


Irán apuesta al desgaste: la estrategia para resistir la guerra y presionar a Estados Unidos e Israel
INTERNACIONALES
Agencia 24 NoticiasMientras el conflicto en Medio Oriente continúa escalando, la estrategia de Irán parece centrarse menos en una victoria militar inmediata y más en sostener una guerra prolongada que desgaste a sus adversarios. Según analistas y fuentes cercanas al poder iraní, Teherán busca convertir el enfrentamiento con Estados Unidos y Israel en una batalla de resistencia que impacte en la economía global y aumente los costos políticos para sus rivales.
La táctica se basa en ataques constantes con misiles y drones, junto con amenazas sobre rutas energéticas estratégicas. El objetivo sería provocar turbulencias en los mercados internacionales y presionar a Washington para que busque una salida al conflicto.
A pesar de los duros bombardeos sufridos y de la pérdida de dirigentes clave, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) continúa siendo el actor central dentro del aparato de poder iraní. La organización mantiene el control de las operaciones militares, coordina la estrategia de guerra y ejecuta planes diseñados antes del inicio de la confrontación.
El rol de la Guardia Revolucionaria
La influencia de la Guardia también se reflejó en la transición política que siguió a la muerte del líder supremo Alí Khamenei durante los primeros ataques. Tras ese hecho, su hijo, Mojtaba Khamenei, fue elevado al máximo cargo del sistema político iraní con el respaldo del aparato militar.
Para distintos especialistas, el conflicto tiene un carácter existencial para el régimen iraní. El académico Fawaz Gerges, de la London School of Economics, sostiene que las autoridades iraníes consideran que su propia supervivencia está en juego. En esa línea, el investigador Alex Vatanka, del Middle East Institute, describió la situación con una metáfora contundente: un adversario herido puede volverse aún más peligroso.
Esta lógica explica los ataques iraníes contra instalaciones energéticas en distintos puntos del Golfo Pérsico, con objetivos que van desde Catar hasta Arabia Saudita. La intención sería ampliar el impacto económico del conflicto y poner a prueba la capacidad de respuesta de las potencias occidentales.
Una guerra que podría prolongarse
Desde Washington, el presidente Donald Trump aseguró ante legisladores que las operaciones militares continuarán hasta lograr una derrota total de Irán, aunque expresó su expectativa de que el conflicto finalice en un plazo relativamente corto.
Sin embargo, distintos analistas advierten que el escenario podría extenderse más de lo previsto. Una de las claves será la capacidad de Irán para sostener su campaña de misiles, considerada el eje central de su estrategia militar.
El investigador Mohannad Hage Ali, del Carnegie Middle East Center, señala que todavía existe incertidumbre sobre el tamaño real del arsenal iraní. Funcionarios estadounidenses aseguran que una parte significativa fue destruida, pero fuentes regionales estiman que Teherán podría conservar más de la mitad de sus misiles previos a la guerra. De ser así, el país podría mantener ataques durante varias semanas más.
Un país en modo economía de guerra
Mientras tanto, dentro de Irán se registran cambios que reflejan una preparación para un conflicto prolongado. Observadores locales describen una aceleración en la logística económica, con mercancías que se liberan rápidamente en los puertos para asegurar el abastecimiento.
Las autoridades buscan mantener el funcionamiento del Estado y garantizar las cadenas de suministro en medio de la presión internacional. En paralelo, la Guardia Revolucionaria refuerza su influencia sobre las estructuras gubernamentales.
A pesar de los bombardeos, las señales de fractura interna parecen limitadas por ahora. De acuerdo con observadores en Teherán, la vida cotidiana continúa con relativa normalidad: comercios y bancos siguen abiertos y no se registran movimientos masivos de población fuera de la capital.
Incluso algunos analistas advierten que los ataques externos podrían estar generando un efecto contrario al esperado por Washington y Jerusalén, fortaleciendo el sentimiento de unidad nacional frente a una amenaza externa.
La gran incógnita del conflicto
Con el paso de los días, la guerra parece transformarse en una prueba de resistencia para ambos bandos. La pregunta central, según varios analistas internacionales, es cuál de las partes cederá primero ante el costo económico, político y militar del enfrentamiento.
El aumento del precio del petróleo y del gas ya comienza a generar tensiones en la economía global y en el escenario político estadounidense, especialmente en un año marcado por las elecciones legislativas.
Para Teherán, sin embargo, el objetivo podría ser más simple: sobrevivir. Incluso si parte de su infraestructura estratégica resulta destruida, el liderazgo iraní podría presentar la mera continuidad del régimen como una victoria frente a una coalición militar superior.
En ese escenario, el resultado final del conflicto podría dejar un país debilitado pero aún en pie. Y, según advierten especialistas, un Irán herido podría convertirse en un actor todavía más impredecible en el tablero geopolítico de Medio Oriente.






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