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Autos chinos, geopolítica y modelo productivo: el cruce entre Pichetto y Caputo expone tensiones de fondo

  • Pichetto cuestiona la importación de autos chinos por razones geopolíticas y de política exterior.
  • Advierte que los subsidios estatales chinos distorsionan la competencia y dañan industrias locales.
  • Caputo defiende la medida con argumentos técnicos y productivos.
  • El Gobierno sostiene que la importación es acotada y no compite con la producción nacional.
  • Se busca bajar precios y ampliar la oferta de vehículos híbridos y eléctricos.
  • El cruce refleja tensiones más amplias sobre el rumbo productivo y la inserción internacional de la Argentina.

El debate por la importación de autos chinos volvió a poner en primer plano una discusión que excede largamente a la industria automotriz. El cruce público entre el diputado Miguel Ángel Pichetto y el ministro de Economía, Luis Caputo, dejó al descubierto diferencias sobre el rumbo productivo, la inserción internacional de la Argentina y la coherencia de su política exterior en un contexto global cada vez más atravesado por disputas comerciales y estratégicas.

La polémica se activó cuando Pichetto cuestionó con dureza la decisión del Gobierno de permitir la importación de vehículos de origen chino, en particular híbridos y eléctricos, sin aranceles. Para el legislador, no se trata de un debate técnico ni sectorial, sino de una definición política de mayor alcance. En un mensaje difundido en redes sociales, advirtió que la industria automotriz china opera bajo un esquema de fuertes subsidios estatales que distorsiona la competencia internacional y termina “destruyendo los mercados locales”. En ese marco, alertó que convalidar ese modelo podría dañar seriamente la relación estratégica con Estados Unidos.

Pichetto planteó la discusión en términos de política exterior y alineamientos globales. A su entender, la apertura a productos chinos en sectores sensibles envía señales contradictorias en un momento en el que Washington y Pekín compiten abiertamente por liderazgo económico y tecnológico. “No es un debate sobre autos”, insistió, al señalar que la Argentina corre el riesgo de quedar atrapada en una lógica comercial que no distingue entre precios bajos coyunturales y consecuencias estructurales de largo plazo.

La respuesta de Caputo no tardó en llegar y buscó bajar el tono político del intercambio, enfocándose en aspectos técnicos y productivos. El ministro recordó que la Argentina produce actualmente solo dos modelos de autos, mientras que su especialización histórica está concentrada en la fabricación de camionetas, de las cuales alrededor del 70% se exporta. En ese contexto, sostuvo que la importación de vehículos híbridos y eléctricos no compite de manera directa con la producción local.

Caputo detalló que la medida fue consensuada con las terminales automotrices y que establece un tope anual de 50.000 unidades, de las cuales solo la mitad puede ser de origen chino. Ese volumen, explicó, representa menos del 5% de los patentamientos proyectados para 2025. Según el ministro, el objetivo central fue generar competencia para reducir precios, que en los últimos años se habían desalineado de los valores regionales.

Desde la óptica del Gobierno, la política tuvo efectos positivos adicionales. Caputo señaló que incentivó el desarrollo de infraestructura eléctrica, abrió la puerta a proyectos de producción local de camionetas eléctricas y amplió la oferta para los consumidores, que ahora pueden acceder a vehículos con nuevas tecnologías y menores costos de mantenimiento. “Ha sido una medida que ha beneficiado a los argentinos y a la propia industria”, afirmó.

Sin embargo, Pichetto volvió a marcar distancia y sostuvo que el problema no se agota en el impacto inmediato sobre precios o variedad de modelos. Su preocupación apunta al rumbo estratégico: el equilibrio entre apertura comercial, defensa del aparato productivo y alineamientos internacionales. En ese sentido, advirtió que la política exterior aparece “a la deriva”, sin una hoja de ruta clara frente a las grandes potencias.

El intercambio expone tensiones latentes dentro del oficialismo ampliado y sus aliados, donde conviven miradas distintas sobre cómo integrarse al mundo. Mientras el Gobierno prioriza la competencia, la baja de precios y la modernización tecnológica, otros sectores ponen el acento en la geopolítica, la protección frente a prácticas comerciales consideradas desleales y el vínculo con Estados Unidos.

Más allá del caso puntual de los autos chinos, el debate anticipa discusiones más profundas sobre el modelo de desarrollo, el rol del Estado frente a industrias estratégicas y la forma en que la Argentina busca posicionarse en un escenario internacional marcado por la fragmentación y la rivalidad entre bloques.