La seguridad vial no se compra con impuestos, se construye con gestión

RAFAELA Por Carlos Zimerman

hoy

Mientras la Municipalidad de Rafaela encuentra siempre una excusa para aumentar tasas e impuestos, hay una obligación básica que sigue incumpliendo: proteger la vida de quienes circulan por las calles de la ciudad.

No hace falta recaudar un peso más para tener una política seria de seguridad vial. Hace falta capacidad, decisión política y funcionarios que entiendan cuál es su responsabilidad. Y hoy, lamentablemente, no hay nada de eso.

Los accidentes de tránsito se suceden prácticamente todos los días. Motociclistas que circulan sin casco, automovilistas que consideran que la senda peatonal es apenas una pintura sobre el asfalto, excesos de velocidad en avenidas y calles barriales, menores conduciendo motocicletas y controles que aparecen una semana para desaparecer durante meses.

La sensación es que la política de seguridad vial de Rafaela simplemente no existe.

Mientras tanto, Leonardo Viotti y Germán Bottero parecen estar pintados. La ciudad necesita conducción y recibe silencio. Necesita presencia y obtiene ausencia. Necesita planificación y encuentra improvisación.

La seguridad vial no puede depender de operativos aislados preparados para la foto. Los controles deben tener presencia, permanencia y rigurosidad. Cuando un conductor sabe que un control aparece dos días y luego desaparece durante semanas, el mensaje que recibe es muy claro: puede volver a hacer lo que quiera.

Y eso es exactamente lo que ocurre.

Las motocicletas protagonizan buena parte de los siniestros. No todas por culpa exclusiva de sus conductores, pero sí porque existe una cultura de incumplimiento que nadie combate seriamente. El uso del casco sigue siendo parcial, muchas motos circulan con dos o tres ocupantes, otras sin patente visible y muchas desarrollan velocidades incompatibles con una ciudad de poco más de cien mil habitantes.

Pero sería un error cargar toda la responsabilidad sobre los motociclistas.

También abundan los automovilistas que estacionan sobre las sendas peatonales, doblan sin respetar al peatón, utilizan el celular mientras conducen o aceleran como si las calles fueran un circuito de carreras.

La ley existe. Lo que falta es hacerla cumplir.

Rafaela necesita una política integral

La solución tampoco requiere inventar nada extraordinario. Otras ciudades medianas ya demostraron que se puede reducir la siniestralidad cuando existe decisión política.

Rafaela debería comenzar, como mínimo, por implementar:

• Controles permanentes y rotativos durante todo el año, no operativos esporádicos.

• Presencia diaria de inspectores en las esquinas y avenidas con mayor índice de accidentes.

• Tolerancia cero para quienes circulen sin casco o transporten menores incumpliendo las normas.

• Controles estrictos de velocidad mediante radares móviles y operativos sorpresivos.

• Educación vial obligatoria en todas las escuelas, desde edades tempranas, acompañada por campañas permanentes y no solamente durante la Semana de la Seguridad Vial.

• Señalización horizontal y vertical en condiciones, con sendas peatonales visibles e iluminación adecuada en las intersecciones más peligrosas.

• Publicación mensual de estadísticas, indicando dónde ocurren los accidentes, cuáles son sus causas y qué medidas concretas adopta el municipio para evitarlos.

• Un mapa de puntos críticos, para intervenir inmediatamente en aquellas esquinas donde los siniestros se repiten una y otra vez.

No se trata de perseguir al vecino para recaudar multas. Se trata de evitar que una familia reciba el llamado que nadie quiere recibir.

Cada accidente grave representa un fracaso del Estado. Algunos serán inevitables. Muchos otros podrían prevenirse.

Y allí aparece la pregunta incómoda.

¿Dónde está la Secretaría que debería liderar esta tarea? ¿Dónde está el intendente? ¿Dónde están los responsables políticos cuando las estadísticas muestran que el problema crece?

Porque gobernar no consiste únicamente en inaugurar plazas, pintar cordones o publicar fotografías en las redes sociales.

Gobernar también es prevenir. Gobernar es controlar. Gobernar es cuidar la vida.

Hoy la Municipalidad parece haber renunciado a esa responsabilidad.

Y mientras la política mira hacia otro lado, los accidentes siguen acumulando heridos, discapacidades permanentes y muertes que, en muchos casos, pudieron haberse evitado.

La seguridad vial no necesita más discursos ni más impuestos.

Necesita funcionarios que salgan de sus oficinas y entiendan que cada control que no se hace puede terminar costando una vida.

ÚLTIMAS NOTICIAS
Te puede interesar
Lo más visto
PERIODISMO INDEPENDIENTE