


Durante más de un mes, el Mundial de Fútbol monopolizó la atención de los argentinos. Fue una pasión compartida, una emoción permanente y, al mismo tiempo, una especie de anestesia colectiva que nos permitió dejar de pensar, aunque fuera por algunas horas cada día, en los problemas que siguen golpeando al país y también a Rafaela.
Pero todo tiene un final.
Hoy se juega la última página de esa historia que nos mantuvo pendientes de una pelota. Desde mañana ya no habrá partidos, ni análisis, ni ilusiones mundialistas que desvíen la atención de la realidad.
Y en Rafaela esa realidad tiene un nombre: Leonardo Viotti.
A partir de este lunes, el intendente deberá afrontar la recta final de su mandato sin ningún tipo de excusas. Después de casi tres años de gestión, ya no alcanza con promesas, anuncios o campañas de comunicación. Llegó el momento de mostrar resultados.
Y los resultados, sencillamente, no aparecen.
Lo que Viotti encabezó hasta aquí difícilmente pueda definirse como una gestión. Fue una administración marcada por la improvisación permanente, por la falta de planificación, por decisiones tomadas sobre la marcha y por una preocupante incapacidad para resolver los problemas estructurales de la ciudad.
Nunca hubo un rumbo claro.
Nunca apareció un verdadero proyecto de ciudad.
Nunca se vio un gobierno que transmitiera liderazgo, previsibilidad y capacidad de ejecución.
Lo que sí hubo fue una llamativa facilidad para aumentar impuestos.
Porque mientras la actividad privada pelea todos los días por sobrevivir, el Municipio eligió el camino más sencillo: cargar cada vez más sobre quienes producen, invierten y generan empleo.
Los comerciantes fueron asfixiados.
Las pequeñas y medianas empresas también.
Y el mensaje que recibió el sector privado fue devastador: en Rafaela, producir cuesta cada vez más porque el Estado municipal necesita recaudar para sostener una estructura que nunca logró demostrar eficiencia.
El caso más emblemático es el Derecho de Registro e Inspección (DREI).
Un tributo que representa lo peor de una vieja concepción del Estado: la de gobiernos que, incapaces de generar desarrollo, recurren sistemáticamente a meter la mano en el bolsillo de quienes trabajan.
Las consecuencias ya están a la vista.
Empresas que decidieron abandonar Rafaela.
Otras que analizan seriamente hacerlo.
Y varias que recurrieron a la Justicia para cuestionar un canon que consideran ilegal y que simboliza una forma decadente de gobernar.
Porque cuando un gobierno no tiene ideas, siempre termina apelando a la misma receta: aumentar impuestos.
Total, administrar con la plata de los demás siempre resulta más fácil que gestionar con inteligencia.
Mientras tanto, los problemas de Rafaela siguen exactamente donde estaban.
La ciudad no logró dar el salto que prometía el oficialismo.
Hay reclamos históricos que permanecen sin respuesta.
Servicios que no mejoran.
Obras que no llegan.
Y una sensación cada vez más extendida de que muchas decisiones nunca se tomaron.
En algunos casos por incapacidad.
En otros, por conveniencia.
Ahora parece quedar una única apuesta política: los Juegos Odesur.
Nadie puede negar que serán un evento importante y que dejarán infraestructura para la ciudad. Pero también sería un enorme error creer que semejante acontecimiento alcanzará para cambiar la percepción de una gestión que nunca logró despegar.
La gente está preocupada por otras cosas.
Por llegar a fin de mes.
Por la presión impositiva.
Por la falta de oportunidades.
Por la calidad de los servicios.
Por una ciudad que perdió dinamismo.
Ningún evento deportivo, por importante que sea, resolverá esos problemas ni ocultará casi tres años de una administración que quedó muy por debajo de las expectativas.
Hace mucho tiempo dijimos desde este espacio que Leonardo Viotti tenía el boleto picado.
Hoy lo reafirmamos con más convicción que nunca.
Porque el problema ya no pasa por el futuro político del intendente.
El verdadero problema es que los rafaelinos siguen pagando las consecuencias de un gobierno que no estuvo a la altura de las circunstancias.
Desde mañana se terminó el Mundial.
Se terminaron las distracciones.
Se terminaron las excusas.
Llegó la hora de gestionar un gobierno que, hasta aquí, ha sido claramente fallido.
Y si en estos últimos meses Viotti no logra demostrar una capacidad de conducción que hasta ahora nunca apareció, quedará definitivamente confirmado que la mayor decepción no será el destino político del intendente, sino el tiempo perdido por una ciudad que merecía mucho más y que terminó pagando, con más impuestos, menos inversiones y menos oportunidades, las consecuencias de una incapacidad manifiesta para gobernar.
Resumen
- Con el final del Mundial también termina el tiempo de las distracciones y las excusas.
- Leonardo Viotti afronta la etapa decisiva de un gobierno que nunca encontró un rumbo claro.
- La gestión estuvo marcada por la improvisación, la falta de planificación y la ausencia de resultados concretos.
- El aumento de impuestos y la presión sobre comerciantes y Pymes fueron las principales respuestas del Municipio.
- El DREI simboliza un modelo recaudatorio que desalienta inversiones y ya motivó cuestionamientos judiciales.
- Los Juegos Odesur no alcanzarán para ocultar una gestión que no resolvió los problemas centrales de Rafaela.
- La ciudad necesita gestión, no relatos: los rafaelinos no pueden seguir pagando las consecuencias de un gobierno municipal fallido.








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