Pullaro y la política del orden: cuando los números empiezan a desmentir el relato del miedo

POLÍTICA Por Juan Palos
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Mientras algunos todavía viven de la queja permanente y del discurso catastrofista, la realidad empieza a mostrar otra cosa en la provincia de Santa Fe: el delito se derrumba y los homicidios tocan mínimos históricos. No es magia. No es casualidad. Es decisión política.

El gobernador Maximiliano Pullaro lo dijo sin rodeos durante la reunión semanal de análisis criminal: “Estamos haciendo algo que nadie esperaba: un derrumbe del delito a niveles históricos. Y es producto de no darle un milímetro de ventaja a la delincuencia”. Una frase que incomoda a los garantistas de escritorio y a los que durante años naturalizaron el caos.

Los datos son contundentes. A casi dos meses de iniciado 2026, la provincia registra apenas 15 homicidios, cuando en igual período de 2023 había 73. Enero cerró con solo 12 asesinatos, el número más bajo de los últimos 25 años. No es una percepción: es estadística dura.

El encuentro fue encabezado por Pullaro junto al ministro de Justicia y Seguridad, Pablo Cococcioni, el jefe de Policía provincial, Luis Maldonado, y equipos técnicos que monitorean semanalmente la evolución del delito en las principales ciudades. Una mesa de trabajo que rompe con la improvisación y apuesta a la gestión basada en información.

Desde el Ministerio de Seguridad, la secretaria de Gestión Institucional, Virginia Coudannes, fue clara: “Se armó un grupo homogéneo entre policías de calle y analistas. Estamos avanzando hacia una forma moderna de gestionar la prevención del delito”. Tecnología, patrullaje inteligente, revisión permanente de datos y participación ciudadana a través del 911. Estado presente, pero con método.

En Rosario y en la ciudad de Santa Fe los indicadores confirman la tendencia. En la capital provincial, febrero transcurre sin homicidios, algo impensado en años anteriores, cuando se contaban hasta ocho muertes en el mismo período. Los heridos por hechos violentos bajaron un 33% y los delitos predatorios —robos y hurtos— se redujeron en más de un 30%.

Detrás de estos números hay inversión concreta: móviles nuevos, chalecos, armas, uniformes, estaciones policiales, cárceles y trabajo coordinado con el Ministerio Público de la Acusación. Pullaro heredó una provincia con apenas diez patrulleros operativos en algunas ciudades y hoy muestra un sistema reforzado y activo.

Los indicadores se siguen en 13 ciudades estratégicas y en las 19 unidades regionales se despliegan programas específicos según el tipo de delito. No hay recetas mágicas, hay gestión constante.

En tiempos donde muchos prefieren hacer política con el miedo, Santa Fe empieza a demostrar que el orden también puede ser una política pública. Y que gobernar no es declamar: es enfrentar a la delincuencia sin complejos, sin excusas y sin relatos.

Porque cuando el Estado deja de titubear, el delito retrocede. Y eso, aunque a algunos les moleste, es una verdad que hoy se mide en números.
 

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