


La industria textil, entre el derrumbe productivo y el debate por el fin de la protección
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
- La industria textil registra una caída productiva histórica y lidera el retroceso industrial.
- Luis Caputo cuestionó el esquema de protección y el impacto de los altos precios en los consumidores.
- La utilización de la capacidad instalada cayó a niveles récord, con más del 70% de las máquinas paradas.
- El empleo formal se redujo 15% desde fines de 2023, con más de 18.000 puestos perdidos.
- En menos de dos años cerraron 558 empresas del sector, con fuerte impacto en indumentaria y calzado.
- El consumo crece, pero se abastece crecientemente con importaciones, reduciendo la participación local.
La industria textil argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Con niveles inéditos de capacidad ociosa, una caída profunda del empleo formal y un avance sostenido de las importaciones que reemplazan producción local, el sector se convirtió en un símbolo del deterioro estructural de parte del entramado industrial. En ese escenario, los reclamos empresariales por una baja de impuestos para recuperar competitividad chocaron con una postura contundente del ministro de Economía, Luis Caputo, que reavivó una discusión de fondo sobre el modelo productivo.
Durante una entrevista radial, el titular del Palacio de Hacienda cuestionó de manera directa el esquema de protección histórica del sector textil. Señaló que durante años la actividad funcionó bajo un régimen que trasladó costos elevados al conjunto de la población y sostuvo que los precios de la indumentaria y el calzado llegaron a ubicarse hasta diez veces por encima de los valores internacionales. Según su visión, ese esquema terminó perjudicando especialmente a los sectores de menores ingresos.
Caputo también puso el foco en la distribución de los beneficios generados por ese modelo. Afirmó que los trabajadores no fueron los principales ganadores y que el mayor rédito quedó concentrado en los dueños de las empresas, favorecidos por un mercado cerrado y precios altos. En ese marco, planteó que una reducción del costo de la ropa permitiría liberar recursos para el consumo en otros sectores de la economía y sostuvo que el desafío hacia adelante pasa por competir en diseño y valor agregado, más que en protección estatal.
Más allá del debate político, los datos productivos reflejan la magnitud de la crisis. En noviembre de 2025, la industria textil registró una caída interanual del 36,7%, y si se compara con el mismo mes de 2023, el retroceso alcanza el 47,6%. Se trata del peor desempeño entre todos los sectores industriales. En el acumulado de enero a noviembre, la producción se contrajo 6,4% interanual y quedó 23,5% por debajo de los niveles de dos años atrás, lo que confirma un proceso de deterioro persistente.
La situación no es exclusiva de los textiles básicos. La fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado también muestra números en rojo. En noviembre, ese rubro cayó 17,6% interanual y acumula una baja cercana al 20% frente a 2023. En términos anuales, la contracción ronda el 3,5%, en un contexto en el que la industria manufacturera en su conjunto retrocedió 8,7%, dejando al textil como el sector de peor desempeño relativo.
El uso de la capacidad instalada expone con crudeza el parate productivo. En noviembre, la industria textil operó con apenas 29,2% de utilización, el nivel más bajo del conjunto industrial. En términos prácticos, siete de cada diez máquinas permanecieron sin uso. En el promedio del año, la utilización se ubicó en 40,6%, casi 30 puntos por debajo del promedio general de la industria.
El impacto sobre el empleo fue directo. Desde diciembre de 2023, el sector perdió el 15% de sus puestos de trabajo formales, lo que equivale a más de 18.000 empleos. Con poco más de 102.000 trabajadores registrados, la actividad muestra la mayor contracción porcentual entre todos los sectores productivos, incluso por encima de la construcción. A eso se suma el cierre de 558 establecimientos en menos de dos años, una caída del 9% del total de empresas, con especial impacto en cuero, calzado e indumentaria.
Paradójicamente, el consumo no desapareció. En 2025, las ventas reales de prendas y calzado crecieron con fuerza en supermercados, pero gran parte de esa demanda fue cubierta por productos importados. El resultado es una creciente desconexión entre consumo y producción local, que expone los límites del esquema previo y acelera el debate sobre el futuro de una industria clave en un contexto de mayor apertura y competencia.





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