cercanos a los $1.420 o $1.430 y máximos que podrían ubicarse entre los $1.470 y $1.500, dependiendo de la evolución de la oferta de divisas y del contexto financiero internacional.

Para la segunda mitad del año, las previsiones apuntan a una tendencia alcista moderada y gradual. Los analistas descartan, por ahora, escenarios de saltos bruscos o movimientos desordenados. La expectativa predominante es que el tipo de cambio avance a un ritmo similar o ligeramente superior al de la inflación, permitiendo una corrección progresiva del valor real del peso.

Otro factor que seguirá siendo determinante será el ingreso de nuevas divisas. El mercado observa con atención la posibilidad de que se concreten inversiones, ventas de activos o mecanismos de financiamiento que fortalezcan las reservas internacionales y contribuyan a contener eventuales presiones cambiarias.

A pesar de la reciente suba del dólar, diversos indicadores muestran que el peso argentino continúa entre las monedas emergentes con mayor apreciación real durante el año. Esto significa que, aun con la recuperación observada en las últimas semanas, la moneda local mantiene una valorización importante frente al dólar cuando se considera la diferencia de inflación entre ambos países.

En ese marco, el desafío para las autoridades económicas será administrar el equilibrio entre competitividad cambiaria, acumulación de reservas y estabilidad de precios. Mientras tanto, el mercado seguirá monitoreando la evolución de la demanda privada y la capacidad del Banco Central para sostener su estrategia en un contexto de menor ingreso estacional de divisas.