



En un entorno marcado por dietas restrictivas y el conteo de calorías, una nueva investigación sugiere que el enfoque debería cambiar. No se trata solo de la cantidad de comida, sino de cómo se eligen los alimentos y las señales que recibe el cuerpo para regular el apetito.
Un estudio publicado en el American Journal of Clinical Nutrition revela que optar por una dieta basada en alimentos naturales permite aumentar el volumen de comida consumida sin incrementar la ingesta calórica. Según la Universidad de Bristol, quienes consumen alimentos no procesados pueden comer hasta un 57% más en peso y, aún así, ingerir alrededor de 330 calorías menos al día en comparación con aquellos que siguen una dieta rica en productos ultraprocesados.
Liderado por el profesor Jeff Brunstrom, el estudio analizó a un grupo de participantes que se dividieron en dos dietas: una con alimentos no procesados y otra con ultraprocesados. Los resultados mostraron que los que optaron por la dieta natural consumieron más frutas y verduras, priorizando estos alimentos sobre opciones de alta densidad calórica. Esto resultó en un aumento en el volumen total de comida consumida, pero con un menor aporte energético diario.
Desde un punto de vista nutricional, la mayor diversidad de frutas y verduras permitió a los participantes cubrir sus necesidades de vitaminas y minerales. El coautor del estudio, Mark Schatzker, destacó que si solo hubieran elegido alimentos altos en calorías, habrían enfrentado deficiencias de micronutrientes, las cuales se compensaron gracias a los productos frescos.
Los hallazgos respaldan la idea de una "inteligencia nutricional", que sugiere que el organismo tiende a buscar alimentos que satisfacen sus necesidades nutricionales, especialmente cuando hay disponibles opciones menos procesadas. Sin embargo, esta capacidad disminuye en entornos saturados de ultraprocesados.
El estudio también reveló que los productos ultraprocesados pueden satisfacer los requerimientos vitamínicos, pero a menudo con un exceso calórico que incrementa el riesgo de obesidad. La investigadora Annika Flynn advirtió que este tipo de alimentos interfiere con el equilibrio entre saciedad y calidad nutricional, dificultando el control del peso y favoreciendo enfermedades relacionadas con el sobrepeso.
Desde la perspectiva de salud pública, los expertos enfatizan la necesidad de priorizar alimentos menos procesados y aumentar el consumo de frutas y verduras. Cambios simples en los hábitos alimentarios pueden fomentar elecciones más saludables y sostenibles. Según la investigación, el verdadero desafío no es solo cuánto se come, sino qué tipo de alimentos se eligen, ya que una dieta rica en ultraprocesados puede llevar a un aumento de peso a largo plazo al favorecer una ingesta calórica excesiva.






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