Martín Guzmán se juega una bala de plata para evitar una peligrosa estampida hacia el dólar

ECONOMÍA 21 de noviembre de 2021 Por Pablo WENDE
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Argentina tiene bien ganada la fama de incumplidor serial. No sólo porque entró en default más de una decena de veces con el sector privado. También incumplió en reiteradas oportunidades los acuerdos firmados con el FMI. La crónica de la década de 1980 y 1990 está plagada de pedidos de “waivers”, o dispensas, por no llegar a las metas comprometidas con el organismo. Ahora no hay nadie en Wall Street ni en el mercado local que crean que sucederá algo distinto.

La agencia Moody´s sorprendió al decir con todas las letras lo que todo el mundo piensa por lo bajo: “El riesgo de incumplir las metas que surjan de un nuevo acuerdo con el FMI es altamente elevado”. El razonamiento que utilizan es de sentido común. Ningún gobierno que quiera ganar las elecciones en 2023 aceptará un ajuste de las cuentas públicas, que necesariamente incluirá un fuerte aumento de tarifas, reducción de la obra pública y seguramente caída real de salarios. Y si se firma porque no queda otra, ante los millonarios vencimientos con el organismo que habrá que enfrentar en los próximos dos años, entonces será casi imposible cumplir lo acordado.

Con esta perspectiva, el entusiasmo de los inversores de esperar un acuerdo con el FMI se redujo sustancialmente. Detrás de este escepticismo está la sospecha de que el compromiso de bajar el déficit, acumular reservas y ordenar el mercado cambiario no será respetado por las autoridades. Pero además no se disipa la desconfianza de cuál es la postura de Cristina Kirchner y el kirchnerismo más duro dentro de Frente de Todos. Martín Guzmán aseguró que cuenta con el aval de todos los participantes del espacio para avanzar con el Fondo. Sin embargo, la vicepresidenta no emitió una sola palabra desde las elecciones del último domingo. También hay un problema de plazos. Esperar hasta marzo para cerrar el acuerdo es una eternidad para los grandes desequilibrios que acumula la economía.

Desde Washington piden que esta vez el acuerdo llegue con un “elevado consenso” político y social. Llevar la negociación al Congreso es un experimento que además no tiene antecedentes y ya generó rispideces entre Gobierno y oposición aún antes de conocerse el contenido.

Motivos de desánimo

Los activos financieros sufrieron fuertes caídas en la última semana, reflejando la decepción post electoral de los inversores ¿Qué hay detrás de este desánimo? Es imposible nombrar un solo motivo, pero posiblemente sean varios que confluyen:

- La derrota del kirchnerismo fue clara en las elecciones, pero en Wall Street tenían la expectativa de una paliza mayor, particularmente en la provincia de Buenos Aires. También desconfían de la postura más dialoguista con el Gobierno que mantiene el jefe de Gobierno, Horacio Rodriguez Larreta.

- La interna del Gobierno sigue latente y es posible que la pelea entre el kirchnerismo y el peronismo tradicional se intensifique en los próximos meses.

- La escasez de reservas complica todavía más el panorama. El Banco Central tuvo que dejar de intervenir para fijar el precio del dólar bursátil y el Contado con Liquidación voló, pasando de $ 180 a $ 210 en apenas una semana.

La situación financiera no da para euforias ni mucho menor. Las acciones de los bancos cayeron 15% en dólares en Wall Street en la última semana. El riesgo país volvió a niveles de 1.750 puntos básicos, el máximo del año. Las chances de una nueva renegociación de la deuda son cada vez mayores, a medida que pasan los meses y el Gobierno no logra una mejora en la percepción de los inversores.

 

Vasos comunicantes

Existen vasos comunicantes muy claros entre el comportamiento de las variables financieras y el tipo de cambio. En la medida que no afloja la desconfianza, los inversores buscan dolarizarse cueste lo que cueste. La manera de hacerlo es a través de la venta de bonos, lo que deprime los precios y aumenta la cotización del dólar que se obtiene a través de la Bolsa.

Ahora toda la responsabilidad recae en Guzmán y el plan económico plurianual que comprometió Alberto Fernández en su discurso grabado luego de las elecciones legislativas. Según explicó el propio ministro de Economía, el contenido incluirá la base del acuerdo con el FMI. La continuidad del ministro sin dudas está atada a llegar al acuerdo con el Fondo, que además permite evitar una nueva crisis cambiaria.

Se trata posiblemente de la última bala de plata que le queda al ministro de Economía para alinear las expectativas de los inversores y evitar un descalabro mayor, que impacte duramente sobre el mercado cambiario. Las metas fiscales y monetarias, más otros compromisos que se asuman para los próximos años, definirán si el Gobierno es capaz de achicar por las buenas la brecha cambiaria y reducir gradualmente la inflación.

Los antecedentes no le juegan a favor. El acuerdo alcanzado con los bonistas fue un verdadero fiasco, que sólo pateó para adelante vencimientos pero fracasó a la hora de mejorar el clima financiero, ni calmó al dólar. Ahora se corre el mismo peligro: que el acuerdo con el Fondo consista exclusivamente en patear para adelante el problema de los pagos, sin sentar bases sólidas para encauzar una economía atada con alambres.

El peor escenario es el de caer en atrasos con el FMI, ya que la Argentina quedaría totalmente aislada del mundo financiero, también implicaría incumplir con el Club de París y posiblemente deje de recibir financiamiento de otros organismos multilaterales como el Banco Mundial. Dejando de lado la posibilidad de este escenario, un acuerdo tampoco solucionará nada por sí y posiblemente tampoco permita regenerar la confianza.

El paso de los días sin señales concretas le juega claramente en contra al Gobierno y a la economía. El Banco Central tuvo que intensificar la venta de dólares a lo largo de la semana. Las acciones profundizaron sus caídas y el riesgo país terminó en máximos. La brecha cambiaria ya supera el 110%, según el tipo de cambio que se tome en cuenta.

El titular del BCRA, Miguel Pesce, continúa con la política de subir el tipo de cambio a cuentagotas, a un ritmo insostenible de 1% mensual. Pero es claro que sólo lo aumentará cuando el acuerdo con el FMI esté encaminado. Previamente, habrá que definir con el organismo una estrategia de acumulación de reservas, imprescindible para evitar una nueva crisis cambiaria en los próximos meses.

Aunque Guzmán lo niegue, el aumento de la brecha por encima del 100% alienta más expectativas de devaluación o bien de un mayor endurecimiento del cepo cambiario. Y al mismo tiempo también provoca mayor presión sobre los precios, porque los productores temen un salto cambiario o bien trabas para reponer el producto.

Todo esto lleva a fuertes remarcaciones, que se siguen reflejando en los datos de inflación. Tras el 3,5% de septiembre y octubre, se espera una reducción apenas marginal en noviembre. Pero a partir de diciembre y en los meses de verano es muy probable que se vuelva a índices más cercanos al 4% mensual, al tiempo que deberán destaparse muchas ollas a presión simultáneamente. Aunque todavía falta para 2022, los días posteriores a las elecciones proyectan un duro augurio para el año próximo.

Fuente: Infobae

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