Desarrollan una estrategia no invasiva para sostener el descenso de peso

SALUD Y NUTRICIÓNAna COHENAna COHEN

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La obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial, con riesgo de recaídas, que surge de la interacción entre factores genéticos, biológicos, conductuales y ambientales, tal como advierte la Organización Mundial de la Salud.

En este contexto, tanto la obesidad como el sobrepeso se consolidan como problemas de salud de alto impacto, que pueden derivar en complicaciones si no se abordan de manera adecuada. Frente a este escenario, comienza a ganar terreno una alternativa no invasiva orientada a acompañar el descenso de peso.

Se trata de una cápsula ingerible que, al llegar al estómago, se transforma en un balón, generando sensación de saciedad y ayudando a reducir la ingesta. Sin embargo, los especialistas coinciden en que el verdadero desafío no es solo bajar de peso, sino sostenerlo en el tiempo.

Una opción sin cirugía

“El balón gástrico ingerible representa una alternativa no invasiva para pacientes con sobrepeso u obesidad”, explica Miguel Braun. A diferencia de otros procedimientos, no requiere anestesia, endoscopía ni cirugía, ya que el paciente simplemente ingiere la cápsula con agua.

El procedimiento se realiza en consultorio, dura pocos minutos y permite retomar la rutina diaria el mismo día. Según el especialista, está indicado principalmente en personas mayores de 16 años con un índice de masa corporal igual o superior a 27, previa evaluación integral.

En cuanto a los resultados, Braun señala que la pérdida de peso puede oscilar entre un 10% y un 15% del peso corporal, lo que ya implica beneficios significativos para la salud.

Cómo actúa en el organismo

Una vez en el estómago, el dispositivo se expande mediante un catéter y se convierte en un balón que ocupa espacio y genera saciedad temprana. Permanece aproximadamente 16 semanas y luego se elimina de forma natural, sin intervención adicional.

Aun así, los especialistas remarcan que esta herramienta debe formar parte de un abordaje más amplio. “No alcanza solo con el balón”, advierte Braun, quien insiste en la necesidad de un equipo multidisciplinario que incluya médicos, nutricionistas, psicólogos y especialistas en conducta alimentaria.

El rol clave de los hábitos

El componente conductual y emocional resulta determinante. “Si no hay un cambio de hábitos y de pensamiento, es muy difícil sostener el descenso de peso”, explica Romina Sapir.

Desde este enfoque, el tratamiento apunta a trabajar no solo la alimentación, sino también las emociones vinculadas a la ingesta, como la ansiedad o la angustia. Sapir destaca que no se trata solo de voluntad, sino de comprender y abordar las dificultades reales de cada paciente.

Más allá de la tecnología

Actualmente, este tipo de dispositivos se integra en programas médicos estructurados, como el Programa Allurion, que combinan innovación tecnológica con seguimiento profesional.

Sin embargo, el consenso entre especialistas es claro: ninguna herramienta por sí sola garantiza resultados duraderos. La clave sigue estando en la reeducación, el cambio de hábitos y el acompañamiento profesional sostenido.

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