La pauta oficial de Viotti: entre la publicidad y el silencio
Hay cuestiones que merecen ser discutidas de frente, sin eufemismos y sin miedo a incomodar. Una de ellas es la pauta publicitaria que la Municipalidad de Rafaela distribuye entre determinados medios de comunicación.
Que un gobierno comunique sus actos, sus obras y sus decisiones es absolutamente legítimo. La ciudadanía tiene derecho a saber qué hace el Estado y cómo utiliza los recursos públicos. Hasta ahí, no hay discusión.
El problema aparece cuando la pauta oficial deja de ser una herramienta de comunicación institucional para convertirse en una herramienta política.
Porque si el dinero de los contribuyentes termina premiando a determinados medios mientras, casualmente, las críticas al gobierno municipal desaparecen, se suavizan o directamente no existen, entonces ya no estamos hablando simplemente de publicidad. Estamos hablando de otra cosa.
Y esa otra cosa tiene un nombre: uso discrecional de los recursos públicos.
Por eso sería bueno que el intendente Leonardo Viotti deje por un momento de mirar cuánto puede recaudar y empiece a explicar cuánto y cómo gasta.
No alcanza con pedir aumentos de tasas, reclamar más recursos y llorar por los rincones porque la Municipalidad necesita más dinero. También hay que explicar qué se hace con la plata que ya se recauda.
Número en mano, intendente. Ese es el desafío.
¿Cuánto dinero destina anualmente la Municipalidad de Rafaela a publicidad? ¿Cuánto recibe cada medio? ¿Con qué criterio se distribuye? ¿Qué audiencia tiene cada uno? ¿Cuántas personas lo ven, lo escuchan o lo leen? ¿Cuál es el costo por impacto? ¿Qué resultados concretos obtiene el municipio con semejante inversión?
Hoy ya no existen demasiados secretos. Las audiencias, las métricas y los niveles de alcance de los medios pueden conocerse y compararse.
Entonces, que aparezcan los números.
Porque si un medio tiene una audiencia determinada y recibe una suma millonaria de dinero público, hay que poder justificar esa relación. Y si otro tiene una audiencia mucho mayor y recibe significativamente menos, también habrá que explicar por qué.
Lo que no puede aceptarse es que la pauta oficial termine funcionando como una suerte de chequera para premiar amigos y castigar críticos.
Y acá aparece una contradicción que resulta imposible ignorar.
Mientras Viotti reclama permanentemente que necesita aumentar los impuestos municipales para mejorar la recaudación, por otro lado existen partidas millonarias destinadas a publicidad que, en algunos casos, generan serias dudas respecto de su verdadera efectividad.
La plata es de los rafaelinos, no del intendente.
Por eso lo invitamos a hacer algo muy sencillo: publicar los números completos de la pauta oficial y explicar, medio por medio, cuánto recibe cada uno y por qué.
Si el intendente puede demostrar que cada peso invertido en publicidad está correctamente asignado, que responde a criterios objetivos y que tiene una verdadera justificación en términos de alcance y resultados, nosotros mismos nos comprometemos a publicarlo.
No tenemos ningún problema.
Pero también sería interesante saber qué pasa cuando se hace el ejercicio inverso: cuánto reciben aquellos medios que todos los días edulcoran la gestión municipal, minimizan los problemas y convierten cualquier crítica en una agresión contra el gobierno.
Porque una cosa es informar sobre la gestión.
Otra muy distinta es comprar silencio con dinero público.
Y hay una diferencia todavía mayor entre ambas.
A nosotros la Municipalidad de Rafaela no nos pauta. Ni un peso.
Y justamente por eso podemos decir lo que pensamos sin pedir permiso, sin mirar quién paga la publicidad y sin preocuparnos por perder una pauta.
Podemos criticar cuando corresponde, reconocer cuando corresponde y señalar lo que está mal aunque al poder no le guste.
Eso tiene un costo, por supuesto.
Pero también tiene una enorme ventaja: la libertad de decir la verdad sin deberle nada a nadie.
Por eso, intendente Viotti, acá no hacen falta discursos ni explicaciones políticas.
Números.
Publique cuánto paga, a quién le paga, por qué le paga y qué obtiene la ciudad a cambio.
Después hablamos.
Y si los números cierran, lo diremos.
Pero si no cierran, también.
Porque mientras algunos pueden convertirse en medios amigos del poder, nosotros preferimos seguir siendo otra cosa.
La piedra en el zapato que tanto le molesta.