La cirugía ocular que podría volverse necesaria antes de los 70: qué dicen los especialistas

A Rubén nunca le habían molestado demasiado los faros de los autos que circulaban en sentido contrario. Sin embargo, desde hace un tiempo empezó a evitar manejar de noche porque las luces lo encandilan más de lo habitual. También notó que algunos colores cotidianos —como el verde del semáforo o la remera de su nieto— se ven más apagados, como si estuvieran detrás de un vidrio empañado.

No le pareció algo demasiado importante como para consultar a un oftalmólogo. Al menos hasta ahora.

“Hay mucha gente que tiene miedo a la cirugía, miedo a operarse los ojos”, reconoce el oftalmólogo Guillermo Oteiza (M.N. 157.356), tercer vocal del Consejo Argentino de Oftalmología (CAO). Según explica, ese temor suele convertirse en una de las principales razones por las que muchas personas postergan la consulta.

Detrás de síntomas como los de Rubén puede encontrarse la catarata, una afección que consiste en la opacificación del cristalino, el lente natural y transparente ubicado dentro del ojo que, con el paso de los años, se endurece y pierde transparencia.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las cataratas afectan actualmente a unos 94 millones de personas en todo el mundo y continúan siendo la principal causa de ceguera evitable a nivel global.

Y existe un dato que puede resultar llamativo: el envejecimiento hace que prácticamente todas las personas puedan desarrollar cataratas en algún grado si viven el tiempo suficiente.

Un diagnóstico que puede pasar inadvertido

Uno de los problemas de las cataratas es que no suelen aparecer de manera repentina.

“La catarata tiene una evolución muy lenta en el tiempo, el paciente no se da cuenta que tiene cataratas o que está perdiendo la visión”, explica Oteiza.

Por eso, muchas veces el diagnóstico llega cuando la pérdida de visión ya comienza a interferir con actividades cotidianas, como leer, cocinar o conducir.

Entre los principales síntomas que conviene consultar con un especialista se encuentran:

  • Visión borrosa o nublada que dificulta las actividades diarias.

  • Dificultad para ver con poca luz o durante la noche.

  • Aparición de halos alrededor de las luces.

  • Mayor sensibilidad al deslumbramiento.

  • Necesidad de cambiar con frecuencia la graduación de anteojos o lentes de contacto.

  • Mayor dificultad para manejar, especialmente de noche.

  • Necesidad de más luz para leer o realizar determinadas actividades.

“Desde el Consejo Argentino de Oftalmología hacemos hincapié en que hay que controlarse los ojos todos los años”, señala Oteiza, incluso cuando la persona considera que su visión funciona correctamente.

Una cirugía que cambió con el tiempo

El tratamiento de las cataratas también evolucionó. Durante años se esperaba a que la enfermedad avanzara considerablemente antes de operar. Actualmente, la tendencia es intervenir cuando la catarata comienza a afectar la calidad de vida y las actividades cotidianas.

“Cuando extraemos el cristalino humano opaco necesitamos reemplazarlo con una lente artificial”, explica el especialista.

La cirugía moderna se realiza mediante una incisión muy pequeña, de apenas unos milímetros, y el procedimiento completo suele durar entre 15 y 20 minutos.

Qué tipos de lentes intraoculares existen

La lente artificial que se coloca durante la cirugía puede variar según las necesidades visuales de cada paciente. Entre las principales opciones se encuentran:

  • Monofocales: están diseñadas principalmente para corregir la visión a una determinada distancia, generalmente de lejos. Para leer, pueden seguir siendo necesarios anteojos.

  • Multifocales: cuentan con diferentes zonas de enfoque y pueden reducir considerablemente la dependencia de los anteojos tanto para ver de lejos como para leer.

  • Tóricas: están especialmente indicadas para pacientes que presentan astigmatismo.

La elección de la lente depende de las características de cada paciente y debe definirse junto con el oftalmólogo.

Según Oteiza, la recuperación suele ser rápida. “Por lo general, los pacientes pueden retomar sus actividades normales dentro de las 24 horas posteriores a la cirugía, y la visión suele ser nítida uno o dos días después de la operación”, explica.

El acceso a la cirugía, una deuda pendiente

Más allá de los avances médicos y tecnológicos, el acceso al tratamiento continúa siendo desigual.

La propia OMS advierte que solo una de cada dos personas que necesitan una cirugía de cataratas en el mundo logra acceder a ella.

La catarata es una consecuencia frecuente del envejecimiento y, aunque puede avanzar lentamente sin generar grandes molestias al principio, los cambios en la visión no deberían atribuirse simplemente a la edad.

Ante síntomas como el deslumbramiento, la visión nublada o las dificultades para manejar de noche, un control oftalmológico puede permitir detectar el problema a tiempo y evaluar las alternativas de tratamiento.