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La isla más feliz del mundo

TURISMO 14/12/2023 Agencia 24 Noticias Agencia 24 Noticias
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“¿Querés venir a conocer la isla más feliz del mundo? Avisame y te llamo”. El mensaje de WhatsApp fue cortito, y claro, pero no podía atender: habíamos empezado a grabar “El galpón” en el Estudio D de eltrece con Sergio Lapegüe y el dire dijo: “todos los teléfonos en mudo”. Nos quedaban dos horas interminables de grabación y la intriga, el misterio y el desafío por conocer de qué se trataba eso de ser “la isla más feliz”, me carcomían…


Mas tarde llegó el llamado para invitarme a vivir “Aruba culinary 2023″ junto a otros colegas periodistas, sommeliers y comunicadores de Latinoamérica: Chile, Perú, Colombia y Brasil.

La verdad es que no tenía Aruba como destino gastronómico en mi cabeza y la intriga por conocer sus playas y sobre todo sus platos y cocinas me divertía mucho.

Volé de Ezeiza a Panamá durante casi ocho horas, esperé un poco paseando por los free shops mientras estiraba las piernas y tomé mi nuevo vuelo de dos horas hasta el Aeropuerto Internacional Reina Beatrix, que queda a unos 4 Km de Oranjestad, la capital de Aruba, que es un estado autónomo dentro del Reino de los Países Bajos.

El Gobernador, nombrado por la Reina de Holanda es el representante soberano en la isla. Holanda también es responsable de la defensa y de las relaciones exteriores de Aruba.

Para ingresar a Aruba tenés que llenar sí o sí un formulario online 48 horas antes de viajar con todos tus datos y presentar el QR junto con el pasaporte en Migraciones. El Aeropuerto está partido en dos: una parte para turistas internacionales y la otra sólo para norteamericanos, su principal afluencia de divisas turísticas: hay vuelos de todo EE.UU. que llegan directo a Aruba durante todo el año.

Salí al hall y me esperaba Arcángel, un arubiano muy simpático de Aruba Bonbini, la Secretaría de Turismo de la isla, que nos iba a acompañar durante toda la estadía. Nos quedamos charlando mientras llegaba el resto de los periodistas. Me contó que el idioma oficial es el holandés y el “papiamento” que es una mezcla de español, holandés y portugués, con una pizca de inglés y francés. Además, todos los arubianos hablan español e inglés de manera fluida, producto de un sistema educativo admirable.

El sol estaba muy fuerte y antes de subir a la combi Arcángel nos dio un kit de uso obligatorio para tener a mano todo el día: gorro, protector solar, y una gran botella de acero para estar bien hidratados. Fuimos directo a almorzar a “Aruba Experience Café”, una casa típica caribeña. Me pedí un tapeo de tortillas de yuca (mandioca), con queso fundido, palta, tiras de pollo y ananá grillado, con distintas salsas. Riquísimo: color, sabor, presentación; la cocina arubiana me sorprendía gratamente.

Playa blanca y turquesa
Partimos a conocer la playa, el hotel y a descansar un poco hasta las 19 que nos buscaba nuevamente la combi. La playa me impactó: arena blanca, suave, con un mar calmo sin olas con el típico color azulado verdoso que uno ve solo en fotos o en documentales.

Busqué mi mate, mis antiparras y me instalé a disfrutar del atardecer mientras mateaba y nadaba un poco, sorprendido por todo lo que veía. Estaba como un chico, maravillado, feliz, mirando y absorbiendo toda la naturaleza arubiana mientras caía el sol en el mar.

La primera cena con malbec argentino
Partimos a cenar en Azar, un restorán que fusiona técnicas de cocción ancestrales de fuego y brasas con métodos modernos y que es propiedad del chef peruano Teddy Bouroncle, dueño de otros emprendimientos premium en la isla. El lugar me impactó: era cálido, moderno, sobrio, elegante y lleno de vida. Mucho personal y muchos comensales, donde todo fluía armoniosamente. Arcángel nos reservó la mesa principal y yo sugerí pedir varias entradas para compartir antes de elegir los principales.

Descorchamos “El enemigo” malbec que pidió la sommelier peruana, fan del vino argentino, y comimos unos langostinos, papas fritas en bastones grandes y pulpo grillado que desapareció en segundos… De principal pedí unas costillitas de cordero australiano ahumado con puré y espárragos grillados. Terminaba el primer día en Aruba, y yo estaba mucho más impactado por la comida que por las playas. Pedí la palabra y dije en la mesa: “Estoy gratamente sorprendido por lo que acabamos de comer y compartir, no lo esperaba”.

Volvimos al hotel y con los chicos de Chile y de Perú abrimos un prosecco italiano que nos habían dejado en el cuarto y nos quedamos un rato charlando y disfrutando la playa pero de noche. Ellos se metieron al mar que estaba “planchado” y cálido, y yo me despedí feliz para irme a dormir.

Aruba, arriba
“Aruba, arriba. Arriba, Aruba”. Así arrancó el segundo día con los gritos de nuestro nuevo guía que nos llevó toda la mañana en una camioneta 4x4 modificada especialmente a conocer los lugares más recónditos de Aruba en el Parque Nacional Arikok: empezamos por la pileta natural, formada por lava volcánica, donde hicimos esnórquel y pudimos ver distintos peces de colores y dibujos extraordinarios, además de cangrejos y otros bichos de mar. También visitamos dos playas, el lugar donde anidan y depositan sus huevos cuatro especies diferentes de tortugas marinas.

Saltando entre roca y roca con la camioneta llegamos a la Fontaine Cave, una cueva de piedra caliza que es verdadero yacimiento arqueológico: descubrimos pictografías indias que tienen más de 1000 años, además de las famosas estalactitas y estalagmitas de la cueva.

Fine dining en un speakeasy
La segunda noche gastronómica nos sorprendió en Ever, un restaurant speakeasy, que está escondido dentro de una galería de arte en la zona céntrica del puerto y tiene lugar sólo para 14 comensales. Después de un cocktail de recepción nos invitaron a sentarnos en la barra para disfrutar de un menú de 8 pasos, todos maridados con un vino especial.

Ever es propiedad de su chef local Ever de Peña, que propone una carta basada en pescados, mariscos, carnes y postres. Me sorprendieron mucho las vieiras con coco, cítricos, pimientos y grosellas, maridadas con un sauvignon blanc de Nueva Zelanda; también la clásica vichyssoise, una sopa con puerros, aceitunas, flores comestibles y base de papas, maridada con un riesling del mismo país; disfrutamos también de una langosta caribeña con un chardonnay de Italia y de unos ravioles con consomé de hierbas y chorizo, maridados por un cabernet franc argentino.

Para limpiar el paladar antes de pasar a la carne, nos dieron una sopa de frutos rojos salvajes, para recibir a la picaña cocinada al vacío con oporto, repollos y zetas, y lo maridamos con un blend de uvas tintas de otra bodega mendocina.

Finalmente llegó el postre, una crema de vainilla con café, acompañada por un vino jerez bien dulce. Les juro que ocho pasos son demasiado, pero me quedo con la propuesta excepcional de “fine dining” en un lugar escondido detrás de una puerta secreta, magníficamente decorado y atendido por su chef, su asistente y un sommelier.

Hidroponía felíz
A la mañana siguiente salimos bien temprano a conocer Happyponics, una Cooperativa Agrícola de cultivo hidropónico dirigida por Mark, un holandés y Diego, un colombiano que con mucha pasión nos cuentan cómo producen cada variedad de lechuga y aromáticas que después venden a los principales hoteles y restaurantes de Aruba. Happyponics funciona dentro de una granja de recuperación de adictos, con un fuerte espíritu social. Además organizan ferias de productores locales para que la gente pueda conseguir los mejores productos sin intermediarios.

Pero el calor es tan alto que requieren de equipos especiales para enfriar el agua para que las plantas puedan desarrollarse y crecer, con costos muy altos de producción, lo que los ubica en una posición desfavorable frente a los productos que llegan a la isla desde el continente, principalmente desde Colombia y Miami.

Los murales de San Nicolás
En el extremo sur de Aruba está el barrio de San Nicolás donde funcionó hasta 1985 una refinería de petróleo que empleaba a más de 8000 trabajadores. Después del cierre, el barrio quedó casi abandonado. Años más tarde, una propuesta cultural basada en el trabajo de los mejores muralistas del mundo, hizo que San Nicolás sea una parada artística obligada al momento de visitar la isla.

Arcángel, nos dio unos anteojos 3D para recorrer las calles y poder apreciar los mejores murales. También hay de animales, personas y otras obras que funden los edificios con el paisaje natural, como árboles, plantas y nubes, todo en una sola pieza de arte. Hay un mural que lleva pedazos de oro puro y que nadie se atreve a tocar, por respeto y educación.

Baby Beach
A media mañana visitamos Baby Beach, al sureste de la isla, una playa con forma de medialuna donde hay una gran laguna turquesa con varios puestos y las típicas chozas de paja para cubrirse del sol. Es ideal para practicar natación, esnórquel y muy seguro para visitar con chicos pequeños, porque está protegido de las fuertes corrientes.

Manos a la obra
El almuerzo esta vez sería con las manos bien limpias en Zeerovers, un restaurant sobre el mar que vende los productos frescos por peso y los cocinan inmediatamente para disfrutarlos en una mesa sobre el muelle.

Pedimos langostinos, pescados locales, papas fritas, plátanos y Balashi, una cerveza local estilo pilsen, dorada y ligera que se produce únicamente en la isla.

La última cena arubiana a las piedras
Para despedirme de Aruba fuimos a comer a Papiamento, una casona de 1886 estilo “cunucu” que fusiona arquitectura europea y caribeña. Después de funcionar como una escuela de equitación, la tomó, recuperó y puso en valor la familia Ellis en 1983, convirtiéndola en una parada obligada para cenar en un maravilloso jardín, al lado de su pileta, con una gran cava con vinos de todo el mundo, un salón de destilados y puros, y una gran sala de antigüedades.

Para comer, pedimos de entrada un tibio de queso brie, langostinos caribeños grillados con un pesto de albahaca y empanadas con masa de harina de maíz y distintas salsas.

Para tomar, un rosado de syrah español, y como plato principal, langosta y costillitas de cordero que uno tiene que terminar de cocinarse en la mesa con una modalidad que se llama “Grilled and served on the stone”, ayudado por una plancha y piedras muy calientes. Un poco engorroso, pero pintoresco.

De postre, cuchareamos una crème brûlée de chocolate, antes de brindar y de pasar a la sala de puros y destilados, mientras recorríamos la casa-museo.

La isla más felíz
Aruba es la isla más feliz por distintos motivos: primero tiene un paisaje y clima excepcional que lo convierten en un destino atractivo durante todo el año. Casi no llueve, tampoco tiene temporada de huracanes como otras islas del Caribe, y sus vientos alisos la convierte en una isla con clima muy agradable, especialmente durante la tarde-noche.

Por otro lado, no existe la inseguridad y cuando hay algún hecho aislado ocurre siempre entre locales, ya que saben que el principal ingreso de la isla es el turismo y que no hay que perjudicar a los turistas.

La educación y la cultura permiten que la isla no tenga policías en cada esquina; que no existan los semáforos y que los chicos en la escuela obligatoria estudien holandés, papiamento, inglés, español y francés.

Aruba tiene 180 km2, unos 32 de largo y 8 de ancho. Hasta hace pocos años vivía de la explotación minería, del refinamiento de petróleo y de ser el mayor productor mundial de aloe vera.

Aruba se reconvirtió en un paraíso turístico, con las mejores playas, su mar turquesa, los mejores hoteles y resorts de lujo, que lo vuelven un destino obligado para el turismo. Pero sobre todo puedo decirte que hoy Aruba es un destino gastronómico de primer nivel, con productos frescos de todo el mundo, con los mejores restaurantes y excepcionales profesionales en la cocina y en salón.

Por todo esto, para mí, ¡Aruba es la isla más feliz del mundo!

Con informacion de Todo Noticias.

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