El alimento que ayuda a cuidar la salud del cerebro y recomiendan incluir en una dieta equilibrada
Durante años, distintos estudios relacionaron el consumo excesivo de carne roja con un mayor riesgo de desarrollar determinados problemas de salud, entre ellos diabetes y deterioro cognitivo. También se analizó su posible vínculo con las enfermedades cardiovasculares, que continúan siendo una de las principales causas de muerte en el mundo.
Sin embargo, los especialistas advierten que no todas las carnes rojas son iguales y que el impacto de su consumo también depende del patrón alimentario general. En este sentido, un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Dakota del Sur analizó qué ocurre cuando la carne roja forma parte de una dieta de buena calidad.
Los resultados sugieren que incluir carne roja magra dentro de una alimentación saludable puede favorecer el aporte de nutrientes esenciales para el cerebro, además de asociarse con una mayor diversidad de microorganismos presentes en el intestino y, potencialmente, con beneficios para la salud mental.
Según explicó Samitinjaya Dhakal, profesor adjunto de la Escuela de Salud y Ciencias Humanas de la universidad, incorporar carne roja magra dentro de un patrón alimentario saludable puede mejorar la ingesta de nutrientes relacionados con el funcionamiento cerebral y vincularse con cambios positivos en la diversidad de la microbiota intestinal.
“Lo realmente convincente fue el importante beneficio nutricional que observamos en personas sanas que consumían carne roja”, señaló Dhakal. Para el investigador, estos resultados sugieren que las recomendaciones nutricionales no necesariamente deberían centrarse en eliminar por completo este alimento, sino en promover una alimentación de alta calidad que pueda incluir cantidades adecuadas de carne roja magra.
Qué relación encontraron entre la carne roja y la microbiota
Para realizar el análisis, los investigadores recurrieron a información del American Gut Project, una de las mayores iniciativas de investigación abierta sobre el microbioma. La base de datos reúne información relacionada con la alimentación, la microbiota y distintos aspectos de la salud.
A partir de esos registros, los investigadores analizaron los datos de 4.915 adultos, a quienes dividieron en cuatro grupos de acuerdo con la calidad de su alimentación y el consumo de carne roja.
Para determinar la calidad de las dietas utilizaron el Healthy Eating Index, una herramienta desarrollada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos que asigna una puntuación de 0 a 100 en función del grado de cumplimiento de las recomendaciones de las Guías Alimentarias estadounidenses.
Los participantes fueron clasificados de la siguiente manera:
Dieta de alta calidad y consumo de carne roja.
Dieta de alta calidad sin consumo de carne roja.
Dieta de baja calidad y consumo de carne roja.
Dieta de baja calidad sin consumo de carne roja.
De acuerdo con Dhakal, las personas que seguían una alimentación de alta calidad presentaban un peso saludable independientemente de que consumieran carne roja o no.
No obstante, dentro de ese grupo se observó una diferencia nutricional: quienes incluían carne roja en su alimentación lograban cubrir con mayor facilidad algunos requerimientos de nutrientes importantes para el organismo y, en particular, para la salud cerebral.
Entre ellos se encuentran las proteínas, el zinc, el selenio, la vitamina B12 y la colina.
Una dieta saludable también se relacionó con menor riesgo de depresión
El estudio también analizó la relación entre la calidad de la alimentación, la salud mental y la composición de la microbiota intestinal.
Los investigadores observaron que las personas que obtenían mejores puntuaciones en el índice de alimentación saludable presentaban menores probabilidades de depresión, trastorno de estrés postraumático y trastorno bipolar, independientemente de si consumían carne roja.
Además, encontraron una asociación entre una mayor diversidad de microorganismos intestinales y las dietas de alta calidad que incluían carne roja.
Los resultados, por lo tanto, ponen el foco no solamente en un alimento aislado, sino en la calidad general de la alimentación. La investigación sugiere que el contexto en el que se consume la carne roja —qué cantidad se incorpora y con qué otros alimentos se combina— puede ser tan importante como el alimento en sí mismo.