


Qué cambios experimenta el cuerpo cuando dejás de hacer ejercicio durante un mes
SALUD Y NUTRICIÓN
Ana COHEN
Vacaciones, una lesión, exceso de trabajo o simplemente falta de motivación. Son muchas las razones por las que una persona puede abandonar la actividad física durante varias semanas. Aunque una pausa de un mes no borra de un día para otro todo lo conseguido, el organismo empieza a sentir los efectos de la inactividad antes de lo que muchos imaginan.
Los cambios no son iguales para todos y dependen de factores como la edad, el nivel de entrenamiento previo y el tipo de ejercicio que se realizaba. Sin embargo, existen algunas modificaciones que suelen aparecer cuando la actividad física deja de formar parte de la rutina cotidiana.
Qué cambios aparecen en el cuerpo
Uno de los primeros aspectos que puede verse afectado es la capacidad cardiovascular. A medida que pasan los días sin entrenar, puede disminuir la resistencia y algunas actividades habituales, como subir escaleras, caminar a paso rápido o realizar esfuerzos prolongados, pueden generar mayor cansancio.
La fuerza muscular también puede comenzar a reducirse, especialmente cuando la pausa implica abandonar los ejercicios de resistencia o el entrenamiento con pesas. En períodos de inactividad más prolongados, además, puede disminuir la masa muscular y aumentar el porcentaje de grasa corporal, sobre todo si se mantiene la misma alimentación pese a un menor gasto energético.
Otro de los aspectos que puede modificarse es el metabolismo. Al reducirse el movimiento diario, el organismo necesita menos energía. Si la ingesta de alimentos no se adapta a ese nuevo nivel de actividad, puede producirse un aumento de peso. Además, los períodos prolongados de sedentarismo pueden afectar el control de la glucosa y la sensibilidad a la insulina.
La inactividad también puede afectar el bienestar
Los efectos de dejar de entrenar no se limitan al aspecto físico. Algunas personas pueden experimentar mayores niveles de estrés, ansiedad o irritabilidad, además de cambios en la calidad del sueño.
La actividad física cumple un papel importante en la regulación del estado de ánimo y el bienestar general, por lo que abandonar una rutina de ejercicio también puede repercutir en cómo una persona se siente durante el día.
De todos modos, hay un dato alentador: pasar un mes sin hacer ejercicio no significa perder todo el progreso alcanzado. Las personas que ya contaban con una buena condición física suelen recuperar sus capacidades con mayor rapidez cuando vuelven a entrenar, gracias a la llamada memoria muscular y a la adaptación previa del organismo.
Cómo volver a entrenar después de un mes
Uno de los errores más comunes al retomar la actividad física es intentar entrenar con la misma intensidad y carga que antes de la pausa. Después de varias semanas sin ejercicio, músculos, articulaciones y sistema cardiovascular necesitan un período de readaptación.
Por eso, lo recomendable es volver de manera progresiva, comenzar con cargas e intensidades menores y aumentarlas gradualmente a medida que el cuerpo recupera su capacidad.
Caminar, andar en bicicleta, nadar o realizar ejercicios de fuerza moderados pueden ser buenas alternativas para recuperar el hábito sin someter al organismo a una exigencia excesiva.
La clave está en priorizar la constancia por sobre la intensidad. Una vuelta gradual permite recuperar el nivel de actividad y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de molestias y lesiones.








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