OPINIÓN Por Carlos Zimerman

Cuando Lorenzetti rompe el silencio, algo se está moviendo en las sombras

Por Carlos Zimerman

Hay personajes de la política argentina que jamás hacen nada por casualidad. Y si hay alguien que encaja perfectamente en esa definición es Ricardo Lorenzetti. Por eso, cuando el juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación decide salir del hermetismo habitual y sentarse frente a una cámara de televisión, conviene prestar atención. Mucha atención.

Esta semana, Lorenzetti concedió una entrevista al periodista Diego Sehinkman, en TN. La conversación fue correcta, medida y sin sobresaltos. Sin embargo, quienes observan desde hace años los movimientos del poder real saben que cuando Lorenzetti habla, rara vez lo hace por una cuestión fortuita o por simple interés periodístico.

Por el contrario, históricamente sus apariciones públicas suelen estar precedidas por una cuidadosa estrategia. Lorenzetti no sale a los medios porque sí; sale cuando quiere instalar un tema, enviar un mensaje o preparar el terreno para algo que viene después.

Por supuesto, corresponde respetar la investidura de un integrante del máximo tribunal del país. Pero una cosa es el respeto institucional y otra muy distinta la ingenuidad política. Y en ese terreno, Lorenzetti no es precisamente santo de mi devoción.

Durante la entrevista dejó algunas definiciones que, tomadas aisladamente, son razonables. Reclamó la necesidad de cubrir las dos vacantes existentes en la Corte Suprema. También sostuvo que sería importante que al menos uno de esos lugares fuera ocupado por una mujer, una postura que encuentra respaldo en amplios sectores del ámbito jurídico.

Además, fue categórico al referirse a la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner. Afirmó que la condena es cosa juzgada y que no existe posibilidad alguna de revisar el fallo, una declaración jurídicamente consistente y acorde con la posición institucional del tribunal.

Hasta allí, nada para objetar.

Sin embargo, el problema no está en lo que dijo. El verdadero interrogante es por qué decidió decirlo ahora.

Esa es la pregunta que debería hacerse toda la dirigencia política y también el periodismo. Porque en el universo de Lorenzetti, los silencios suelen ser tan importantes como las palabras. Y cuando rompe el silencio, generalmente hay un motivo que todavía no aparece a simple vista.

Las versiones que circulan son múltiples. Algunas hablan de la futura integración de la Corte. Otras mencionan reacomodamientos internos dentro del Poder Judicial. También existen especulaciones sobre negociaciones políticas que todavía se desarrollan lejos de la mirada pública.

La realidad es que nadie puede afirmar nada con certeza. Si algo caracteriza a Lorenzetti es el hermetismo absoluto con el que maneja sus movimientos. Los rumores abundan, pero las certezas escasean.

Por eso resulta difícil creer que esta entrevista haya sido simplemente una conversación más. Cuando Ricardo Lorenzetti busca una cámara, casi siempre hay una razón de fondo. Y cuando instala temas en la agenda pública, generalmente está anticipando movimientos que todavía no conocemos.

La experiencia indica que conviene observarlo con atención. Porque detrás de cada declaración, detrás de cada mensaje cuidadosamente construido y detrás de cada aparición mediática, suele esconderse una jugada mayor.

En política judicial, nada es casual. Y mucho menos cuando el protagonista es Ricardo Lorenzetti.

La verdad, y para concluir, a Lorenzetti no le compraría un auto usado. El tiempo dirá por qué decidió salir a hablar en los medios, pero si algo enseña la experiencia es que cuando rompe su habitual silencio, rara vez lo hace por casualidad. Seguramente algo entre manos se trae.