ECONOMÍA David FRENKEL

La "vía peruana" bajo la lupa: el espejo donde el Banco Central busca proyectar la estabilidad

En su más reciente informe de política monetaria, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha fijado su atención en un modelo vecino: la estabilización de Perú. El organismo destaca la exitosa reconstrucción de reservas internacionales en el país andino, un proceso que, iniciado en los años 90, se cimentó en pilares como la disciplina fiscal, la autonomía monetaria y la repatriación de capitales. Para las autoridades locales, el gran desafío reside en replicar la desdolarización financiera, logrando que el peso, al igual que el sol, vuelva a ser demandado como reserva de valor.

Expertos coinciden en que la acumulación de divisas en Perú no fue un fin en sí mismo, sino un subproducto de la credibilidad institucional. A diferencia de esquemas de devaluación forzada, el modelo peruano apostó por una flotación administrada, donde el banco central intervenía estratégicamente para mitigar la volatilidad sin defender un precio fijo del dólar. Este enfoque permitió que las reservas brutas pasaran de niveles críticos a representar casi el 30% de su Producto Bruto Interno hacia el año 2010, impulsadas también por un contexto externo favorable en los precios de los metales.

Sin embargo, la aplicación de esta receta en el ámbito local enfrenta obstáculos culturales y estructurales. Analistas advierten que, mientras en Perú el ahorro en moneda local fue una transición económica, en Argentina el atesoramiento en dólares es un fenómeno social profundamente arraigado. Además, el país necesita resultados rápidos para afrontar sus compromisos de deuda, contrastando con el horizonte de largo plazo que tuvo el proceso peruano. Actualmente, Argentina registra el peor ratio de reservas sobre PBI de la región, con apenas un 6,8%, lo que la obliga a sumar más de u$s50.000 millones para alcanzar el promedio latinoamericano.

Finalmente, el modelo peruano ofrece una lección agridulce. Si bien recientemente sus reservas netas marcaron un hito histórico al superar los u$s100.000 millones en abril de 2026, dotando a su economía de una resiliencia envidiable, la deuda social permanece abierta. El contraste es tajante: una estabilidad macroeconómica de acero convive con una profunda desigualdad, donde el sector más acaudalado concentra ingresos récord mientras millones enfrentan inseguridad alimentaria. Para Argentina, el mensaje es claro: el superávit fiscal y la acumulación de reservas son herramientas vitales para recuperar el crédito internacional, pero no garantizan por sí solas el equilibrio en el tejido social.