Massa quiere aprovechar el "veranito financiero" para avanzar en su agenda: busca más dólares como ancla de precios

ECONOMÍA 26 de agosto de 2022 Por Claudio Zlotnik*
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Un integrante del equipo económico se entusiasma hasta la exageración. "Le ganamos la primera pulseada al mercado", asevera. Refuerza la palabra "primera" ya que -está más que claro- "en la Argentina actual, nunca se sabe". El funcionario se refería a la incipiente racha de alzas en el mercado bursátil, donde los bonos de la deuda argentina anotó alzas consecutivas desde que empezó la semana.

En el equipo de Sergio Massa creen que ese hilo positivo se relaciona directamente con la decisión de recortar el gasto público en unos $200.000 millones para cumplir con el FMI. Una medida que se puso en marcha el lunes con la publicación en el Boletín Oficial.

En simultáneo se oficializó el ingreso de Gabriel Rubinstein como viceministro, que es la otra cara de la misma moneda: la señal de Massa de que el ajuste del gasto público va en serio.

Para Massa, esta primera etapa -justamente- es la del reordenamiento de las cuentas públicas, que el propio ministro anunció apenas asumido pero que recién ahora aparecen en medidas concretas.

Además del recorte en los gastos, el ministro puso en marcha el anticipo del pago de Ganancias para las empresas más grandes y la prohibición de agrandar el plantel de personal en el Estado nacional. 

La quita de los subsidios a las tarifas de los servicios públicos tendrá un efecto muy limitado en esta última parte del año, pero está claro que se acabó con el esquema de subsidios generalizados que corría desde 2019. Incluso antes del traspaso de poder entre Mauricio Macri y Alberto Fernández. Junto con los anuncios, queda claro que Massa tiene el espacio político para concretar el plan de acomodar las cuentas al acuerdo con el FMI.

La próxima etapa: dólares para anclar los precios

Antes del anuncio del ajuste de las cuentas públicas, el ministro coordinó con el Banco Central una fuerte suba de las tasas de interés. Acá también hay una diferenciación notoria respecto de la gestión de Martín Guzmán. Y nada está dicho de que ese proceso haya finalizado. Más bien lo contrario: el hecho de que la brecha cambiaria se mantenga por encima del 100% hace prever ajustes adicionales en la política monetaria.

Hoy en día, el ministro luce más preocupado por conseguir dólares para las reservas que en seguir elevando el costo del dinero.

Lo dicho: con una brecha tan exuberante, el Gobierno tiene enormes dificultades para atraer divisas. Más bien todo lo contrario. Como no hay suficientes dólares, el Gobierno apelará a reforzar las trabas a las importaciones de productos y servicios.

Desde Comercio Interior dijeron a iProfesional que pasarán de "licencias automáticas" a "licencias no automáticas" una serie de productos que, de ahora en más, estarán obligadas a contar con autorizaciones para entrar al país. Un trámite que, encima, demora varias semanas.

Además, habrá controles estrictos a las importaciones de servicios, un mecanismo a través del cual empresas y profesionales les sacan dólares baratos al Banco Central. Entre ambas medidas, el Gobierno prevé un ahorro cercano a los u$s3.000 millones en lo que resta del año. En las últimas diez ruedas cambiarias, el Banco Central logró recomponer las reservas a través de compras de dólares en el mercado. Pero aún así, el balance de agosto se mantiene en negativo por unos u$s500 millones.

Ayudaron los menores gastos en energía, que parecen alejarse de los picos del invierno, con erogaciones de hasta u$s200 millones diarios. Aun así, el ahorro ya sea por menos importaciones innecesarias para los procesos productivos -que es lo que en definitiva privilegia el Gobierno- o por menos gastos en energía parecen no alcanzar para que crezcan las reservas del BCRA.

¿Se aleja la posibilidad de una devaluación?

A esta altura, Massa está jugado a que, día tras día, se aleje la percepción de una devaluación abrupta. Algo de esto empezó a visualizar el mercado, lo que explica la racha ganadora en los bonos de la deuda y en las acciones empresarias.

Sin embargo, admiten en el gabinete económico, las presiones recién se van a disipar cuando entren dólares al Banco Central.

Mientras tanto, la estrategia pone a la inflación como centro de las miradas. El dólar quieto y la incipiente recuperación de los activos financieros deberían servir para morigerar las remarcaciones de precios. Sobre todo en los alimentos, que son los que más subieron en las últimas dos semanas.

Esa realidad quedaría plasmada si se proyecta lo sucedido en las primeras dos semanas y mes al resto de agosto. Si el mes termina así, es muy probable que agosto cierre con una inflación en 7%, o incluso algunas décimas por encima de ese tope. Muy cerca del nivel de julio, que tuvo el récord del año, en el 7,4%.

Durante julio último, la suba de los alimentos había sido del 6%, por detrás del promedio del 7,4%. En el comienzo de agosto, esa relación se dio vuelta, lo que provocó la preocupación en las filas oficiales.

La reunión que el ministro y el titular del Central, Miguel Pesce, mantuvieron con las seis empresas líderes de la alimentación sirvió para intentar coordinar expectativas para las próximas semanas.

El Gobierno les garantiza a las compañías que no tendrán inconvenientes para las importaciones de sus insumos. A cambio, les dijeron que habrá un monitoreo diario de los precios y el abastecimiento en las góndolas.

Massa le pone concentración a aclarar el panorama lo más pronto posible. No tiene mucho tiempo ni tantas herramientas.

 

 

* Para www.iprofesional.com

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