ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

Nuevo esquema cambiario: más oferta de dólares y un mercado que apuesta a la estabilidad

  • El nuevo año arranca con mayor flexibilización del cepo y cambios en el régimen cambiario.
  • Se liberan más de 20.000 millones de dólares de las cuentas CERA del último blanqueo.
  • Las bandas de flotación ajustarán según la inflación y no a un ritmo fijo mensual.
  • El mercado proyecta subas del dólar alineadas con la inflación, sin saltos bruscos.
  • La demanda de divisas por turismo será una variable clave en el verano.
  • El Gobierno apuesta a tasas más altas y disciplina fiscal para sostener la estabilidad.

El inicio de 2026 llega con un paquete de medidas que impactará de lleno en el mercado cambiario. La mayor flexibilización del cepo, el debut de las nuevas bandas de flotación del tipo de cambio, la liberación de los dólares depositados en cuentas CERA del último blanqueo y la profundización de la emisión de deuda en moneda extranjera configuran un escenario inédito para la política económica. En ese marco, los analistas trazan un panorama en el que el Gobierno busca evitar un nuevo atraso cambiario, dejar de usar al dólar como ancla inflacionaria y recomponer reservas para cumplir con los compromisos asumidos con el FMI.

Uno de los cambios más relevantes es la liberación de los depósitos por hasta 100.000 dólares del último blanqueo, alojados en las Cuentas Especiales de Regularización de Activos (CERA), tanto en bancos como en agentes de liquidación y compensación. Se estima que ese proceso podría volcar al mercado más de 20.000 millones de dólares, que quedarían disponibles para inversiones financieras o inmobiliarias. La medida incrementa la oferta potencial de divisas y se suma a un proceso más amplio de normalización cambiaria.

En paralelo, continúa la flexibilización de las operaciones con moneda extranjera para empresas y el propio Estado. La emisión de títulos de deuda en dólares, como el Bonar 2029, apunta a captar financiamiento en los mercados y a reforzar el flujo de divisas. A esto se agrega el nuevo esquema de bandas de flotación del tipo de cambio de no intervención del Banco Central, que comienza a regir en enero.

A diferencia del esquema previo, las bandas ya no se actualizarán a un ritmo fijo del 1% mensual, sino que ajustarán en función de la inflación oficial de dos meses atrás, medida por el INDEC. En enero se aplicará el 2,5% correspondiente a noviembre, mientras que para febrero se proyecta un ajuste cercano al 2,1%, en línea con la inflación estimada de diciembre. Actualmente, el piso de la banda se ubica en torno a los $916 y el techo en $1.526, por lo que hacia fines de enero el límite superior podría escalar hasta alrededor de $1.564.

El objetivo del Gobierno es claro: permitir una depreciación administrada del peso sin intervención directa, al tiempo que se sincronizan las principales variables macroeconómicas, como el dólar, las tasas de interés y la inflación. En ese sentido, los economistas advierten que el movimiento de las bandas no implica necesariamente un traslado automático al tipo de cambio. La banda fija un rango de referencia, pero el precio del dólar se define por la dinámica del mercado.

Hoy, el dólar mayorista ronda los $1.455 y los contratos de futuros reflejan expectativas de subas moderadas y alineadas con la inflación. Para fines de enero, el mercado descuenta un valor cercano a los $1.489, lo que implica un aumento mensual del orden del 2,4%. En febrero, las operaciones proyectan un tipo de cambio de $1.522 y, para marzo, de $1.555, con incrementos mensuales en torno al 2%.

El escenario luce calmo, aunque la atención está puesta en la evolución de la demanda de divisas para turismo en el exterior, un factor estacional que podría ejercer presión sobre el tipo de cambio. En ese contexto, el margen de maniobra del Gobierno para comprar reservas será clave. Algunos analistas señalan que, por ahora, las compras de dólares oficiales son más una señal de política que una realidad concreta.

El consenso entre los especialistas es que no se esperan sobresaltos abruptos en el corto plazo. La estrategia oficial combinaría tasas de interés más altas en pesos para moderar la demanda de dólares, junto con un esquema cambiario más transparente. La percepción es que el nuevo régimen sienta bases más claras para el mercado y reduce el riesgo de atrasos cambiarios pronunciados.

En definitiva, el arranque de 2026 encuentra al mercado cambiario en una etapa de transición. Con más dólares potencialmente disponibles, bandas de flotación más flexibles y un compromiso explícito con la disciplina fiscal y la desinflación, el Gobierno apuesta a construir credibilidad. El desafío será sostener ese equilibrio en un contexto donde la estabilidad dependerá tanto de la confianza como de la capacidad de administrar las presiones estacionales.