Lavacoches: Todo está como era entonces

Nada cambió, todo sigue igual, con chalecos o sin chalecos. La problemática de los lavacoches es la muestra más cabal de la ineficiencia en la administración de la cosa pública, tanto del oficialismo como de la oposición
hoy

Cuándo uno recorre las calles de la ciudad por donde habitualmente ve a lavacoches o trapitos y le consulta a la gente que piensa sobre qué hacer con esta actividad que es informal pero que existe y que al parecer no parece tender a desaparecer, hay diversas posturas y en algunos casos tienen sensaciones encontradas.
Por un lado existen los “trapitos” o “cuidacoches, por el otro los “lavacoches”, es decir, aquellos que además de cuidar el vehículo ofrecen el lavado del vehículo en la vía pública, algo que muchos miran como un guiño a la informalidad por parte de las autoridades al permitirlo y en donde hay quienes entienden que a estas personas el sistema los expulsó y no les queda otra que hacer esto.
En Rafaela la discusión se dio durante mucho tiempo sin lograr que la Ordenanza impulsada desde el oficialismo prosperase y en donde el intendente Luis Castellano decidió avanzar con un Decreto que regule la actividad y que tienda a desalentarla en el futuro. Pero en la práctica el ordenamiento quedó a mitad de camino y en un contexto socioeconómico sumamente volátil lo que no se logró antes difícilmente pueda lograrse hoy, generando muchas discusiones y pocas soluciones.
Para Juan Carlos, vecino de la ciudad no hay una única mirada en este tema: “creo que cuando se habla de los lavacoches y qué hacer con ellos, se olvidan muchos que estamos hablando de personas y hay cero sensibilidad porque a veces siento que hablan de objetos. Por otro lado entiendo a aquellas personas que tuvieron malas experiencias porque yo no digo que son todos buenos y respetuosos, pero sí que hay un montón de chicos que si se les prohíbe hacer esto no tienen que llevar a su casa, porque la vida no les dio oportunidades y ahí me pregunto a donde están los funcionarios que se rasgan las vestiduras con este tema y no se les cae una idea”.
Por su parte Analía señaló que ella no tiene nada en contra de los lavacoches pero sí ve que hay muchos que se desubican. “a mí me da tranquilidad los chicos que tienen chalecos azules y ves su nombre que los identifica, pero si recorremos las cuadras hay más sin chaleco y que te dan miedo por su actitud intimidatoria. A mí hace dos meses me tumbaron de la bici cuándo se empezaron a pegar con los trapos, cruzaron sin mirar la calle y allí me hicieron caer, y estuve enyesada porque me quebraron el brazo. No sé si la solución es sacarlos pero sí que eviten que estén aquellos que no están en ese registro que creó la municipalidad”.
En tanto Marcelo es responsable de ventas de una empresa local y circula por diferentes sectores de la ciudad y dijo al ser consultado por este tema que “yo creo que si siempre se habla de formalidad no se puede avalar una actividad que no lo es, pero ya que existe y hace años deberían los funcionarios y el intendente buscar la manera de ordenarla, creando una cooperativa que regule tarifas, horarios, los capacite y establezca zonas de trabajo para que no se peleen por los clientes. Además me parece que quienes controlan el estacionamiento podrían sumarse a controlar que esto funcione. Y como en todas las cosas, aquellos que no estén habilitados no puedan llevar a cabo la actividad. Además podrían exigirles para que estén en la cooperativa que terminen los estudios, se capaciten en un oficio y explicarles que así en el futuro pueden conseguir un trabajo mejor”.
Claudina, una ciudadana rafaelina muy joven, dijo que ella le da para lavar su auto a un chico súper educado y que ella siempre le explica que debe terminar sus estudios para poder aspirar a otra cosa.
A su vez un comerciante del microcentro, cuyo local comercial está en calle Pueyrredón, dijo que de ninguna manera quiere que se les permita estar ocupando la vía pública, porque “espantan a clientes, los hostigan y hasta los insultan cuando no les dan el auto para cuidar o lavar. A nosotros nos cobran cada vez más impuestos y nos controlan y a estos pibes los dejan moverse como dueños de las calles de la ciudad. Además como puede ser que frente a sus narices se drogan y yo no veo que nadie se los impida, saben cada movimiento que uno hace y eso me tiene bastante cansado”.
Indudablemente este es un tema que no tiene una única mirada y por ende tampoco una única solución. Pero también está claro que la ciudadanía está pidiendo que el Estado resuelva la situación de un gran número de personas que quedaron afuera de un sistema que profundiza la desigualdad.
También es lógico que quienes pagan sus impuestos y realizan actividades formales reclamen que se utilice la misma vara para estas actividades que siendo informales funcionan a la par de las otras.
Los lavacoches están y hoy se requieren de estrategias múltiples para encontrar un equilibrio entre los que quieren que desaparezcan y los que quieren que se premie a los que hacen bien las cosas y se castigue a los que no.

Fuente: La Opinión 

Daniel MAKENA

Daniel MAKENA. Jefe de Redacción

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