Good bye, Perón!

OPINIÓN 01/07/2024 Marcelo Falak*
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¿Qué se le diría este lunes sobre el estado del peronismo a una persona leal a Perón que haya pasado los últimos 50 años en coma? ¿Cómo contarle, para no dañar más su salud, no sólo del tiempo que le hizo saltar de la "juventud maravillosa" a militante de la adultez mayor, sino también de los avatares de un país que, en lugar de esa doctrina, se abrazó al hiperajuste anarcocapitalista de Javier Milei?

Y que eso ocurrió, encima, en buena medida por los fracasos del propio peronismo. ¿Cómo contarle que el General murió justo antes de su caída en la inconsciencia, que su viuda fue un desastre de proporciones históricas, que fue derribada por la dictadura más sangrienta que se haya conocido, que el renacimiento democrático vino de la mano de un radical, que después el peronismo se hizo neoliberal, que la crisis que siguió a ese experimento estalló en manos de otro radical, que el peronismo encontró un nuevo cauce con Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, que esa experiencia se agotó por sus propios excesos y dogmatismos, que hubo una nueva –¿última?– oportunidad con un " Frente de (casi) Todos" los segmentos del movimiento y que la frustración social por sus peleas personales y su incapacidad política fue tan pero tan grande que lleva hoy a lo impensable?

Axel Kicillof liderará hoy, en San Vicente, un acto al que convocó a todos los sectores del peronismo desgarrado. ¿Acudirá La Cámpora, cuyo nombre dejaría pensando al peronista despertado del coma después de 50 años, para regalarle a su nuevo y hasta hace poco impensado enemigo un aura de líder nacional alineado poco y mal con CFK?

El Frente Renovador, se supone que parte del panperonismo, ya avisó que no irá para "no ser rehén de ningún tironeo interno" que lo descoloque del "camino alternativo" que propone al Gobierno.

Quiso el calendario que el medio siglo de desaparición de Perón cayera un lunes, pero la organización de los actos en un día hábil es una decisión de quienes manejan lo que queda de su capital político. Esto desnuda la realidad de que la identidad peronista es hoy más cosa de cuadros y militantes duros –¿una "casta"?– que de pueblo trabajador, su "único heredero".

En tanto, la Confederación General del Trabajo (CGT), presunta "columna vertebral del movimiento", también expondrá su interna a cielo abierto y recordará al fundador… con un streaming.

La parábola del peronismo

Es inevitable que lo hecho y lo no hecho por el peronismo explique en buena medida el destino actual de la Argentina, dados su relevancia histórica y su rol de gobierno durante 27 de los 40 años de democracia recuperada.

Esa situación es consecuencia de causas inmediatas y mediatas.

Entre las primeras, el saldo del gobierno de Alberto Fernández, hecho de limitaciones personales del entonces presidente; de una "pesada herencia" que ya es un factor inherente a la oximorónica crisis permanente del país; de mezquindades personales y peleas políticas sangrientas que paralizaron su gestión y de tragedias exógenas como la pandemia y una sequía sin precedentes. Así, el peronismo –¡nada menos!– traicionó su promesa del asado en las mesas de los domingos y dejó a la Argentina con una pobreza del 41,7% y una indigencia del 11,9% y, peor aun si cabe, con una ruptura terminal de la expectativa de ascenso a la clase media a través del trabajo.

En tanto, entre las causas de fondo, hay que mencionar que si algo mostró la experiencia malhadada de Todos fue la confusión sobre qué es el peronismo del siglo XXI, su falta de norte doctrinario. Esa dispersión quedó expuesta en una serie de entrevistas a referentes económicos de ese sector publicada por Letra P en abril.

20 años no es nada, 50 es mucho

Ensimismado en sus dogmas y reyertas, el peronismo no logra adaptarse a una realidad que no supo manejar.

En ese trayecto –por sus incapacidades, sí, pero también por la acción de los gobiernos tanto dictatoriales como civiles que abrieron y desregularon desaprensivamente–, la Argentina mutó. Lo hizo porque lo hizo el mundo, con una crisis petrolera a comienzos de los años 70 que fue el ring raje de los Estados benefactores y de los modelos de industrialización orientados por el Estado; con el Consenso de Washington, que cayó como una condena sobre lo que entonces se conocía como Tercer Mundo; con una globalización financiera imparable y con el cambio de patrón tecnológico más veloz y radical que haya conocido el capitalismo.

Todo se ha roto en los tejidos sociales globales y el ascenso de la ultraderecha en la Argentina no es más que un capítulo extravagante de lo que ha ocurrido –y de lo que está por ocurrir– en muchos otros países.

Si algo expresa esa tendencia en el país es lo verificado en el mercado de trabajo, con un empinamiento de la informalidad y con la irrupción impactante de un sector de posición ambigua: los monotributistas.

El pequeño logro y la gran deuda del peronismo

El peronismo reciente fracasó menos en cumplir con su mandato de equidad social que en el de acumular riqueza.

Si se observa la evolución del coeficiente de Gini desde la gran crisis de 2001, los años de gobiernos peronistas generaron fuertes avances en materia de equidad distributiva, revertidos más que con creces en los períodos de Mauricio Macri y, ahora, de Milei. Así lo muestran datos del Banco Mundial para la etapa 2002-2015, la que atraviesa las gestiones de Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y CFK.

 

 

* Para www.letrap.com.ar

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