


El Concejo Municipal volvió a frenar a Leonardo Viotti. Otra vez, el intendente fue por más y otra vez se encontró con un límite: seis concejales rechazaron su intento de aumentar la Unidad de Cuenta Municipal un 40,9% en apenas unos meses. La derrota fue contundente y dejó expuesta una discusión que el Ejecutivo municipal parece no querer asumir: el problema de Rafaela no puede resolverse permanentemente metiéndole la mano en el bolsillo al vecino.
Viotti pretendía llevar la UCM de $72,71 a $102,47 desde septiembre hasta diciembre, lo que implicaba un incremento del 40,9%. Pero el proyecto no consiguió los votos necesarios. Solo Juan Scavino y Carla Boidi, del oficialismo, defendieron la iniciativa. Los bloques del Partido Justicialista y La Libertad Avanza votaron en contra.
El resultado no fue casualidad. Ya en junio el Concejo había decidido congelar la UCM durante el segundo semestre de 2026. Y esta vez volvió a marcarle al intendente que aumentar impuestos no puede ser la respuesta automática cada vez que las cuentas municipales no cierran.
Porque hay una pregunta que Viotti debería responder y que aparece inevitablemente detrás de toda esta discusión: ¿cuánto más pretende aumentar los impuestos?
La UCM ya había acumulado un incremento del 415% durante 2024 y 2025, según lo planteado durante el debate. Y si se tomara el valor de $14,12 con el que Viotti recibió la administración y se lo comparara con los $102,47 que pretendía establecer, el salto alcanzaría aproximadamente el 625%.
Es decir: en poco más de dos años, el vecino de Rafaela recibió una catarata de aumentos.
Y ahora el intendente quería otro.
Parece que el único programa de gobierno que tiene Viotti es aumentar impuestos.
Si falta plata, aumenta impuestos.
Si aumentan los costos, aumenta impuestos.
Si hay que pagar salarios, aumenta impuestos.
Si hay obras, aumenta impuestos.
Si la Municipalidad gasta más de lo previsto, aumenta impuestos.
Siempre aparece la misma receta: que pague el vecino.
Pero hay algo que el Concejo, al menos esta vez, decidió discutir: qué hace el Ejecutivo con los recursos que ya tiene.
Durante la sesión, el justicialismo puso sobre la mesa el déficit de aproximadamente $1.800 millones registrado en 2025, cuestionando cómo una administración que había recibido una Municipalidad con cuentas saneadas terminó llegando a semejante rojo.
Juan Senn fue particularmente duro al plantear la contradicción: si Viotti consiguió todos los aumentos de UCM que pidió durante 2024 y 2025, ¿cómo se explica que posteriormente aparezca un déficit millonario?
La respuesta no puede ser siempre la misma.
No alcanza con decir que la plata no alcanza. Hay que explicar dónde se gastó.
Y ahí aparece uno de los puntos más incómodos para el Ejecutivo.
Valeria Soltermam sostuvo que recursos existen y puso como ejemplo la evolución de los ingresos provenientes de multas: de $96 millones en 2023 a más de $750 millones el año pasado.
Entonces la discusión cambia.
Ya no se trata solamente de cuánto recauda la Municipalidad.
Se trata de cómo administra lo que recauda.
Porque si cada vez que aparece un problema financiero la solución consiste en aumentar la presión tributaria sobre los rafaelinos, entonces cualquier gestión puede gobernar así. No hace falta eficiencia. No hace falta planificación. No hace falta revisar prioridades.
Hace falta simplemente cobrar más.
Y eso no es administrar.
Es trasladar el costo de la administración al contribuyente.
Milagros Zafra también apuntó contra esa lógica al advertir que el bolsillo de los ciudadanos no es infinito. Nadie puede pretender aumentos del 41% de un mes para otro como si la economía familiar funcionara con la misma lógica que una planilla municipal.
Y hay una frase que debería quedar grabada en el despacho del intendente: los deseos pueden ser infinitos, pero los recursos son finitos.
No hay dinero infinito.
No hay contribuyente infinito.
No hay capacidad de pago infinita.
Lo que sí parece infinito es la capacidad del Ejecutivo para pedir aumentos.
Mientras tanto, la Municipalidad sigue teniendo una estructura que también fue cuestionada durante la sesión. Fabricio Dellasanta exhibió un extenso organigrama para graficar lo que calificó como una estructura burocrática excesiva y puso sobre la mesa una cifra contundente: unos $45.000 millones destinados al sostenimiento de la estructura municipal.
La pregunta vuelve a ser inevitable:
¿Por qué antes de pedirle más plata al vecino no se revisa a fondo el gasto municipal?
¿Por qué no se discuten las estructuras?
¿Por qué no se revisan prioridades?
¿Por qué no se eliminan gastos innecesarios?
¿Por qué no se administra con austeridad?
¿Por qué la primera alternativa siempre parece ser aumentar la recaudación?
El oficialismo intentó defender el incremento con el argumento de que la inflación deterioró el valor de la UCM y que mantenerla congelada podría significar una pérdida de recursos estimada en unos $2.600 millones. Carla Boidi incluso propuso una alternativa escalonada.
Pero tampoco alcanzó.
El Concejo volvió a poner un límite.
Y eso es lo verdaderamente importante de esta sesión.
Viotti no consiguió el cheque en blanco que buscaba.
El intendente pretendía subir la UCM un 40,9%. El Concejo le dijo que no.
Y no fue una diferencia mínima.
Fueron seis votos negativos contra apenas dos positivos.
Una derrota política que además se suma al antecedente de junio, cuando el aumento de la UCM también había sido rechazado.
Dos veces.
En pocos meses.
Dos veces el Ejecutivo pidió aumentar.
Dos veces el Concejo puso un freno.
Entonces quizás llegó el momento de que Viotti deje de mirar al Concejo como el responsable de sus problemas financieros y empiece a mirar hacia adentro de la Municipalidad.
Porque si la respuesta frente a cada dificultad presupuestaria consiste en aumentar impuestos, el problema no necesariamente está en cuánto paga el vecino. Puede estar en cómo se administra la plata que el vecino ya paga.
Y eso es exactamente lo que el intendente debería explicar.
Porque los rafaelinos trabajan, pagan sus impuestos, pagan tasas, pagan multas, pagan servicios y hacen enormes esfuerzos para llegar a fin de mes.
No son una caja de ahorro del Municipio.
No están para financiar cualquier decisión.
No están para pagar cualquier obra.
No están para cubrir cualquier déficit.
Y mucho menos están para convertirse en la variable de ajuste de una administración que no logra ordenar sus prioridades.
Viotti debería entenderlo de una vez.
Gobernar no es aumentar impuestos.
Gobernar es administrar.
Gobernar es priorizar.
Gobernar es decidir qué se hace y qué no se hace.
Gobernar es gastar responsablemente.
Gobernar es cuidar el dinero de los contribuyentes.
Y cuando los recursos no alcanzan, antes de volver a buscar dinero en el bolsillo del vecino, hay que tener la honestidad política de preguntarse dónde se está gastando de más.
Porque si cada vez que las cuentas no cierran la solución es otro aumento, entonces el problema ya no es solamente económico.
Es un problema de gestión.
Y el mensaje del Concejo fue claro: hasta acá.
El vecino de Rafaela ya paga demasiado.
Lo que necesita ahora no es otro impuestazo.
Necesita que la Municipalidad aprenda a administrar lo que ya recauda.









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