Pullaro ensaya su rol opositor y apunta a la Casa Rosada

POLÍTICA Jorge Levin

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JORGE LEVIN
Por Jorge Levin

En política casi nada es casual. Mucho menos cuando un gobernador decide hablar largo y tendido con un diario nacional y elegir con precisión cada una de sus palabras. El reportaje que el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, concedió a La Nación deja al descubierto algo que hasta ahora se insinuaba en voz baja en los pasillos de la política: su voluntad de ubicarse, lenta pero firmemente, en la vereda opuesta a Javier Milei.

Pullaro mantiene con el Presidente una relación ambigua. Reconoce avances del gobierno libertario —como el ordenamiento fiscal o la baja de la inflación— y admite que mantiene diálogo directo con Milei. Pero, al mismo tiempo, cada vez que puede deja caer críticas que parecen más pensadas para posicionarse políticamente que para aportar soluciones concretas.

El gobernador santafesino advierte sobre un supuesto deterioro de la economía y afirma que “la gente no llega a fin de mes”. Sin embargo, sus cuestionamientos parten de una mirada que recuerda más al viejo manual del radicalismo económico que a una lectura moderna de la realidad. Desde esa lógica insiste en defender a la industria protegida, cuestiona la apertura comercial y reclama una suerte de “shock productivo” que, en los hechos, no es muy distinto de las recetas que Argentina viene aplicando —con resultados discutibles— desde hace décadas.

Resulta llamativo que esas críticas surjan en medio de un proceso de estabilización macroeconómica que pocos se animaron a intentar antes. El modelo impulsado por Milei —con equilibrio fiscal, reducción del gasto público y desregulación— logró frenar una inflación que parecía descontrolada y ordenar variables que durante años fueron terreno fértil para el populismo.

Pullaro parece reconocer esos logros, pero inmediatamente intenta relativizarlos. Su argumento es que el modelo “no genera empleo ni crecimiento”. Sin embargo, su planteo omite un dato elemental: los procesos de estabilización económica suelen tener costos iniciales antes de que aparezcan los resultados de largo plazo. Pretender que la recuperación llegue de manera instantánea es, como mínimo, una simplificación peligrosa.

Detrás de esas críticas aparece también una construcción política. Pullaro forma parte del armado de Provincias Unidas, junto al cordobés Martín Llaryora y el exgobernador Juan Schiaretti, un espacio que busca posicionarse como una tercera vía entre el kirchnerismo y el libertarismo.

En ese esquema, el mandatario santafesino apuesta a levantar las banderas del “modelo productivo”, una consigna que suena bien en el discurso pero que todavía carece de una propuesta económica concreta que la sostenga. No es casual que también haya dejado abierta la puerta a un eventual acuerdo con Mauricio Macri, en lo que parece ser un intento de ampliar esa alternativa política hacia 2027.

La entrevista también dejó entrever otro aspecto: Pullaro habla como si ya estuviera pensando en una discusión nacional. Aunque intenta esquivar la pregunta sobre una eventual candidatura presidencial, su discurso está claramente dirigido a ese escenario.

No lo dice abiertamente, pero cada frase parece apuntar en esa dirección.

Así, mientras asegura estar concentrado en los problemas de Santa Fe, el gobernador empieza a caminar por el delicado equilibrio que muchos políticos argentinos intentaron antes: gobernar una provincia mientras construyen un proyecto presidencial.

El problema es que esa estrategia suele tener un costo. Porque cuando la ambición nacional aparece demasiado temprano, la gestión local corre el riesgo de convertirse en un simple trampolín político.

Y en política, como en la vida, los trampolines a veces impulsan hacia arriba… pero otras terminan lanzando al vacío.

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