


Reservas, cobertura y expectativas: las señales que sigue el mercado cambiario
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- Las compras sostenidas del Banco Central funcionan como ancla de expectativas para el mercado.
- La acumulación de reservas pasó a ser una variable seguida rueda a rueda por los inversores.
- El salto en los instrumentos de cobertura reabrió interrogantes sobre tensiones latentes.
- La oferta de dólares se apoya en el agro y en las colocaciones de deuda en moneda extranjera.
- La cuenta capital y financiera es central para compensar el déficit de la cuenta corriente.
- La interacción entre reservas, inflación y tipo de cambio real define el equilibrio del esquema.
El mercado volvió a mirar de cerca al tipo de cambio oficial, no tanto por su nivel nominal sino por la combinación de señales que se activaron en simultáneo y que suelen funcionar como organizadoras de expectativas. Compras persistentes del Banco Central, una oferta de dólares que llega por distintos canales y un repunte llamativo en los instrumentos de cobertura reconfiguraron el clima financiero de las últimas ruedas. En ese entramado, la discusión dejó de ser coyuntural y pasó a enfocarse en la solidez del mecanismo que sostiene la acumulación de divisas y en lo que el mercado empieza a descontar cuando se acelera la demanda de cobertura.
El punto de partida es la dinámica de reservas. La capacidad del Banco Central para comprar dólares de manera sostenida se transformó en una variable que el mercado monitorea día a día. No solo por su impacto directo sobre el stock de divisas, sino porque condiciona el humor inversor, la evolución de los bonos soberanos y el margen de acción de la política cambiaria. A ese plano visible del mercado contado se suma otro, menos evidente pero igual de relevante: el de los instrumentos de cobertura, que suelen anticipar tensiones o cambios de estrategia antes de que se reflejen en el tipo de cambio.
En ese contexto, las compras en el mercado oficial aparecieron como la señal más clara. La autoridad monetaria extendió su racha compradora a 18 jornadas consecutivas, con una adquisición diaria que, más allá del número puntual de cada rueda, destaca por su continuidad. En términos acumulados, enero mostró un volumen superior a los US$1.000 millones, un ritmo que el mercado interpreta como un ancla de expectativas. La lectura predominante es que no se trata de una foto aislada, sino de un flujo que, mientras se sostenga, valida un cambio en el comportamiento de los inversores.
Ese cambio se reflejó en la demanda por activos en dólares y en una compresión del riesgo país, a medida que parte del mercado dejó atrás una postura de espera y comenzó a rearmar posiciones. Sin embargo, junto con esa mejora apareció una señal que reabrió interrogantes: el salto en los volúmenes de cobertura cambiaria. Las letras ajustables por tipo de cambio y el mercado de futuros registraron operaciones inusualmente elevadas, especialmente en algunos vencimientos puntuales, lo que volvió más sensible la lectura de corto plazo.
La explicación técnica incluye factores como vencimientos cercanos y estrategias previas del propio Banco Central, que combinó compras en el mercado spot con la entrega de cobertura. Aun así, por escala, los montos operados cambiaron el tono de la conversación en la City. La cobertura, que muchas veces funciona como termómetro de expectativas, volvió a instalar la pregunta sobre una eventual reaparición de intervención oficial si la demanda se acelera.
Del lado de la oferta, los fundamentos aparecen más sólidos. El complejo agroexportador mantuvo en enero un ritmo de liquidación elevado, aportando un flujo constante de divisas. A eso se suman las colocaciones de deuda en moneda extranjera, tanto de empresas como de provincias, que vienen alimentando la cuenta capital y financiera. Parte de esos dólares ya ingresó al mercado, y otra parte permanece como oferta potencial, extendiendo en el tiempo el sostén para la acumulación de reservas.
Esa composición de flujos es clave para entender el equilibrio actual. Con una cuenta corriente que sigue mostrando déficit al incorporar servicios e ingresos primarios, la acumulación de reservas netas depende en buena medida de la continuidad de las emisiones y de la inversión extranjera. En ese esquema, mayores ingresos por la cuenta financiera reducen la presión que el proceso de acumulación ejerce sobre el tipo de cambio real, especialmente si existe una demanda de pesos que acompañe.
El trade-off aparece cuando se incorpora la inflación a la ecuación. La acumulación de reservas es vista como un factor virtuoso, pero también puede limitar, en el margen, el proceso de desinflación. El pass-through cambiario, aunque más distribuido en el tiempo, sigue presente y obliga a mirar con atención la evolución de los precios. En un esquema de bandas ajustables con rezago, la clave pasa por evitar un deterioro sostenido del techo en términos reales, algo que solo sería posible con una inflación que retome un sendero descendente.
En síntesis, el mercado parece haber entrado en una etapa donde ya no alcanza con mirar el nivel del dólar. La atención está puesta en la consistencia del flujo de reservas, en las señales que envía la cobertura y en cómo interactúan esas variables con la inflación y el riesgo país. Es en ese equilibrio, todavía frágil, donde se juegan las expectativas de corto y mediano plazo.




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