La caída de las importaciones industriales enciende señales de alerta sobre la actividad económica
- La producción industrial continúa mostrando retrocesos y las importaciones de maquinaria e insumos siguen disminuyendo.
- La utilización de la capacidad instalada permanece en niveles bajos, especialmente en sectores como la metalmecánica, el plástico y el textil.
- Las consultoras redujeron sus proyecciones de crecimiento económico para este año.
- El superávit comercial se fortalece, aunque en parte responde a la menor demanda de importaciones industriales.
- El Gobierno sostiene que el auge de las exportaciones energéticas permitirá reducir la histórica restricción externa.
- Economistas advierten que la pérdida de competitividad de algunos sectores manufactureros podría convertirse en un nuevo desafío para la economía argentina.
Aunque el Gobierno continúa destacando el sólido superávit comercial y el fortalecimiento del ingreso de divisas como uno de los principales logros de su política económica, distintos indicadores comienzan a reflejar un panorama menos favorable para la industria manufacturera. La disminución de las importaciones de maquinaria, equipos e insumos productivos alimenta las dudas sobre la evolución de la actividad y lleva a economistas a revisar a la baja las perspectivas de crecimiento para este año.
Los últimos datos muestran que la producción manufacturera continúa atravesando dificultades. Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a mayo, la industria registró una caída interanual del 5,6%, mientras que los relevamientos privados anticipan que junio tampoco habría mostrado una recuperación.
En paralelo, las importaciones de bienes de capital disminuyeron un 8% interanual durante junio, mientras que las compras de piezas y accesorios para bienes de capital retrocedieron un 9,4%. Para numerosos analistas, estos indicadores constituyen una señal relevante, ya que la inversión en maquinaria y la adquisición de insumos suelen anticipar el comportamiento futuro de la producción.
El escenario se complementa con un bajo nivel de utilización de la capacidad instalada. En promedio, las fábricas operan al 58% de su potencial, aunque algunos sectores presentan cifras considerablemente inferiores. La industria metalmecánica utiliza apenas el 38% de su capacidad, el sector plástico trabaja al 39% y la actividad textil se mantiene en torno al 42%, reflejando un contexto de demanda todavía debilitada.
Las estimaciones privadas tampoco muestran un cambio de tendencia. Distintas consultoras proyectan que la producción industrial volvió a retroceder durante junio respecto del mes anterior, con bajas que abarcan a la mayoría de las ramas manufactureras. Las principales excepciones continúan siendo la actividad petrolera, la producción de metales básicos y algunos segmentos de la industria alimenticia, favorecidos por el dinamismo exportador.
La desaceleración de la industria también comenzó a reflejarse en las proyecciones macroeconómicas. La encuesta de expectativas del mercado (REM) elaborada por el Banco Central redujo recientemente su previsión de crecimiento para la economía argentina al 3%, frente al 3,5% que estimaba a fines del año pasado. En la misma línea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) corrigió su pronóstico desde un 4% hasta un 3%.
Las previsiones sobre el comercio exterior también cambiaron. Mientras que a comienzos del año se esperaba que las importaciones alcanzaran unos u$s80.700 millones, ahora las proyecciones ubican ese monto en torno a los u$s76.400 millones.
No obstante, detrás de esa caída aparecen diferencias significativas entre sectores. Las compras vinculadas con la producción permanecen estancadas, mientras que continúan creciendo las importaciones de bienes de consumo final y de automóviles, impulsadas por una mayor demanda de productos adquiridos a través de plataformas internacionales de comercio electrónico.
Durante junio también incidió un factor estacional. Las bajas temperaturas obligaron a importar gas licuado por aproximadamente u$s794 millones para atender la mayor demanda energética. Sin esa operación extraordinaria, el superávit comercial del mes habría resultado aún más elevado y las importaciones totales habrían mostrado una reducción todavía más pronunciada.
Para muchos economistas, el amplio saldo comercial presenta una lectura ambivalente. Por un lado, fortalece la posición externa del país y mejora la disponibilidad de divisas. Por otro, una parte importante de ese resultado responde a una menor demanda de importaciones asociada al enfriamiento de la actividad industrial.
Tradicionalmente, el crecimiento de la economía argentina estuvo acompañado por un incremento de las importaciones, debido a la fuerte dependencia de la producción local respecto de bienes de capital, maquinaria e insumos provenientes del exterior. En ese contexto, la caída del 4% acumulada durante el primer semestre despierta interrogantes sobre la intensidad de la recuperación económica.
Desde el Gobierno sostienen que el escenario actual responde a un cambio estructural impulsado por el crecimiento de las exportaciones energéticas, especialmente las provenientes de Vaca Muerta. Según esa visión, el desarrollo del sector hidrocarburífero permitirá reducir la histórica restricción externa que durante décadas condicionó el crecimiento argentino.
Sin embargo, algunos analistas advierten que ese nuevo modelo también podría generar desafíos para la industria. Un tipo de cambio relativamente estable, combinado con un fuerte ingreso de divisas por exportaciones energéticas, podría dificultar la competitividad de ciertos sectores manufactureros, fenómeno conocido en economía como "enfermedad holandesa", caracterizado por un menor desarrollo industrial frente al avance de actividades altamente exportadoras.
Mientras tanto, el comportamiento de la industria seguirá siendo uno de los principales indicadores que observarán tanto el Gobierno como el mercado para evaluar la consistencia del proceso de recuperación económica durante el segundo semestre del año.