¿Le alcanzará a Viotti con las obras del centro para sostener sus aspiraciones reeleccionistas?
El intendente Leonardo Viotti parece haber decidido jugarse gran parte de su capital político a una estrategia muy clara: mostrar obras en el centro de la ciudad e intentar instalar una imagen de transformación urbana que le permita alimentar sus evidentes aspiraciones electorales. Y dentro de ese esquema, la recuperación de la Recova Ripamonti aparece como la obra que buscará exhibir con mayor énfasis.
El problema es que la obra todavía está lejísimos de terminarse. Pero lejísimos de verdad. Diríamos muchísimo. Aunque en tiempos donde la política vive más pendiente de las imágenes que de los resultados concretos, eso parece formar parte del decorado habitual.
También intentará subirse al impacto que podrían generar los Juegos Odesur, otro acontecimiento que seguramente será utilizado como plataforma política para intentar mostrar una ciudad moderna y en crecimiento. El inconveniente para Viotti es que la Rafaela real está bastante lejos de esa postal que pretende construir.
Porque mientras el municipio trabaja en el maquillaje del centro, la ciudad se deteriora a simple vista.
Con Viotti como intendente, Rafaela se transformó en una ciudad más sucia, más desprolija y mucho más insegura. Y no se trata solamente de percepción. Basta recorrer distintos barrios para encontrarse con abandono, falta de mantenimiento y una gestión que parece haber perdido completamente la capacidad de controlar lo cotidiano.
A eso se suma una inseguridad vial alarmante, producto de una administración sin planificación ni conducción firme. Accidentes permanentes, tránsito desordenado, ausencia de controles efectivos y una sensación creciente de caos reflejan una incapacidad de gobernar que ya no puede disimularse detrás de anuncios ni campañas de comunicación.
Porque gobernar no es sacarse fotos delante de una obra inconclusa. Gobernar es resolverle la vida al vecino. Y hoy la sensación dominante en Rafaela es exactamente la contraria.
Viotti sigue atrapado en la “chiquita”, en esa política de rosca permanente que aprendió desde sus primeros pasos: acuerdos internos, posicionamientos sectoriales, cálculo político y construcción de poder puertas adentro. Mucha política para dirigentes. Poca gestión para la gente.
Y probablemente ahí esté el verdadero problema para sus aspiraciones futuras. Porque lo que ahora está haciendo difícilmente le alcance para satisfacer sus ansias electorales. No cuando la ciudad muestra signos evidentes de deterioro y cuando cada vez más vecinos sienten que Rafaela perdió el orden y la calidad de vida que durante años la distinguieron del resto.
Las obras pueden servir para una foto. Pero la realidad cotidiana termina votando igual.