


La morosidad de las familias se dispara y expone la brecha entre la estabilidad macroeconómica y la realidad cotidiana
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
- El fuerte aumento de la morosidad en familias refleja las dificultades económicas que atraviesan los hogares
- En los créditos a empresas el incremento es menor, aunque con grandes diferencias entre compañías grandes y pymes
- Sectores como la construcción, la indumentaria y los servicios vinculados al consumo muestran los niveles más altos de irregularidad
- La caída del consumo interno impacta directamente en las empresas más dependientes del mercado doméstico
- La volatilidad de las tasas de interés encareció el financiamiento y complicó la capacidad de pago
- Las entidades no financieras concentran los mayores niveles de mora debido a los elevados costos de los préstamos
El aumento sostenido de la morosidad en los créditos de las familias se convirtió en una de las señales más claras de la tensión existente entre la estabilización macroeconómica y las dificultades que todavía enfrentan amplios sectores de la economía doméstica. Durante el último año, el deterioro en la capacidad de pago de los hogares se aceleró con fuerza, mientras que en el sector empresarial el incremento fue más moderado, aunque con importantes diferencias entre actividades y tamaños de compañías.
De acuerdo con distintos análisis del sistema financiero, la mora en los préstamos otorgados a familias pasó del 2,5% en octubre de 2024 al 10,6% en enero de 2026. Se trata de un salto significativo que refleja el impacto combinado de la pérdida de poder adquisitivo, el encarecimiento del crédito y las dificultades para sostener el consumo. En contraste, en el caso de las empresas el indicador también creció, aunque en menor magnitud: avanzó desde el 0,7% hasta el 2,8% en el mismo período.
Los especialistas advierten, sin embargo, que las cifras agregadas del sector corporativo ocultan una realidad mucho más desigual. Buena parte del financiamiento empresarial está concentrado en grandes compañías, que representan una porción mínima del universo total de firmas, pero que cuentan con mayores herramientas para administrar sus necesidades de liquidez y acceder a condiciones crediticias más favorables.
Ese contraste se refleja con claridad en los indicadores de irregularidad de cartera. Mientras que en las grandes empresas la morosidad ronda el 0,9%, entre las pequeñas y medianas empresas trepa al 4%. La diferencia se vuelve aún más evidente cuando se analiza la cantidad de préstamos con dificultades de pago: cerca del 12,9% de las sociedades jurídicas registraba al menos una deuda en situación irregular hacia comienzos de 2026.
Las brechas también aparecen al observar el comportamiento de distintos sectores productivos. Dentro de la industria manufacturera —una de las actividades más afectadas por la actual dinámica económica— los niveles de mora varían considerablemente según el tipo de empresa predominante en cada rubro.
En ramas dominadas por grandes compañías o por multinacionales, como el refinamiento de petróleo o la fabricación de automotores, la irregularidad crediticia se mantiene en niveles muy bajos. En cambio, las industrias más fragmentadas, donde predominan empresas de menor escala, presentan indicadores mucho más elevados. La confección de prendas de vestir, los productos textiles y la fabricación de muebles y colchones exhiben tasas de morosidad que superan el 7%.
A nivel general, la industria registra una mora promedio superior a la del conjunto de empresas, aunque no lidera el ranking de sectores más comprometidos. Los mayores niveles de irregularidad se concentran en la construcción, los servicios profesionales y la actividad hotelera y gastronómica. En el caso de la construcción, la explicación aparece asociada a la fuerte contracción que experimenta el sector desde la paralización de gran parte de la obra pública.
Este escenario refleja la marcada heterogeneidad que caracteriza a la economía argentina desde el inicio del gobierno de Javier Milei. Mientras algunas actividades vinculadas a los hidrocarburos, la minería, el agro o el sistema financiero muestran señales de dinamismo, otras como la industria manufacturera o la construcción continúan atravesando un período de ajuste.
Diversos economistas sostienen que el aumento de la morosidad empresarial no responde únicamente al desempeño sectorial, sino también al debilitamiento del consumo interno. Las empresas más expuestas al mercado doméstico, especialmente en rubros como indumentaria, servicios o gastronomía, enfrentan mayores dificultades debido a la caída del gasto de los hogares.
En paralelo, el comportamiento de las tasas de interés también jugó un papel relevante. La volatilidad registrada desde mediados de 2025 encareció el financiamiento y complicó la planificación financiera de empresas y consumidores. En algunos momentos del año pasado, el costo del crédito para compañías superó tasas nominales anuales del 70%, lo que impactó en la capacidad de pago y frenó la toma de nuevos préstamos.
El panorama resulta todavía más delicado en el caso de los hogares. La morosidad en los créditos personales creció durante quince meses consecutivos y los niveles más elevados se registran en el segmento de entidades no financieras, donde la irregularidad alcanza aproximadamente al 27% de los préstamos.
Las tasas mucho más altas que ofrecen estas entidades explican buena parte de la diferencia. Mientras los créditos personales en bancos presentan rendimientos reales significativamente menores, en el sistema no financiero los costos pueden multiplicarse, elevando el riesgo de incumplimiento.
El desafío hacia adelante será encontrar un equilibrio que permita sostener la estabilidad macroeconómica sin profundizar las tensiones en la economía cotidiana. La evolución del crédito, del consumo y de las tasas de interés será un factor decisivo para determinar si la actual etapa de ajuste logra transformarse en una fase de recuperación más amplia.





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