



En política hay cosas que se dicen en voz baja… hasta que dejan de ser secreto. Y eso es exactamente lo que pasó con Lisandro Mársico: quiere ser intendente de Rafaela y ya no se molesta en disimularlo. Lo que antes era un rumor de pasillo, hoy es una decisión política en marcha.
Hace apenas dos semanas, según reconstruyó este medio, Mársico recibió un llamado que no fue uno más. Del otro lado, un dirigente de máxima confianza del gobernador Maximiliano Pullaro. No un operador menor, no un intermediario improvisado: alguien que habla en nombre del poder.
La conversación fue directa, sin anestesia:
“Lisandro, tenemos una encuesta de Rafaela que te da muy bien. Te medimos con Leonardo Viotti y con Fabricio Dellasanta. El resultado es contundente: les sacás varios puntos de ventaja. Pero además, tu imagen positiva y tu nivel de conocimiento son muy altos. Maxi quiere hablar con vos, te quiere de candidato y está dispuesto a acompañarte incluso en una PASO con Viotti. Te esperamos en Santa Fe”.
Así, sin rodeos. Así se cocina el poder.
Porque si hay algo que nunca fue un misterio es la pésima relación entre Maximiliano Pullaro y Leonardo Viotti. Es una convivencia forzada, de esas que en política se sostienen con alambre mientras conviene. Pero el gobernador no olvida. Y menos aún cuando siente que hubo traiciones. Hoy las diferencias son insalvables, aunque las sonrían en público.
Rafaela, para Pullaro, no es una ciudad más. Es una pieza clave en su tablero reeleccionista. Por eso juega fino, mide, especula… y espera. Hasta que el candidato esté definido, seguirá “fingiendo demencia”, como lo viene haciendo desde diciembre de 2023. Pero el movimiento real ya empezó.
Del otro lado, Lisandro Mársico también tomó una decisión: despegarse. Y lo está haciendo sin medias tintas. La relación con Leonardo Viotti está rota. No es una metáfora: no hay diálogo, no hay puentes, no hay siquiera un saludo. A fin de año, Mársico le escribió. Viotti ni respondió. Visto y silencio. En política, eso también es un mensaje.
Pero hay algo más profundo. Más estructural.
Mársico no solo piensa en ser candidato. Piensa en un gobierno. Y en ese esquema, sorprendentemente, aparecen nombres del propio entorno de Viotti. Sí, del mismo espacio. Porque el problema —según coincide Lisandro Mársico— no sería el equipo, sino el conductor.
Uno de los nombres que más ruido hace es el de Germán Bottero. Días atrás, fuera de Rafaela, se cruzó con Mársico. Café de por medio. Charla larga. Coincidencias muchas. Casualidad, dicen algunos. Señal, creen otros.
El propio Mársico lo resume con crudeza ante sus íntimos:
“El problema en Rafaela no son los funcionarios de Viotti. La mayoría son competentes. El problema es Viotti. Su tozudez es su peor enemigo. Hoy la ciudad no está bien”.
No es una frase al pasar. Es una definición política.
Mársico ya blanqueó su ambición, se diferencia cada vez más, tiene el guiño del poder provincial y hasta un plan de gobierno en elaboración. No está improvisando. Está construyendo.
La campaña 2027 ya comenzó, aunque los políticos —como de costumbre— hagan lo imposible por disimularla.











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