


Crisis energética global y cambio de modelo: la Argentina enfrenta un invierno desafiante por el GNL
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
- La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a generar fuerte volatilidad en los mercados energéticos internacionales.
- El precio del petróleo Brent se acerca a los 100 dólares por barril mientras el mercado global del GNL enfrenta tensiones logísticas.
- El aumento del 70% en el indicador europeo TTF encareció el gas que la Argentina necesita importar para el invierno.
- El Gobierno decidió transferir la gestión de las importaciones de GNL a un operador privado mediante una licitación internacional.
- El nuevo esquema implica que el comercializador asuma los riesgos financieros y de mercado que antes recaían en el Estado.
- A pesar del crecimiento de la producción local de gas, el país todavía depende del mercado internacional para cubrir los picos de demanda invernal.
La creciente volatilidad en los mercados energéticos internacionales volvió a poner presión sobre la planificación energética de la Argentina, justo cuando el país se prepara para atravesar el próximo invierno. El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente no solo generó un fuerte impacto en el precio del petróleo, sino que también alteró el comercio global de Gas Natural Licuado (GNL), un recurso del que la Argentina sigue dependiendo durante los picos de consumo estacional.
La tensión internacional impulsó el valor del crudo y llevó al Brent a acercarse nuevamente a los 100 dólares por barril, un umbral que suele funcionar como referencia de alarma para los mercados. Sin embargo, el impacto más sensible para el sistema energético argentino se observa en el mercado del gas licuado, que enfrenta mayores dificultades logísticas y una oferta más concentrada.
Uno de los factores determinantes fue la situación en el Estrecho de Ormuz, una vía marítima clave por la que circula cerca del 20% del comercio global de petróleo y gas. Las restricciones en esa zona generaron complicaciones en los despachos desde Qatar, uno de los principales exportadores mundiales de GNL, lo que a su vez impulsó un fuerte aumento en los precios internacionales del gas.
El indicador TTF de Europa, referencia habitual para las compras de GNL que realiza la Argentina, registró un salto cercano al 70% entre el 24 de febrero y el 6 de marzo. Este movimiento obliga a recalcular rápidamente los costos del combustible que el país necesita importar para abastecer la demanda durante los meses más fríos del año.
En paralelo, la Argentina atraviesa un cambio estructural en la forma de gestionar esas importaciones. A partir del Decreto 49/2026, el Gobierno dispuso la desregulación del sistema mediante la incorporación de un nuevo actor privado que asumirá el rol de “agregador-comercializador” en el mercado de GNL.
Esta figura reemplaza la función que históricamente desempeñaba la empresa estatal Enarsa en la adquisición de cargamentos. El operador privado seleccionado a través de una licitación internacional deberá encargarse tanto de la compra del gas como de la logística de los buques regasificadores y del financiamiento de las operaciones.
El nuevo esquema implica un cambio significativo en la distribución de riesgos dentro del sistema energético. Mientras que en el modelo anterior la mayor parte de la exposición financiera recaía sobre el Estado, ahora el sector privado deberá enfrentar directamente las fluctuaciones de precios del mercado internacional.
La situación resulta especialmente compleja debido al desfasaje temporal que caracteriza a este negocio. El operador debe cerrar los contratos de compra durante los meses de marzo y abril, cuando todavía es imposible prever con certeza cómo evolucionarán los precios internacionales o cuán riguroso será el invierno.
Ese gas, sin embargo, se comercializa en el mercado interno varios meses después, cuando se produce el pico de consumo. Si los precios internacionales continúan en alza, el comercializador podría obtener una renta extraordinaria. Pero si el mercado se estabiliza o baja, el operador podría enfrentar pérdidas considerables.
A esa incertidumbre se suma otro factor clave: el precio final del gas vendido en el mercado interno depende de una estructura tarifaria que no siempre se ajusta con la misma rapidez que los valores internacionales. Este desajuste puede generar tensiones financieras para la empresa encargada de las importaciones.
El mecanismo de licitación diseñado por el Gobierno busca incentivar la eficiencia al seleccionar la oferta con la menor tarifa expresada en dólares por unidad de energía. Sin embargo, esa lógica también reduce el margen de error para el operador, que deberá administrar con precisión tanto el riesgo cambiario como las fluctuaciones del mercado.
Ante este escenario, la Secretaría de Energía incluyó una cláusula que permite al Estado intervenir en caso de que surjan dificultades para garantizar el suministro. Esa disposición habilita la compra de cargamentos adicionales si el operador privado no logra cubrir completamente la demanda.
La magnitud del mercado en juego no es menor. En 2024 la Argentina importó 30 cargamentos de GNL por un total cercano a 672 millones de dólares, mientras que en 2025 el número de buques se mantuvo en niveles similares, aunque con un costo total cercano a los 740 millones.
Si bien el crecimiento de la producción local y la ampliación de la infraestructura de transporte redujeron la dependencia energética, el país aún necesita recurrir al mercado internacional durante los meses de mayor consumo.
En ese contexto, el próximo invierno marcará el debut de un nuevo esquema de gestión para el abastecimiento de gas, en medio de un escenario internacional particularmente inestable.









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