OPINIÓN Por Carlos Zimerman

La patria no necesita discursos, necesita que dejen de saquearla

Por Carlos Zimerman

Cada vez que llega un 9 de Julio o un 25 de Mayo, ya sé exactamente lo que voy a escuchar.

Los políticos salen a hablar de unidad nacional, de consensos, de tirar todos para el mismo lado, de que "lo primero es la patria" y de que "no hay nada mejor para un argentino que otro argentino".

Una puesta en escena perfectamente estudiada.

El mismo libreto de todos los años. Las mismas frases de ocasión. El mismo discurso vacío elaborado por algún gurú del marketing político que les enseña cuándo emocionarse, cuándo mirar la bandera y cuándo hablar de patriotismo.

Y cuando termina el acto...

La patria vuelve a quedar sola y la casta vuelve a hacer lo único que sabe hacer: cuidar sus privilegios.

No les creo una sola palabra.

Hace más de cuarenta años que la Argentina viene siendo saqueada por una forma de hacer política que convirtió al Estado en un botín.

Y cuando hablo de casta no hablo de una edad.

La casta no tiene fecha de nacimiento. Tiene una manera de pensar y de vivir.

Hay dirigentes que en 1983 ni siquiera habían nacido, pero aprendieron muy rápido cuál era el verdadero negocio: hacer de la política un modo de vida, vivir del Estado y servirse del Estado para beneficio propio.

No viven para el Estado. Viven de él. Y, demasiadas veces, le roban al Estado, que es lo mismo que robarles a todos los argentinos que trabajan y pagan impuestos.

Son jóvenes de documento, pero viejos en las mañas de la política.

Jamás tuvieron que pagar un sueldo.

Jamás tuvieron que afrontar un aguinaldo.

Jamás sintieron la angustia de no saber si a fin de mes alcanzará para mantener abierta una PyME.

Jamás arriesgaron su patrimonio para sostener una empresa o conservar un puesto de trabajo.

Nunca pusieron un peso de su bolsillo. Siempre administraron el de los demás.

Y, sin embargo...

Se pasean dando lecciones de moral.

Hablan del esfuerzo desde un despacho oficial.

Hablan de sacrificio mientras cobran sueldos que pagan quienes sí producen.

Hablan de solidaridad mientras defienden privilegios que ningún trabajador tiene.

Hablan de patriotismo mientras utilizan al Estado como una agencia de empleo para amigos, familiares y militantes.

La hipocresía ya no tiene límites.

Al principio dije que estos discursos me causaban gracia.

Mentí.

La verdad es que me dan ganas de llorar.

Porque después de décadas de decadencia, millones de argentinos apostaron por un cambio profundo en 2023. Se cansaron de la inflación, de la corrupción, de los privilegios y de la impunidad.

Pero la casta...

La casta sigue intacta.

Cambia de discurso.

Cambia de camiseta.

Cambia de aliado.

Cambia de enemigo.

Pero nunca cambia su verdadera naturaleza.

Siempre encuentra la manera de seguir viviendo de la política.

Y cuando siente que alguno de sus privilegios corre peligro, de repente descubre la importancia del diálogo, del consenso y de la unidad nacional.

Qué oportuno.

Nunca hablan de unidad cuando crean un nuevo impuesto.

Nunca hablan de unidad cuando aumentan el gasto político.

Nunca hablan de unidad cuando reparten cargos.

Nunca hablan de unidad cuando funden al que produce.

Pero llegan las fechas patrias...

Y aparecen envueltos en la bandera, pronunciando discursos cargados de solemnidad.

No me emocionan. Me provocan indignación.

Y quiero ser claro y concreto.

Exceptúo de esta crítica al presidente Javier Milei. Podrá equivocarse, como cualquier ser humano, y habrá decisiones que podrán discutirse, pero está haciendo un enorme esfuerzo para terminar con esta casta corrupta que durante décadas convirtió al Estado en un negocio propio. Precisamente por eso encuentra tanta resistencia de quienes no quieren perder sus privilegios.

La patria no necesita discursos.

Necesita que dejen de saquearla.

La patria no necesita más actos oficiales.

Necesita menos políticos viviendo de los argentinos y más argentinos viviendo de su trabajo.

La patria no necesita más frases grandilocuentes.

Necesita que quienes gobiernan entiendan, de una vez por todas, que el Estado no les pertenece.

Que sigan hablando de moral.

Que sigan hablando de patriotismo.

Que sigan hablando de unidad.

Que sigan poniéndose el traje de impolutos.

Y a la patria se la defiende con hechos, no con discursos. Se la defiende dejando de nombrar ñoquis, dejando de pagarles sueldos a los amigos, terminando con la pauta oficial que compra voluntades y silencia críticas, eliminando los privilegios de la política y entendiendo, de una vez por todas, que cada peso que administra el Estado pertenece a los argentinos y no a quienes circunstancialmente ocupan un cargo público.

Yo no les creo absolutamente nada.

Porque la verdadera patria no está arriba de un escenario dando discursos. La verdadera patria está abajo, trabajando, produciendo, pagando impuestos y soportando desde hace más de cuarenta años a una dirigencia que habla de amor por la Argentina mientras no deja de meter la mano en el bolsillo de los argentinos.