La disputa por el mérito de la misión Artemis II reaviva el cruce entre ciencia y política
- El Gobierno celebró la participación argentina en la misión Artemis II de la NASA.
- Malena Galmarini cuestionó que el Ejecutivo se atribuya un logro gestado en gestiones anteriores.
- La senadora recordó que el proyecto Atenea fue desarrollado por organismos estatales y universidades públicas.
- Señaló que la adhesión a los Acuerdos Artemis se inició en 2023, antes del cambio de gobierno.
- Denunció recortes presupuestarios y ajuste sobre el sistema científico nacional.
- La disputa expone una tensión más amplia sobre el rol del Estado y la ciencia pública.
El anuncio oficial sobre la participación argentina en la misión Artemis II de la NASA abrió un nuevo frente de controversia política. Esta vez, el eje no estuvo puesto en la política económica ni en el Congreso, sino en el terreno simbólico de la ciencia y la tecnología. La senadora provincial bonaerense Malena Galmarini cuestionó con dureza al Gobierno nacional y acusó al presidente Javier Milei de apropiarse de un logro que, según afirmó, es el resultado de años de inversión pública y gestiones previas.
El cruce se produjo luego de que la Oficina del Presidente difundiera un comunicado celebrando la inclusión de la Argentina en el programa lunar estadounidense, destacándolo como una señal de eficiencia y de reposicionamiento internacional bajo la nueva administración. Galmarini respondió con un extenso mensaje en redes sociales, de tono crítico e irónico, en el que rechazó el relato oficial y puso el foco en los antecedentes del proyecto.
Según la legisladora peronista, la participación argentina en Artemis II no puede explicarse como una consecuencia directa del actual gobierno. Por el contrario, sostuvo que se trata de un proceso iniciado mucho antes del recambio presidencial, con planificación técnica, acuerdos diplomáticos y una fuerte presencia del Estado. “Colgarse del trabajo de otros no es una política científica”, sintetizó, en una frase que rápidamente se viralizó y ordenó el sentido de su crítica.
En su argumentación, Galmarini recordó que el desarrollo del microsatélite Atenea tiene raíces profundas en el sistema científico nacional. Mencionó como antecedente el proyecto USAT-1, impulsado desde la Universidad Nacional de La Plata, y subrayó que la adhesión argentina a los Acuerdos Artemis se gestó en 2023, durante la gestión anterior, a partir de contactos formales con la NASA. Para la senadora, esos hitos son omitidos deliberadamente en la narrativa oficial.
El señalamiento no se limitó a la disputa por el mérito político. Uno de los ejes centrales de su mensaje estuvo vinculado al financiamiento y al rol del Estado. Galmarini remarcó que el satélite Atenea fue desarrollado íntegramente por organismos públicos y universidades nacionales, entre ellas la CONAE, la CNEA, la UBA, la UNSAM y la UNLP. Instituciones que, según denunció, hoy atraviesan un contexto de recortes presupuestarios y restricciones operativas.
Desde esa perspectiva, la senadora cuestionó el contraste entre el anuncio celebratorio y la situación concreta del sistema científico. A su entender, el reconocimiento internacional llega “a pesar del ajuste” y no como consecuencia de una nueva política de impulso a la ciencia y la tecnología. En ese punto, puso en duda la coherencia del discurso oficial que asocia la misión Artemis II con una supuesta reorientación eficiente del gasto público.
El trasfondo del debate excede el caso puntual del programa espacial. La polémica expone una tensión más amplia sobre el modelo de desarrollo científico y el lugar del Estado en la generación de capacidades estratégicas. Para el peronismo, la ciencia pública es un activo de largo plazo que requiere continuidad, inversión y políticas sostenidas. Para el Gobierno nacional, en cambio, la narrativa apunta a mostrar resultados internacionales como parte de un cambio de rumbo general, aun cuando esos procesos tengan un origen anterior.
El cierre del mensaje de Galmarini apeló a una consigna clásica del peronismo: “La única verdad es la realidad”. Con esa frase, buscó reforzar la idea de que los logros científicos no pueden desligarse de su historia ni de quienes los hicieron posibles, en este caso, trabajadores del Estado, investigadores y universidades públicas.
La controversia deja en evidencia que, incluso en ámbitos tradicionalmente ajenos a la disputa partidaria, la política argentina encuentra nuevos escenarios de confrontación. La misión Artemis II, pensada para explorar el espacio, terminó orbitando en el centro de una discusión terrenal: quién se apropia del mérito y qué modelo de país se proyecta detrás de cada relato.